En su nuevo conjunto de relatos, y con un tono de humor e ironía que son su sello, Alejandro Neyra presenta personajes y situaciones que llevan a preguntarse al lector a qué denominamos cultura peruana.
La experiencia en el aparato público ha sido un detonador para la creatividad literaria. Los casos de escritores que fueron funcionarios de distintas instancias y se inspiraron en los vericuetos de la (in)acción burocrática, abundan, desde Miguel de Cervantes Saavedra hasta Franz Kafka, por citar solo un par y ahorrar tinta digital.
Alejandro Neyra es diplomático de carrera y ha desarrollado a la par una carrera de narrador con varios lauros nacionales. Ha representado al Perú en diversas misiones diplomáticas y se ha desempeñado en puestos importantes ligados a lo cultural: fue jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú y tres veces titular del Ministerio de Cultura (Mincul). Su nuevo libro de relatos, «Cultura peruana», está inspirado, en gran medida, en su experiencia al frente del Mincul y como especialista en temas culturales de la Cancillería.
A este conocimiento de primera mano de la cosa institucional, del detrás de cámaras de personajes y situaciones «ministeriales», del conocimiento del otro Perú, Neyra suma investigación sobre espacios, mitos y leyendas, culturas precolombinas y aspectos ligados al cine y la literatura contemporáneos, dándole ese grado de «verdad» que el desaparecido nobel Mario Vargas Llosa exigía a las «mentiras» (ficciones).
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En las zapatillas de sus personajes Alejandro Neyra se proyecta y explora desde otros ángulos el hecho cultural. Así, dos de las historias están marcadas por la pandemia del covid-19, que al escritor le tocó vivir al frente del Mincul. «Detrás de la vitrina de San Marcos» y «Ruinas de ruinas (o el fin del Machu Picchu y del tiempo)» abordan la soledad de los espacios patrimoniales debido al «distanciamiento social» que vivimos.
Me gusta el protagonista del primer relato. Es de aquellos personajes invisibilizados: un vigilante quien queda por meses casi solo cuidando la casona sanmarquina, donde aprovecha el tiempo libre husmeando por ese espacio lleno de historias; el segundo, en cambio, entrega una mirada post apocalíptica: un extranjero varado en Machu Picchu pueblo quien espera el retorno a la «normalidad» para visitar, finalmente, la ciudadela inca. Décadas más tarde, será testigo de los estragos provocados por la sobreexplotación turística de nuestra maravilla del mundo.
Un relato inquietante y de gran factura es «El asesorcillo valiente (o la tierra prometida)», me parece de los mejores del conjunto. Este comparte la exploración por nuestro realismo-mágico de cada día con «Guerreros».
Entre las doce historias también hay un par de homenaje/referencias literarias directas «Caliagnosia»(inspirado también en los «estímulos para la cultura») y «Con Perec, Vernier y el amigo de mi pueblo en Ginebra». El primero hace referencia al escritor chino-estadounidense Ted Chiang y el segundo al novelista francés Georges Perec.
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Las historias nos interpelan, repito, sobre qué es la cultura peruana. Su lectura me genera preguntas, ¿qué manifestaciones culturales del Perú contemporáneo merecen ser reconocidas como tales?, ¿cuáles pasarán la barrera de los años?; ¿la búsqueda constante de gobiernos locales por nuevos Machu Picchus es una necesidad identitaria o económica?; ¿debemos de reconocer a los bricheros como promotores del producto nacional, son nuestros embajadores culturales, nuestra cultura viva de exportación?; ¿cuánto le debemos a Charlton Heston y al filme «El secreto de los incas» (1954) por esa imagen pop del Perú andino-milenario que se mantiene vigente en el imaginario mundial?, ¿acaso no es un hecho cultural significativo?; finalmente, ¿solo merece considerarse cultura peruana aquello milenario, monolítico?
Pero el libro sería aburrido si no viniera de la mano del estilo de Alejandro Neyra: un atributo de su narrativa, poco frecuente entre los narradores peruanos, es el humor y la ironía que ya había demostrado en su saga de espías «CIA Perú» o en los volúmenes de relatos «Peruanas ilustres» y «Peruvians do it better».
Somos un país que ríe, que es mordaz, que es cachoso en su día a día en el barrio, en el trabajo, en sus redes sociales, pero a la hora de leer ficción frunce el ceño. Los escaparates de las librerías nos ofrecen, al por mayor, objetos literarios que, sin importar las edades de sus escritores, tienen ese tono adusto, esa mirada seria. Algunos estudiosos lo relacionan a la huella de la literatura realista; otros, a los grandes ciclos de violencia que nos ha tocado enfrentar desde la colonia.
Neyra sabe ser irónico, reír, tomar el pelo en sus relatos a personajes y situaciones, como Alfredo Bryce Echenique o Carlos Amézaga (este último escritor y diplomático al igual que Neyra). En «Gastronomía peruana (en Chile)» y «Inca por (un día) una vida» toma el pelo a la promocionada riqueza de la comida peruana o cómo vive un funcionario cuando le retiran de las jefaturas. En «Attaché», Neyra ironiza sobre los «especialistas» del mundillo cultural internacional. Pero cualquier parecido con nuestros representantes de la cultura peruana en el extranjero, es pura coincidencia. Pura mentira con ropajes de verdad.
Ficha técnica:
Neyra, Alejandro. «Cultura peruana» (Lima, Åcademia Antártica, 2025). Pp. 133.
(*) José Vadillo Vila es periodista, escritor y cantautor. Ha publicado los libros Historias a babor (2003), Hábitos insanos (2013), Apus musicales. Héroes de la canción andina peruana Vol. 1 (2018), El largo aliento de las historias apócrifas (2022) y Mostros (2024). Como cantautor tiene publicados los álbumes Elemental (2002) y Primera parada (2016). Fue redactor y editor en el Diario Oficial El Peruano y director del Gran Teatro Nacional.