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OPINIÓN/ Céline a la inversa

Escribe: Ricardo Vásquez Kunze

Ricardo Vásquez Kunze (@rvasquezkunze) • Facebook

El problema con Céline es que tomó el bando equivocado de la historia. Profundamente antisemita y antijudío (como lo son hoy varios escritores y artistas del parnaso de las letras y de las artes), Céline no tuvo escrúpulos en despotricar abiertamente contra lo que consideraba un cáncer para Francia.

Louis Ferdinand Céline (1894-1961) fue uno de los más grandes escritores franceses del siglo XX.  Fue tan grande su genio literario que los críticos, por lo general mezquinos cuando no se trata de su cofradía, dijeron de él: «Lo que Joyce hizo por la lengua inglesa… lo que los surrealistas intentaron hacer por la lengua francesa, Céline lo logró sin esfuerzo y a gran escala». A diferencia de otros de su generación como Sartre (premio Nobel de literatura rechazado), su obra continúa vigente y es objeto de estudio académico, mientras que la de muchos de sus contemporáneos ha envejecido mal, tanto literaria como filosóficamente. 

El problema con Céline es que tomó el bando equivocado de la historia. Profundamente antisemita y antijudío (como lo son hoy varios escritores y artistas del parnaso de las letras y de las artes), Céline no tuvo escrúpulos en despotricar abiertamente contra lo que consideraba un cáncer para Francia. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Céline que también era médico se enroló en el ejército francés que muy pronto fue destruido por las hordas nazis. Le repugnaba la III República y decía abiertamente que prefería 100 Hitler a un León Blum con plenos poderes. En eso era sin ambages un fanático. Céline, fiel a sus ideas, apoyó a la Francia de Vichy del Mariscal Pétain, héroe de Verdún en la Primera Guerra Mundial. Aunque nunca asumió ningún cargo público ni se afilió a ninguna organización, tal vez por sus reminiscencias anarquistas (nunca he votado por nadie ni votaré por nadie), Céline no paró la mano contra los judíos en prensa y medios de la época.

Cuando Francia fue liberada por los Aliados, Céline huyó a Alemania con toda la «corte» de Vichy, para luego refugiarse en Dinamarca. Francia pidió su extradición por colaborar con el nazismo. Fue expulsado, pero ya en su patria indultado, ejerciendo su profesión de médico y siguiendo con la literatura hasta su muerte. Hasta hoy Céline genera polémica por su aberrante conducta política e ideológica, pero aplausos y venias por su innegable y reconocido genio literario. Ya en el primer cuarto del siglo XXI, existen muchos «Céline» a la inversa. Las comillas no están por gusto. 

Personajes sin talento en las letras y las artes son abanderados políticos e ideológicos de un comunismo asolapado o frontal, de un marxismo cultural, admiradores del «Che Guevara», de Fidel Castro y de cuanto personajillo que para ellos representa el «progreso» humano del Estado de bienestar (desfondado hasta sus cimientos), a sabiendas de los cientos de millones de muertos que esas ideologías nefastas han dejado al mundo. Ya ni qué decir de los países que han arruinado. Obviamente aquí no me voy a pronunciar sobre quiénes, como Céline, tienen el genio artístico y literario pese a sus ideas macabras, aunque son contados con los dedos de una mano. Como Céline, la historia juzgará su arte, si lo tienen; y sus panfletos que tratan de hacer pasar por arte.

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