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OPINIÓN/ La Costa Verde: Recuperar el tiempo perdido para construir el futuro de Lima

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

 

De la visión de Ernesto Aramburú Menchaca en 1972 al desafío de un plan maestro metropolitano hacia 2050.

La Costa Verde no puede seguir siendo la suma de decisiones distritales ni el resultado fragmentario de obras aisladas. Lima necesita un plan maestro metropolitano que permita recuperar sus playas, ordenar sus espacios públicos, proteger su litoral y proyectar una nueva relación con el Pacífico hacia el año 2050.

No partimos de cero. Hace más de medio siglo, profesionales visionarios ya concebían el litoral limeño como un proyecto integral. Recuperar aquella ambición, actualizarla con los conocimientos actuales y convertirla en una política urbana de largo plazo es el desafío que tenemos por delante.

Una visión que nació hace más de medio siglo

En 1972, el arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca, entonces alcalde de Miraflores, impulsó una visión integral del litoral costero de Lima. El estudio de prefactibilidad Defensas del Litoral y Habilitación de Nuevas Playas de Lima Metropolitana contemplaba la costa como un sistema y proponía obras de ingeniería destinadas a defender el litoral, habilitar playas y recuperar espacios para el disfrute de la población.

No se trataba simplemente de construir una vía frente al mar. La propuesta era mucho más ambiciosa: transformar el borde costero en un espacio urbano al servicio de Lima, combinando playas, áreas de esparcimiento, conectividad y paisaje. Aquel antecedente demuestra que ya existía una visión que superaba los límites distritales y concebía el litoral como patrimonio de toda la ciudad.

Este proyecto forma parte también de mis recuerdos personales. Volver a recorrer la Costa Verde desde la bajada Armendáriz rumbo al norte me transportó a la década de 1970, cuando acompañaba a mi padre, el ingeniero Eduardo Ridoutt, responsable de las obras de la última etapa de la Vía Expresa, desde la avenida Primavera hasta Barranco.

Recuerdo los camiones que trasladaban el material extraído de las excavaciones de la Vía Expresa y aquellos otros que llegaban cargados de enormes rocas para construir los espigones. Para mí, que observaba aquellas obras, era impresionante ver cómo, día tras día, el mar retrocedía y se ganaba terreno al litoral. Así se iba configurando parte de lo que hoy conocemos como Costa Verde: espacios ganados al mar, una vía que recorre la costa y nuevas playas para el disfrute de los limeños.

Paralelamente, mi padre dedicaba parte de su tiempo ad honorem al servicio público como concejal de Obras Públicas de Miraflores, integrando el equipo de profesionales que acompañaban al arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca. Eran profesionales que aportaban sus conocimientos y experiencia con la convicción de que las obras públicas debían responder a una visión de ciudad y beneficiar a las generaciones presentes y futuras.

Al regresar a casa después de aquel recorrido, sentí la necesidad de buscar un documento que conservo con especial respeto: el Volumen III, que contiene los planos del estudio de prefactibilidad Defensas del Litoral y Habilitación de Nuevas Playas de Lima Metropolitana, elaborado en 1972 por el arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca para la Dirección General de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda.

Volver a abrir aquellas páginas fue reencontrarme con una época en la que se concebían grandes proyectos con esfuerzo, ilusión y visión de largo plazo. Sus planos reflejan la ambición de profesionales que no se limitaban a resolver las necesidades inmediatas, sino que imaginaban el litoral como un espacio integrado, con defensas costeras, nuevas playas y áreas de esparcimiento para toda la población.

Sin embargo, también fue inevitable reflexionar sobre cuánto de aquella visión quedó pendiente y cuántas oportunidades perdió Lima por la falta de continuidad de las políticas urbanas y la ausencia de voluntad para convertir los estudios en proyectos que trascendieran los períodos de gobierno.

Más de medio siglo después, esos planos nos recuerdan que el problema no ha sido únicamente imaginar grandes proyectos, sino darles continuidad, actualizarlos y hacerlos realidad.

Conservarlos no significa asumir que todas sus soluciones siguen siendo técnicamente válidas. Significa rescatar una visión urbanística cuyo principio fundamental continúa vigente: el litoral de Lima debe planificarse como un solo proyecto metropolitano, no como una sucesión de intervenciones desconectadas, sujetas a las prioridades particulares de los distritos y a la visión temporal de cada administración municipal.

¿Qué ocurrió con aquella visión?

La creación de la Autoridad Autónoma de la Costa Verde respondió precisamente a la necesidad de coordinar una intervención integral que trascendiera los límites administrativos de cada distrito.

La lógica era evidente: el mar no reconoce fronteras municipales, el litoral constituye una unidad paisajística y ambiental, y las decisiones que se adoptan en un tramo de la costa pueden afectar el equilibrio, la funcionalidad y la armonía del conjunto.

Sin embargo, contar con una instancia de coordinación no ha sido suficiente para consolidar una visión metropolitana de largo plazo. La fragmentación de la gestión, las decisiones que no siempre responden a un diseño común y la falta de continuidad han dificultado la consolidación de un litoral articulado, con playas accesibles, espacios públicos de calidad y armonía urbanística.

La pregunta es inevitable: ¿Hemos construido un proyecto integral de ciudad o nos hemos limitado a acumular intervenciones aisladas, condicionadas por las prioridades de turno y sin una visión metropolitana que garantice la unidad y continuidad de la Costa Verde?

No se trata de desconocer las competencias ni las necesidades de cada municipalidad. Se trata de comprender que un espacio de importancia metropolitana requiere objetivos comunes, coordinación efectiva y reglas claras para que las decisiones particulares no perjudiquen al conjunto.

Una vía rápida puede resolver parte de un problema de circulación, del mismo modo que un malecón o una instalación recreativa puede mejorar un sector determinado. Pero ninguna obra aislada reemplaza una política integral de recuperación de playas, protección del litoral, acceso público al mar y creación de espacios recreativos.

Cada intervención debe responder a un diseño general y demostrar que contribuye al funcionamiento del conjunto.

Recuperar el litoral exige ciencia, planificación y continuidad

La pregunta decisiva es qué ciudad queremos construir frente al Pacífico y qué plan permitirá hacerla realidad.

2,078 Peru Costa Verde Fotos de stock - Fotos libres de regalías de Dreamstime

El volumen de planos de 1972 que todavía conservo constituye un testimonio valioso de aquella preocupación por estudiar el litoral como un conjunto. No se trata de copiar los diseños originales ni de asumir que las condiciones actuales son idénticas a las de hace más de cincuenta años. Se trata de recuperar la ambición de pensar Lima más allá de los límites administrativos y de los períodos de gobierno.

Hoy contamos con herramientas tecnológicas que permiten actualizar la batimetría, modelar el oleaje y las corrientes, evaluar el transporte de sedimentos, simular alternativas de ingeniería y estudiar sus impactos ambientales y urbanos. Estos estudios deben permitir determinar qué soluciones son viables, dónde podrían recuperarse playas y cómo evitar que las intervenciones de un sector perjudiquen a otros tramos del litoral.

La recuperación de playas y la habilitación de nuevos espacios no pueden decidirse únicamente por su atractivo visual o turístico. Deben sustentarse en estudios de ingeniería costera, dinámica marina, estabilidad de las estructuras, calidad del agua, biodiversidad, riesgos climáticos y mantenimiento a largo plazo.

El objetivo debe ser recuperar y proteger el litoral de manera segura, ambientalmente responsable y sostenible.

Pero los estudios no deben terminar archivados. El plan maestro debe convertir el conocimiento técnico en decisiones concretas, cronogramas de ejecución, presupuestos, indicadores verificables y criterios obligatorios para las intervenciones que se desarrollen a lo largo de la costa.

Para ello, es necesario convocar a especialistas en ingeniería costera, urbanismo, arquitectura, transporte y medio ambiente, así como a universidades, instituciones técnicas, municipalidades y representantes de la ciudadanía.

El resultado debe ser un plan público y transparente, sustentado en estudios, financiamiento y responsabilidades institucionales claramente definidas, con mecanismos de seguimiento que garanticen su continuidad más allá de los cambios políticos.

De lo contrario, corremos el riesgo de repetir la historia: una sucesión de buenas intenciones y obras aisladas que rompen la armonía del paisaje y desvirtúan la visión urbanística que debería preservar la  Costa Verde como un conjunto.

Una autoridad metropolitana con capacidad de actuar

Este desafío adquiere especial importancia ante el cambio de autoridades municipales previsto para 2027. Es necesario evitar que cada nueva gestión comience de nuevo, desarticule lo avanzado o modifique el litoral sin una perspectiva de conjunto.

Vista panorámica de la carretera de la Costa Verde a lo largo de la costa del Callao y Lima, Perú. Disparo aéreo con un Zumbido, Grabaciones de stock Incluyendo: costa verde y

El alcalde de Lima, en coordinación con las municipalidades distritales y el Gobierno central, debería impulsar una autoridad metropolitana de planificación efectiva para la Costa Verde, con competencias claramente definidas y capacidad real para coordinar, supervisar y dar continuidad al plan maestro, respetando el marco legal y las atribuciones de cada entidad.

No basta con crear una comisión, convocar una mesa de trabajo o anunciar un proyecto. Se necesita una estructura institucional que garantice que los acuerdos se traduzcan en acciones, que las inversiones respondan a prioridades comunes y que las decisiones puedan ser evaluadas por la ciudadanía.

La planificación debe ser rigurosa y participativa, y establecer mecanismos de seguimiento que impidan que el plan se altere por decisiones coyunturales. Su continuidad debe constituir un compromiso metropolitano, no una aspiración que dependa de la voluntad de cada alcalde.

¿Cómo debería ser la Costa Verde hacia 2050?

El nuevo plan maestro debería integrar la recuperación y creación de playas donde los estudios lo permitan; la protección del ecosistema costero; la continuidad de los espacios públicos; la movilidad peatonal, ciclista y vehicular; los accesos desde la ciudad; el diseño armonioso del paisaje y la regulación de las construcciones y concesiones que ocupan o afectan este espacio.

Costa Verde: La gran oportunidad para Lima Pequeñas historias del futuro En el año 2050, la Costa Verde de Lima se había convertido en un símbolo de unidad y progreso para todos

También debe garantizar que el litoral siga siendo un bien de uso público, con accesos adecuados y sin que las intervenciones particulares terminen desplazando el interés colectivo. La defensa de su carácter público debe ser uno de los principios centrales del plan maestro y una obligación permanente de las autoridades responsables.

Lima merece convertir su litoral en un espacio de encuentro, recreación, deporte, turismo y convivencia. No es una fantasía aspirar a una costa con playas atractivas, espacios públicos bien diseñados, infraestructura ordenada y una relación mucho más estrecha y amigable entre la ciudad y el mar. Pero esa transformación solo será posible si existe una hoja de ruta común, respaldada por estudios, recursos y autoridad institucional.

¿Te imaginas así nuestra Costa Verde? 🌊✨, Lima 2050. Rascacielos futuristas, parques infinitos frente al mar y la playa que todos soñamos ver así de imponente., Esto es lo que la Inteligencia ...

Podemos llamarla LIMAMAR, un nombre breve y fácil de recordar que expresa una aspiración: que Lima deje de darle la espalda al Pacífico y convierta su frente marítimo en uno de sus principales activos urbanos, recreativos y turísticos de la ciudad.

LIMAMAR no pretende ser simplemente un cambio de nombre, sino el punto de partida de una transformación. Es una propuesta de identidad y, sobre todo, una invitación a recuperar el tiempo perdido y dar inicio a una nueva etapa para el litoral limeño: un espacio compartido por todos los limeños, cuya recuperación y desarrollo respondan a una visión metropolitana común y trasciendan las prioridades de cada administración municipal.

Esa aspiración debe quedar plasmada en un plan maestro que defina cómo se recuperará, protegerá y disfrutará la costa durante las próximas décadas.

Recuperar el tiempo perdido

La tecnología existe. El antecedente histórico existe. El potencial de la costa también. Lo que hace falta es decisión política, capacidad de gestión y voluntad institucional para superar la fragmentación, establecer una autoridad de planificación efectiva y aprobar un compromiso metropolitano que sobreviva a los gobiernos de turno.

El plan maestro no puede ser una declaración simbólica: debe convertirse en la política urbana que ordene las inversiones, oriente cada intervención y garantice que el litoral se desarrolle como un proyecto integral.

Porque la Costa Verde no pertenece a un alcalde, a un distrito ni a una administración temporal. Es patrimonio urbano de todos los limeños y una oportunidad que no deberíamos seguir postergando.

Si en 1972 se pudo pensar el litoral de Lima como un solo proyecto, hoy tenemos la responsabilidad de actualizar aquella visión y convertirla en una hoja de ruta concreta hacia 2050.

Rescatar los planos del pasado no es mirar hacia atrás con nostalgia. Es recordar que Lima ya tuvo la ambición de imaginar un futuro distinto y preguntarnos por qué todavía no hemos sido capaces de hacerlo realidad en toda su dimensión.

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