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OPINIÓN/ Luego de captura de Maduro, la América Hispana en el centro del planeta

(El Montonero).- La impresionante operación militar de los Estados Unidos para capturar y procesar a Nicolás Maduro tendrá consecuencias tectónicas para la geopolítica mundial y repercusiones inevitables en la América Hispana. Al margen de cualquier valoración, el mensaje parece ser el siguiente: Latinoamérica o la América Hispana es zona de influencia directa de los Estados Unidos, y las dictaduras y las tragedias humanitarias pueden convocar acciones excepcionales, como la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela. 

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El señalado mensaje ha sido enviado directamente a potencias mundiales como China, Rusia e Irán que, de una u otra manera, habían contemporizado con el régimen chavista en Venezuela. El negocio del petróleo pesado parecía haber creado una alianza inexpugnable de estas potencias con la narcodictadura bolivariana. Sin temor a exageraciones, se podría sostener que el sostén del régimen venezolano reposaba en el control cubano de las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad y el respaldo de las señaladas potencias no occidentales. Luego de la captura de Maduro ese escenario no existe más.

El telón de fondo de estos acontecimientos es la destrucción de un cuestionado orden internacional que se había desentendido de la consolidación de los los proyectos dictatoriales en la región. Unos meses atrás, antes de los triunfos de Javier Milei en Argentina, de Rodrigo Paz en Bolivia, de José Antonio Kast en Chile, la América Hispana parecía sumergida en una Guerra Fría que consolidaba los proyectos totalitarios. Ese escenario no existe más no solo por la intervención de los Estados Unidos en Venezuela, sino también porque los pueblos de América del Sur han comenzado a luchar con uñas y dientes para contener y derrotar los proyectos totalitarios que avanzaban sin control.

Y he allí una de las claves: si bien la intervención militar de Estados Unidos liberará al pueblo venezolano del hambre, la miseria, la muerte y la persecución, también es responsabilidad del propio pueblo venezolano y de sus élites haber permitido el avance del totalitarismo. La manera cómo se permitió el avance de un demagogo como Hugo Chávez estremece el cuerpo y, finalmente, explica la intervención militar estadounidense.

Es evidente, pues, que a la región hispanoamericana ha regresado el imperio democrático del siglo XX, que nos salvó del comunismo y del fascismo. Si bien la intervención de los Estados Unidos en Venezuela hace volar por los aires el actual orden internacional es incuestionable que hoy Occidente, el hemisferio occidental, está en mejores condiciones frente al avance de otros imperios no democráticos en el planeta, más allá de los lamentos de la envejecida Europa que nos evoca a los filósofos de Bizancio que discutían sobre el sexo de los ángeles en momentos previos al triunfo del imperio Otomano.

América Hispana de esta manera no solo pasa a ser un centro de las encrucijadas mundiales, sino que, debido a las viejas tradiciones hispanas, la persistente cristiandad y de los estados de derecho y las posibilidades de desarrollo capitalista, se convierte en la gran reserva moral y social de la cultura occidental. La grandeza del Occidente del Atlántico Norte se explica porque estaba repleta de estos valores. Hoy el progresismo y el wokismo lo ha erosionado todo.

En este contexto, la caída de Maduro y del eje bolivariano deja en claro que, en la América Hispana, las dictaduras no prosperan porque en nuestras sociedades persisten los mismos valores que llevaron a las sociedades occidentales a las mayores experiencias de libertad en la historia de la humanidad.

De allí que cause preocupación la ingenuidad de algunos principistas que pretenden ser liberales o defender la libertad al margen de la defensa de Occidente. La libertad, la pluralidad, la secularidad, el control del poder y los derechos humanos son hijos directos de una civilización, la Civilización Occidental, y no suelen prosperar en otras civilizaciones.

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