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OPINIÓN/ Llegaron los cien días

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

Así creo que estamos y espero no tener razón

Se cumplió la formalidad de los cien días para hacer una evaluación del nuevo gobierno (y del nuevo Congreso) con una deuda apreciable de resultados. Sin embargo la oposición también ha demostrado orfandad. No hay un poder en decadencia porque simplemente no hay otro en construcción. Así que seguiremos esperando a que alguien tome la iniciativa de modo verosímil y consistente. Quizá debamos esperar a la próxima campaña. Mientras tanto, habrá con conformarse con que nadie provoque un desastre.

Lo que sí parece claro es que la oposición está en pleno proceso de fractura, que se acentuará conforme avance la negociación presupuestal. No es un misterio para nadie que el presupuesto es clave para la satisfacción o insatisfacción de no pocos parlamentarios. Pero aun cuando el Ejecutivo logre construir una mayoría congresal prebendaría, no será suficiente ni mucho menos.

La respuesta a los efectos de El Niño en el Perú y de otros fenómenos climáticos coincidentes no admitía (no admite) demora alguna y, además el país necesita un shock de crecimiento y redistribución progresivos, otro de seguridad y control de la criminalidad y un último de mejora sustancial de infraestructura y servicios básicos.

No parece que Fujimori o Galarreta (qué dice que tiene toda su confianza) tengan claro cómo hacerlo o que siquiera lo sospechen. Para efectos prácticos debe recordarse que un shock es un paquete articulado de medidas de ejecución inmediata e inexorable. A los cien días deberíamos conocer (o ver en funcionamiento) al menos alguno de los tres.

Miremos en qué vamos:

  • Aunque nos hemos malacostumbrado a llamar Niño a todo impacto climático grave en la región e incluso más allá, lo cierto es que el calentamiento desmesurado del Pacífico Sur es un factor determinante de variaciones de gran envergadura del clima del país. A este gobierno le tocó enfrentar este desafío y lo supo desde antes de la campaña electoral. Nadie en su sano juicio puede decir que no se ha hecho nada en esta gestión. Es visible el desplazamiento de los más altos funcionarios, incluida la presidente, a las zonas presumiblemente más vulnerables, pero es indudable que la hora de la prevención ya pasó (la desperdiciaron Boluarte, Jerí y Balcázar, si es que no Vizcarra, Sagasti y Castillo) y que ahora sólo se ha podido hacer obras de emergencia y supuestamente preparar la respuesta rápida y eficaz. En unos seis meses sabremos qué tan bien funcionaron.

  • Durante décadas, la macroeconomía en nuestro país ha venido funcionando bien y ha sido referente internacional, muy en particular su estabilidad cambiaria y el control de su inflación. Hasta hace unos años estos indicadores venían acompañados de un tercero: el equilibrio fiscal. Durante el gobierno de Castillo y sucesores, esta vocación se comenzó a abandonar y se tiene que recobrar plenamente. No vemos suficientes acciones todavía. La deriva populista quizá constituye inercia.

  • A pesar de que es visible una mayor frecuencia en la desarticulación de bandas criminales, no se percibe lo mismo en materia de prevención. El crimen organizado sigue teniendo la iniciativa y eso, simplemente, no puede ser.

  • En cuanto a infraestructura y servicios básicos se ve muy poco, casi nada, todavía. Urge demostrar proactividad y esfuerzos masivos que apenas se anuncian.

Mientras tanto, la oposición parlamentaria ha hecho lo imposible por retrasar normas imprescindibles para dotar de celeridad a procesos urgentes, tanto así que hubo quienes enarbolaron la bandera de no otorgar ninguna facultad legislativa al gobierno. Es de intuir que ello pueda responder a intereses cruzados con la informalidad y, peor, con la criminalidad.

Así creo que estamos y espero no tener razón.

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