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OPINIÓN/ ¡No quiero! ¡No quiero!… Contigo

NO ATRACO

Escribe: Elmer Barrio de Mendoza

 

Sabios eran los romanos cuando hablaban al oído del triunfador circunstancial: ¡Memento mori! (¡Recuerda que eres mortal!).

 

La Fiscal de la Nación, Delia Espinoza, continúa creyéndose (o ya no) la máxima autoridad del país, que no tiene que rendir cuenta a nadie ni debe obediencia a la Junta Nacional de Justicia, ni a la Corte Suprema, ni al Tribunal Constitucional, ni al Congreso de la República. Ella misma es.

Objeta cada fallo, cada resolución, cada sentencia y cada norma legal que no le guste y luego, en lugar de apelarlos o impugnarlos después de acatarlos los incumple aunque finja allanarse. Patricia Benavides fue víctima de procedimientos indebidos. No lo digo yo, lo dice cada una de las entidades e instancias mencionadas. Por tanto, tiene sus derechos intactos. Pero Delia Espinoza discute cada uno y argumenta siempre en contra. Ella misma es.

Ningún ciudadano (ciudadana, en este caso), puede desacatar las decisiones de las entidades jurisdiccionales constitucionalmente competentes. Pero Delia Espinoza sí. Ella misma es.

Las decisiones jurisdiccionales se respetan, los resultados electorales igual. En eso consiste básicamente el Estado de Derecho. Pero Delia Espinoza, no. Ella misma es.

Se comenta que su intento de colocar a Patricia Benavides en el Jurado Nacional de Elecciones fracasó y que sólo ella voto por su propuesta. 5 a 1 es una goleada en cualquier parte del mundo. ¿Qué hará ahora cuando ha quedado claro que ni siquiera la Junta de Fiscales Supremos que la nombró la apoya? Ella misma ya no es.

Sabios eran los romanos cuando hablaban al oído del triunfador circunstancial: ¡Memento mori! (¡Recuerda que eres mortal!). La lección histórica se ha olvidado y Delia Espinoza es un ejemplo de menor cuantía de la tal amnesia y del fatal pecado de la soberbia.

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