El gobierno debe renunciar al sueño de imponerse ante un Congreso mayoritariamente hostil y a la pesadilla que representa JPP. Debe mejorar la calidad de sus operadores políticos, aislar a los hijos del MOVADEF y, por tanto, a los nietos de Sendero Luminoso
En medio de la pataleta que lo invadió al verse superado en votos por Keiko Fujimori al finalizar el conteo de la segunda vuelta, el hoy empleado del Congreso y excandidato presidencial de Juntos por el Perú Roberto Sánchez soltó una frase infeliz cuya connotación puede entenderse ahora con holgura: “El pueblo será su pesadilla”.
No. El pueblo —hasta la fecha— no es la pesadilla de la presidenta. Sí lo es el grupo que representa a Sánchez en el Parlamento y los adláteres de otros tres partidos. El gobierno en su conjunto duerme con sobresaltos, despierta de mal humor ante las trabas y zancadillas impuestas por el extremo radical de ambas cámaras a su pedido de facultades legislativas. No encuentra el somnífero adecuado que lo haga trascender tan desconcertante experiencia onírica.
La respuesta oficialista ha sido duplicar su terquedad para que se incorporen más ítems de los 20 aprobados en Diputados. La Comisión de Constitución de senadores es el escenario de nuevas dilaciones y desinteligencias, llegando al límite del plazo para emitir el o los dictámenes respectivos. El espectáculo es bochornoso y en el Ejecutivo cunde la seguridad de que la mayoría ciudadana condena el obstruccionismo de la oposición y victimiza al gobierno.
Esto es incierto. Si bien la última encuesta de Ipsos difundida la presente semana por el diario Perú 21 da cuenta de que un 79 % de compatriotas pide que el Congreso coopere con la administración Fujimori para la formulación y aprobación de leyes en beneficio del país, también le pasa parte de la factura a la misma. El sondeo indica que la aprobación al gobierno ha caído a 40 %, mientras que la desaprobación sube a 49 %.
Perú 21 presenta este registro como una desaceleración del derrumbe del apoyo al Ejecutivo al comparar el indicador del pasado mes de setiembre, en el cual Keiko era aplaudida por un 42 %. Pero desde el 57 % de agosto hasta la actualidad, el descenso es de 17 puntos porcentuales. Es verdad que la caída ha perdido dramatismo. Igual sigue cuesta abajo. Todo anuncia que, incluso, cederá terreno durante la manifestación más trágica del fenómeno de El Niño hasta el segundo semestre de 2027 y también por posibles incursiones violentas de la criminalidad transnacional organizada que pondrán en duda la eficacia del comando unificado de las FF. AA. y la PNP.
El gobierno debe renunciar al sueño de imponerse ante un Congreso mayoritariamente hostil y a la pesadilla que representa JPP. Debe mejorar la calidad de sus operadores políticos, aislar a los hijos del MOVADEF y, por tanto, a los nietos de Sendero Luminoso, cuya tarea solo es el sabotaje. Las bancadas de Buen Gobierno, Ahora Nación y Obras también están obligadas a entender que no se les exige anuencia ante el Ejecutivo, sino preservar su identidad democrática lejos de las brasas extremistas de los herederos de Abimael Guzmán.
En suma, hay tareas pendientes para todos. Ojalá logren cumplirlas.