A 66 años de aquel 29 de octubre de 1960, la historia del Jorge Chávez refleja también la transformación del Perú
De una moderna obra aeroportuaria inaugurada en 1960 a una infraestructura preparada nueva generación, el Jorge Chávez ha acompañado la transformación del Perú y hoy constituye una plataforma estratégica para el turismo, el comercio, la conectividad y la integración nacional.
Hay obras que trascienden su función original y terminan formando parte de la historia de un país. El Aeropuerto Internacional Jorge Chávez es una de ellas. Este 29 de octubre conmemora 66 años de su inauguración del aeropuerto que dio origen al actual complejo aeroportuario, realizada en 1960 durante el gobierno del presidente Manuel Prado Ugarteche, con el nombre de Aeropuerto Internacional Lima-Callao.
Su construcción respondió a una necesidad concreta: el crecimiento del transporte aéreo y la expansión urbana de Lima habían hecho insuficiente al antiguo aeropuerto de Limatambo, ubicado en San Isidro. El nuevo aeródromo, ubicado en el Callao, fue concebido para atender las exigencias de la aviación comercial de aquella época y contó con una pista de 3 507,5 metros de longitud por 45 metros de ancho.
¿Por qué se llama Jorge Chávez? El nombre del principal aeropuerto del Perú rinde homenaje a Jorge Chávez Dartnell, pionero de la aviación peruana y figura de la historia aeronáutica nacional.
En 1910, Chávez protagonizó una de las grandes hazañas de los primeros años de la aviación mundial: el cruce aéreo de los Alpes entre Suiza e Italia en un monoplano, demostrando el potencial de la aeronave como medio para superar grandes obstáculos geográficos. Por su trayectoria y por aquella hazaña, su nombre quedó ligado a la historia de la aviación peruana.
En 1965, el aeropuerto pasó a llevar oficialmente su nombre. Ese mismo año, el entonces presidente Fernando Belaúnde Terry inauguró las nuevas instalaciones del terminal, que durante seis décadas se convertirían en uno de los principales símbolos de la conectividad aérea del país.
Una historia ligada al desarrollo nacional
Desde sus primeros años, el aeropuerto acompañó la transformación del Perú. La expansión de las rutas aéreas permitió acercar ciudades, facilitar el intercambio comercial y fortalecer los vínculos del país con América y el resto del mundo.
Con el paso del tiempo, se convirtió en una infraestructura esencial para el movimiento de pasajeros, mercancías y actividades económicas. Su importancia creció de manera paralela al turismo internacional, hasta convertirse en la puerta aérea de ingreso al país.
Para millones de visitantes, el aeropuerto representa el primer contacto con el Perú. Allí comienza, una experiencia que continúa en nuestros destinos históricos, culturales, gastronómicos y naturales.
Por ello, su capacidad y eficiencia tienen un impacto que va más allá de la actividad aeronáutica. El movimiento de pasajeros dinamiza una amplia cadena de servicios que comprende hoteles, restaurantes, transporte, operadores turísticos, comercio y otras actividades que generan empleo y oportunidades.
Durante décadas, el Jorge Chávez fue ampliando y modernizando sus instalaciones para responder al crecimiento sostenido del tráfico aéreo. El antiguo terminal se convirtió en parte de la memoria de varias generaciones de peruanos y extranjeros.
Cuando cerró sus operaciones el uno de junio de 2025, después de seis décadas de servicio, había movilizado cerca de 400 millones de pasajeros y registrado alrededor de cuatro millones de operaciones aéreas desde su inauguración en 1965. Su cierre no significó el final de una historia, sino el comienzo de una nueva etapa.
La nueva infraestructura alcanzó en 2026 una extensión de 272 000 metros cuadrados y una capacidad operativa de hasta 40 millones de pasajeros, de acuerdo con la supervisión realizada por Ositrán. El complejo aeroportuario cuenta, además, con dos pistas de aterrizaje, lo que incrementa su capacidad operacional y permite atender de manera más eficiente el crecimiento del tráfico aéreo.
Una infraestructura estratégica para el Perú
La importancia del nuevo Jorge Chávez no se limita a sus dimensiones. Su verdadero valor está en lo que puede generar para el desarrollo del país. Un aeropuerto internacional moderno es una infraestructura estratégica porque facilita el ingreso de turistas, favorece el intercambio comercial, mejora la movilidad de personas y contribuye a generar condiciones para nuevas inversiones y actividades económicas.
En el caso peruano, esta función adquiere una dimensión especial. Nuestro país posee una oferta turística de alcance mundial, pero para aprovecharla necesita estar conectado de manera eficiente con los principales mercados internacionales.
El Jorge Chávez puede cumplir un papel decisivo en ese propósito
La llegada de un visitante a Lima no debería representar el final de su viaje, sino el comienzo de un recorrido por el Perú. Cusco, Arequipa, Puno, Loreto, La Libertad, Piura, Amazonas y las demás regiones tienen la oportunidad de beneficiarse de una infraestructura que puede convertirse en el gran punto de articulación nacional.
El siguiente desafío no corresponde solo al aeropuerto. Requiere una visión integral del Estado y del sector privado para fortalecer los aeropuertos regionales, ampliar las rutas nacionales, mejorar las conexiones terrestres y promover nuevos destinos turísticos.
A 66 años de aquel 29 de octubre de 1960, la historia del Jorge Chávez refleja también la transformación del Perú. El aeropuerto que nació para responder a las necesidades de una nación que comenzaba a ampliar sus conexiones aéreas es hoy una infraestructura de nueva generación, preparada para atender una demanda mucho mayor y acompañar las aspiraciones de un país que busca proyectarse hacia el mundo.
Su historia demuestra que la infraestructura estratégica adquiere verdadero valor cuando se convierte en una herramienta al servicio de la población y del desarrollo.
El desafío de los próximos años será lograr que la nueva capacidad aeroportuaria se traduzca en más turismo, mayor conectividad, nuevas oportunidades de inversión, empleo y una integración efectiva de las regiones peruanas con los mercados nacionales e internacionales.
El Jorge Chávez es una puerta de entrada al Perú, una conexión con el mundo y una infraestructura estratégica cuyo verdadero potencial se medirá por cuánto contribuya a acercar oportunidades a todos los peruanos.