Recuperemos nuestra vocación por la inteligencia y nuestra voluntad por dar la batalla ideopolítica. Acabemos definitivamente con Sendero Luminoso, con los mejores métodos. Es nuestro deber histórico.
Entre los años 60 y 70 del siglo pasado estalló, a la sombra de la crisis sino-soviética, la fractura del Partido Comunista Peruano (PCP), que había fundado como Partido Socialista José Carlos Mariátegui en 1928.
A resultas de esta división, el PCP prosoviético se mantuvo unido hasta fines de los 70 y luego sufrió una breve escisión que acabó diluyéndose; en cambio el PCP prochino estalló en múltiples fracciones a lo largo de esas dos décadas. Para diferenciar a ambos PCP, al principio se usó el nombre de sus respectivos periódicos oficiales. El PCP prosoviético fue conocido como Unidad y el PCP prochino, como Bandera Roja. Pero Bandera Roja se escindió a razón aproximada de una división por año.
Muchas de estas fracciones duraron poco con excepción de dos, que para diferenciarse pasaron a llamarse, ambas, Partido Comunista del Perú (PC del P), uno conocido como Patria Roja y el otro, por su lema y boletín oficial “Por el Sendero Luminoso de José Carlos Mariátegui”, fue conocido como Sendero Luminoso o simplemente Sendero.
A fines de los 70, los dos -más otras organizaciones menores derivadas de Vanguardia Revolucionaria y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria-tenían como denominador común, su compromiso verbal y escrito -pero no práctico- con la lucha armada como forma principal de lucha para alcanzar el poder.
En 1980, Patria Roja decidió entrar a la dinámica electoral y, como los otros, fue abandonando el discurso militarista, a costa de nuevas y pequeñas escisiones, que beneficiaron a Sendero Luminoso con la incorporación de militantes disidentes acostumbrados a la operación clandestina, incluidos algunos pocos que ya eran diestros en el manejo de armas.
En 1979, Sendero había desarrollado su Escuela Militar para el Inicio de la Lucha Armada (ILA) y el 17 de mayo de 1980 declaró el ILA, quemando ánforas electorales en la localidad de Chuschi en Ayacucho. Casi nadie se enteró.
Luego vinieron los perros colgados en el centro de Lima con carteles que decían: Teng Hsiao Ping (entonces se escribía así) hijo de perra. Muy pocos entendieron el mensaje, pero era una apología a la llamada Banda de los Cuatro, encabezada por la esposa de Mao Tse Tung (Mao Zedón desde los 80), Jian Jing, que había impulsado una política de tortura y asesinato cuando el llamado Gran Timonel estaba en las postrimerías de su vida y que había respaldado a los criminales del Jmer Rojo, dirigidos por Pol Pot, en Camboya (Kampuchea).
Den Xiaoping en la nueva traducción fonética oficial, había derrotado a la tal banda al punto del KO. La autodefinición de Sendero entonces estaba clara desde el principio, crueldad extrema y ajusticiamiento de quienes no aceptaban las ideas nefandas de Abimael Guzmán, el llamado Presidente Gonzalo. Ideas, por cierto, muy escasas y nada originales.
De allí en adelante vino el terror. Masacres, homicidios de la peor especie (degollamientos, seccionamiento de miembros, dinamitazos directos) y luego la respuesta del Estado, en muchos casos a imagen y semejanza, hasta que entró a tallar la inteligencia fina, que permitió apresar a la cúpula de Sendero en 1992, Guzmán incluido. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) estableció sin duda alguna que alrededor del 70% de los crímenes atroces fue cometido por el accionar terrorista de Sendero Luminoso.
Con Abimael en reclusión implacable, Sendero se desorientó y se concentró en dos enclaves: el Huallaga y el VRAEM. El primero fue rápidamente desarticulado y el segundo persiste hasta hoy. Sendero se imbricó con el narcotráfico desde entonces y ahora lo está también con la minería ilegal de oro. Incurrir en el delito común nunca fue un problema para los senderistas.
Si de sobrevivir se trata, Abimael era un experto. No dudó en transar con Montesinos y firmó el Acuerdo de Paz, previa tortita de cumpleaños. Sendero dejaría la lucha armada y se incorporaría a la vida política oficial. ¿Por cuánto tiempo? No lo dijo. ¿Abandonaría también el Pensamiento Gonzalo? Jamás de los jamases. ¿Puede volver a la carga? Siempre.
Dicen los ingenuos (o los remunerados) que ya no hay terrorismo y que hay que alentar su adhesión a la democracia. ¡Ay, tontitos; ay, sinvergüenzas!
Ahora que Abimael tiene sucesor, Íber Maraví, Sendero exhibe nuevos logros y el más importante es tener a su disposición un partido legalmente inscrito: Juntos por el Perú. En segundo lugar, tener una bancada congresal. En tercer lugar, contar con poder de convocatoria desde la escena oficial, previamente facilitado por Pedro Castillo y por sus tontos útiles: los caviares.
Sendero intentó tener personería partidaria todo el tiempo que va de este siglo. Ahora ya la tiene ¿o alguien cree que Roberto Sánchez y Ernesto Zunini, en el supuesto de que todavía anden juntos, van a imponerse a la hueste senderista de Maraví?
Dicen los ingenuos (o los remunerados) que ya no hay terrorismo y que hay que alentar su adhesión a la democracia. ¡Ay, tontitos; ay, sinvergüenzas! Esa tal adhesión es falsa y convenida y el poder de fuego de los herederos de Abimael está a salvo en los escenarios de su existencia simbiótica con la criminalidad común.
Cuando mañana haya un gran episodio de conflicto social, los militantes de Sendero estarán listos para intentar colocarse a la cabeza.
Pero esto, hoy, sólo lo entendemos quienes conocimos a Sendero y sabemos desentrañar su discurso ideopolítico.
Mal hacen por tanto los que caen en su juego y convierten al Congreso en un potencial ring de box. Para derrotar a Sendero en el ámbito ideológico y político, hay que desmantelar su extrema brevedad argumental. Como bien anotaba Maquiavelo, nunca pelees con cerdos porque te llevarán a revolcarte en el lodazal y a ellos eso les provoca disfrute.
No cometamos los errores de los 80, no juguemos a quién es más macho. Ya sabemos lo que pasa cuando actuamos así.
Digo esto a propósito de la trifulca que se armó hace poco en el Senado, entre el senador Maraví Olarte y el ministro Astudillo, al que luego se sumó el senador Calisto Giampietri, que tomó buena parte de la noticia en las siguientes 72 horas y para mal. Porque no se trata de un incidente, se trata de un episodio revelador de la estrategia senderista, que consiste en “dinamitar” la institucionalidad democrática desde dentro mientras alistan sus fuerzas fuera de esa institucionalidad para tomar el poder. Ya no se trata únicamente de desprestigiar al Congreso, se trata de corroer al Ejecutivo, a las Fuerzas del Orden, al Sistema de Justicia. Todo junto.
Que hay necesidad de limpiar el Estado, la hay. Pero no debería confundirse eso con ponerle una bomba nuclear al sistema democrático para facilitar que fuerzas muy oscuras se hagan del poder, con ayuda de legiones de tontitos que se creen héroes de la revolución desconocida y que, luego de la discoteca, pagarán las consecuencias de su ingenuidad.
No cometamos los errores de los 80, no juguemos a quién es más macho. Ya sabemos lo que pasa cuando actuamos así.
Recuperemos nuestra vocación por la inteligencia y nuestra voluntad por dar la batalla ideopolítica. Acabemos definitivamente con Sendero Luminoso, con los mejores métodos. Es nuestro deber histórico. Tampoco nosotros debemos ser tontitos.