Seamos claros: los observadores internacionales sí ven las irregularidades.
No son ingenuos
No son incapaces
No están desinformados
Las ven.
Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Por qué no las denuncian con la claridad que corresponde?
Porque, en muchos casos, han optado por administrarlas.
El lenguaje como herramienta de encubrimiento
Lo hacen a través de un lenguaje técnico cuidadosamente diseñado para suavizar la realidad.
DONDE HUBO DESORDEN, HABLAN DE “INCIDENTES”.
DONDE HUBO MANIPULACIÓN, MENCIONAN “DEFICIENCIAS”.
DONDE EXISTEN VICIOS GRAVES, LOS REDUCEN A “ASPECTOS PERFECTIBLES”.
No es casualidad. ES MÉTODO.
Organismos como la Organización de los Estados Americanos o el Centro Carter han desarrollado, con los años, un mecanismo discursivo que permite reconocer fallas sin que estas tengan consecuencias reales.
Es una forma sofisticada de validar lo cuestionable
El factor ideológico que no se quiere discutir
Pero hay un elemento más profundo y deliberadamente evitado:
LA ORIENTACIÓN IDEOLÓGICA PREDOMINANTE EN MUCHOS DE ESTOS ESPACIOS.
En múltiples procesos electorales en la región, particularmente en países como Venezuela o Nicaragua, la actuación de estos organismos ha sido objeto de cuestionamiento.
No porque no hayan observado irregularidades.
SINO PORQUE, DURANTE AÑOS, SU ACCIONAR HA OSCILADO ENTRE LA AMBIGÜEDAD, LA TIBIEZA O LA VALIDACIÓN INDIRECTA DE PROCESOS AMPLIAMENTE CUESTIONADOS.
Incluso cuando han emitido críticas como en el caso del Centro Carter, que señaló que las elecciones en Venezuela no cumplieron estándares democráticos y no podían considerarse libres, estas declaraciones suelen llegar tarde, sin efectos vinculantes y sin alterar el resultado político consolidado.
ESE DESFASE ENTRE LO QUE SE OBSERVA Y LO QUE REALMENTE SE CORRIGE ES EL PROBLEMA.
Porque en la práctica, el sistema termina funcionando igual.
Y ASÍ, QUIENES YA ESTÁN EN EL PODER, ASEGURAN SU PERMANENCIA.
Estabilidad antes que verdad
Detrás de esto hay una lógica clara que se intenta instalar como discurso:
ES PREFERIBLE UNA ELECCIÓN CUESTIONADA QUE UN CONFLICTO POLÍTICO.
ES PREFERIBLE RELATIVIZAR IRREGULARIDADES QUE ABRIR UNA CRISIS INSTITUCIONAL.
Esa visión, dominante en ciertos entornos progresistas o de izquierda institucional, termina priorizando la gobernabilidad sobre la transparencia absoluta.
EL PROBLEMA ES QUE, BAJO ESE ENFOQUE, LA LÍNEA ENTRE OBSERVAR Y VALIDAR SE VUELVE PELIGROSAMENTE DIFUSA.
Un sistema cómodo que desalienta la denuncia
Hay, además, un factor práctico que no puede ignorarse.
Para muchos de estos actores, la observación electoral ha dejado de ser una labor estrictamente técnica para convertirse también en un circuito institucional cómodo:
Agendas internacionales.
Visibilidad mediática.
Logística financiada por los Estados anfitriones.
Acceso privilegiado a gobiernos y organismos multilaterales.
En ese contexto, emitir un juicio contundente deja de ser la norma. Pasa a ser la excepción. Porque decir la verdad tiene un costo:
Cerrar puertas.
Perder relevancia.
Quedar fuera del circuito.
Y muchos no están dispuestos a ceder los privilegios que ese esquema les garantiza.
De observadores a actores del sistema
El resultado es predecible:
Se reconocen problemas,
Se matizan,
y finalmente se valida el proceso.
No son necesariamente árbitros externos.
En muchos casos, operan como parte del mismo ecosistema que dicen supervisar.
ADMINISTRAN EL RELATO PARA QUE LO IRREGULAR NO ESCALE A ESCÁNDALO.
PARA QUE LO CUESTIONABLE NO SE VUELVA INACEPTABLE.
Y ASÍ, ELECCIÓN TRAS ELECCIÓN, SE REPITE EL MISMO PATRÓN.
EL DESENLACE
El ciudadano queda relegado.
Porque cuando quienes deben alertar deciden administrar el silencio, la democracia deja de ser control y pasa a ser una puesta en escena.
La pregunta ya no es si hubo irregularidades.
La pregunta es:
¿QUIÉN ESTÁ DISPUESTO A ASUMIR EL COSTO DE DECIRLO CON CLARIDAD?
Y la respuesta, incómoda pero evidente, es que muchos han decidido no hacerlo.
No por falta de evidencia.
Sino porque el sistema, tal como está diseñado, no premia la verdad.
Y CUANDO DENUNCIAR INCOMODA MÁS QUE VALIDAR,
LA OBSERVACIÓN DEJA DE SER CONTROL
Y PASA A SER PARTE DEL PROBLEMA
Y TERMINA ALIMENTANDO UNA CRISIS DE VALORES QUE EROSIONA LA ESENCIA MISMA DE LA DEMOCRACIA.
Un comentario en «OPINIÓN/ De observadores internacionales a validadores de lo indefendible»
Muy atinado el análisis, preocupa el acomodo de estás instituciones que deben ayudar a fortalecer los sistemas electorales, terminan validando procesos difusos.
Muy atinado el análisis, preocupa el acomodo de estás instituciones que deben ayudar a fortalecer los sistemas electorales, terminan validando procesos difusos.