Hoy el país no necesita comunicados ambiguos ni equilibrios fingidos. Necesita definiciones.
El intercambio de comunicados entre Fuerza Popular y Renovación Popular, a raíz del ChifaGate y de la posibilidad de una vacancia presidencial, no ha sido un simple desencuentro retórico. Ha sido, más bien, una revelación de fondo. Ha quedado expuesta con crudeza la existencia de dos derechas irreconciliables en el Perú, una que se ampara en el cálculo y otra que se sostiene en los principios y valores.
El comunicado de Fuerza Popular pretende vestir de institucionalidad lo que en el fondo es una coartada política. Bajo el argumento de “esperar más evidencias” y “cuidar la estabilidad”, el fujimorismo opta por blindar a un presidente seriamente cuestionado, mientras lanza una acusación tan reveladora como torpe contra la llamada “derecha moralista”, a la que intenta mezclar interesadamente con el coro caviar y desestabilizador. No es un error de redacción, es una confesión ideológica.
Cuando se descalifica la exigencia ética como moralismo, lo que se está diciendo es que la moral estorba. Y cuando se invoca la estabilidad para justificar la inacción frente a indicios graves de corrupción, lo que se defiende no es el orden democrático, sino la continuidad del negocio político. Esa ha sido, lamentablemente, una constante en nuestra historia reciente.
La respuesta de Renovación Popular, plasmada en el comunicado “En contra del ChifaGate”, es todo lo contrario. No se esconde detrás de eufemismos ni relativiza los hechos. Afirma con claridad que existe una derecha que no transa con la corrupción, que no utiliza el poder como mercancía y que no acepta la lógica perversa de que todo vale si conviene. Esa posición no es populista ni oportunista, es simplemente decente.
El intento de Fuerza Popular por colocar a Renovación Popular en el mismo saco que el progresismo caviar fracasa por una razón elemental, mientras unos utilizan la moral como discurso selectivo, otros la asumen como principio permanente. La diferencia no está en la denuncia, sino en la coherencia de la conducta.
Más grave aún es el uso cínico del concepto de estabilidad. La estabilidad no se construye encubriendo escándalos ni atacando a quienes exigen explicaciones. La verdadera inestabilidad nace cuando la corrupción se normaliza y el poder se desacopla de toda responsabilidad ética. Defender gobiernos débiles moralmente no fortalece la democracia, la carcome desde dentro.
Renovación Popular ha hecho lo que correspondía hacer, marcar una frontera política y moral. Ha dejado claro que no será cómplice ni de la izquierda ideologizada ni de una derecha mercantilista que ve en el Estado un espacio de transacción. Esa claridad incomoda, y por eso se la ataca.
Hoy el país no necesita comunicados ambiguos ni equilibrios fingidos. Necesita definiciones. Y la definición es sencilla, o se está del lado de la tolerancia con la corrupción, o del lado de los principios. No hay estabilidad posible cuando se renuncia a lo esencial.
Un comentario en «OPINIÓN/ La derecha con valores y la derecha mercantilista»
Me quedo con la posición de Fuerza Popular. El Perú no está para desestabilizaciones y cambios de gobierno, como cambias de camiseta. Yo diría más bien que los que le hacen el juego a la izquierda, sin una “derechita tonta”.
Me quedo con la posición de Fuerza Popular. El Perú no está para desestabilizaciones y cambios de gobierno, como cambias de camiseta. Yo diría más bien que los que le hacen el juego a la izquierda, sin una “derechita tonta”.