(El Montonero).- Luis Ignacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, ganó las elecciones federales en Brasil en medio de denuncias y supuestas irregularidades en el sistema electoral que llevaron a Flavio Bolsonaro, candidato de la centro derecha, a sostener que no reconocería el resultado electoral. Lula obtuvo el 51.8%, mientras que Bolsonaro alcanzó el 48.2% de los sufragios. Se trata de la primera vez en que el candidato que consigue más votos en la primera vuelta es derrotado en la segunda desde que Brasil avanzó hacia una reforma electoral en 1988.
El avance de la izquierda y la disputa por el futuro económico de América Latina.
Bolsonaro señaló que solicitaría la anulación de las elecciones porque un juez extendió la jornada electoral por dos horas luego del fin de la votación en algunos estados, mientras Bolsonaro demandaba que se reabrieran las mesas que habían sido cerradas. En cualquier caso, los presidentes de la cámara de Diputados y del Senado y las demás instituciones reconocieron el triunfo electoral de Lula.
Horas más tarde Bolsonaro reconoció el triunfo de Lula.
El triunfo de Lula es un resultado extremadamente complejo para el sistema político electoral brasileño porque el Partido Liberal de Bolsonaro representa la primera mayoría en las cámaras, considerando los resultados de la primera vuelta. En ese sentido, Lula estará obligado a pactar e impulsar acuerdos políticos con la derecha, más aún considerando la composición política de las gobernaciones. Asimismo, la economía no anda bien con un crecimiento de cerca de 2.5%, un alto gasto social y una deuda pública que se acerca al 90% del PBI.
Por otro lado, la victoria de Lula, de alguna manera, frena el avance de las centro derechas en la región –que han triunfado en Argentina, Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia– sobre las izquierdas bolivarianas, alimentadas ideológicamente por el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. Vale recordar que Brasil y México constituyen la mitad de la extensión territorial de América Latina y ambos países están controlados por gobiernos de izquierda. Asimismo, Brasil con un PBI cercano a US$ 2.8 billones y México con US$ 2.17 millones representan las economías más grandes de una región que, en las últimas décadas, ha sido sobrepasada largamente por la expansión y desarrollo de los países del Asia.
En este contexto, parece inevitable que las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China tenderán a complejizarse por la victoria de Lula, quien más de una vez ha desarrollado confrontaciones con el presidente Donald Trump y se ha opuesto a algunas políticas del Departamento de Estado para la región. Por ejemplo, la inevitable conexión de las costas del Atlántico con las del Pacífico a través de vías ferroviarias, por la morfología de América del Sur, ubican a Brasil y Perú como los países desde donde se deben desarrollar los proyectos. Ambos países tienen visiones geopolíticas muy diferentes más allá de que los espacios de soberanía de cada uno de ellos posibilitan encontrar entendimientos.
Planteadas las cosas así, el triunfo de Lula en Brasil ubica a Latinoamérica como una región en donde se disputan dos modelos económicos; una disputa que deberá resolverse en la próxima década sobre la base de los resultados en crecimiento, reducción de pobreza y la afirmación del Estado de derecho y las libertades.
Como siempre sucede, el Estado de derecho y la economía de mercado ganarán largamente y el socialismo creará fábricas de pobreza.