El país necesita calma y tranquilidad, y este gobierno de transición y reconciliación nacional debe enfocarse principalmente en dos temas: detener la ola de inseguridad ciudadana que asola al país y garantizar unas elecciones limpias, transparentes y democráticas.
Es muy difícil comentar sobre la coyuntura política en el Perú; la vertiginosidad de los hechos en nuestro país hace que cualquier comentario quede “off side” apenas se comience a analizar las conductas de los actores políticos. Hace tan solo una semana, Dina Boluarte era vacada en forma exprés por un Congreso que la mandó a su casa luego de una votación unánime. Aquella tumultuosa noche del jueves 9 de octubre, los parlamentarios ungieron como presidente de la República a un joven y desconocido abogado. Así, José Enrique Jerí Oré (Lima, 1986), en su condición de presidente del Congreso, le cupo el honor de encargarse —de manera transitoria— de la primera magistratura de la nación por estricto mandato constitucional.
No sabemos el desenlace de la marcha convocada por la “dichosa” Generación Z para ayer, miércoles 15, la que se anunciaba en un principio dirigida a protestar por la inseguridad ciudadana, pero que en el camino sectores de la izquierda y sus socios funcionales, los caviares, la convirtieron en una que pretende —cual noviembre de 2020— intentar una asonada violenta para obligar a Jerí a renunciar y luego colocar a uno de los suyos. Se olvida esta gente que ya no estamos en esas fechas; la caída de la muy impopular señora Boluarte no fue la del muy popular Martín Vizcarra, que tenía “embobada” a la gran prensa y a muchos incautos que creían ver en este sujeto una salvación cuando realmente se trataba de un tremendo sinvergüenza, y Jerí no es un acorralado Manuel Merino, a quien el propio Congreso le jaló la alfombra precipitando su renuncia. Fuera de que esa misma prensa ya no puede jugar el perverso rol de aquella vez, incentivando a la calle a manifestarse contra un presidente legítimo y constitucional.
El actual mandatario, en tan solo una semana, ha demostrado un estilo de gestión ágil, locuaz, presente y, sobre todo, proactivo, muy diferente al opaco, errático y desconectado accionar de su predecesora. No sabemos si tal ímpetu continúe, pero es importante este refresco tan necesario en una ciudadanía incrédula y desconfiada en sus líderes. El nombramiento del abogado, político, docente y destacado jurista, además de expresidente del Tribunal Constitucional, actual decano de la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres y columnista del diario Expreso, Ernesto Álvarez Miranda (Lima, 1961), como presidente del Consejo de Ministros, es una excelente decisión por donde se le mire, como acertadas las designaciones en diversas carteras cruciales en estos momentos, como lo son Interior, Economía y Defensa.
El país necesita calma y tranquilidad, y este gobierno de transición y reconciliación nacional debe enfocarse principalmente en dos temas: detener la ola de inseguridad ciudadana que asola al país y garantizar unas elecciones limpias, transparentes y democráticas. Si logra tales cometidos, junto a un manejo responsable de la cosa pública, lejos de frivolidades y escándalos, se podrá decir que cumplieron su misión.