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OPINIÓN/ El voto perdido y el voto en contra.

Escribe: Manuel Ernesto Bernales Alvarado

Candidatos de partidos y de alianzas de grupos políticos, los actuales, no los del siglo XX, en todo el espectro político encaran hoy, la inminencia del voto perdido.

Siguiendo un esquema realista, no exclusivamente ideológico-reduccionista, solo entre  izquierdas y derechas, sino en las dimensiones de democrático y autoritario, se evidencia combinaciones realmente existentes: derecha autoritaria, derecha democrática, izquierda autoritaria, izquierda democrática. 

Estas dimensiones se evidencian también como derecha extrema antisistema en lo político y económico: mercado puro y duro, casi mejor sin Estado y hacer creer que todo el Estado, Poderes y niveles de gobierno deben servir a esa visión ideológica. En el otro lado, izquierda extrema antisistema político y económico, sustituidos por el control de la economía por el gobierno central, mejor si se mantienen mercados ilegales que amarran sus bases distritales y provinciales y de partido único, legal o de facto, controlando el Legislativo, gobiernos regionales y municipalidades. 

Es evidente también que estas articulaciones con economías ilegales también existen en derechas e inclusive centros. Esto se ve con más claridad en departamentos llamados regiones y en provincias y distritos, así como en circunscripciones limeñas y del Callao, donde el caciquismo continúa siendo una realidad.

Lo que se sabe de la primera vuelta electoral de este doce de abril, es que ni derechas ni izquierdas han declarado y actuado en favor de una opción y que hay dispersión de candidaturas que se evidencian de centro: centroderecha, centroizquierda, centro democrático, centro autoritario. La dispersión de esos votos resulta en el voto perdido: votos perdidos a los que se suma el tradicional mundo de indecisos y luego, en especial,  de votos en blanco o viciados, así como el voto en contra.

Las dos organizaciones políticas que pasen a una segunda vuelta, y tal vez hasta cuatro o cinco más que pasen la elevada valla electoral, diseñada a reducir bancadas y dificultar el transfuguismo -que se ha convertido en norma y realidad inocultable en paridos y agrupaciones “combi” -, es decir, que sube al vientre de alquiler quien paga para su bien o interés personal, no el del Perú, ni menos para un mejor Proyecto de Estado Nacional integrado, con justicia social, Estado de Derecho y superior estatura estratégica que aproveche lo positivo acumulado desde el siglo XX.

Un diario de circulación nacional en primera plana abogó por el voto en favor de los centros políticos caracterizados por la presencia dominante de élites, minorías, que Luis Bodin denominó genéricamente intelectuales, y que en la criolla Lima se les llama caviares en toda su variedad, anotando que este fenómeno existente en toda sociedad ha sido largamente estudiado. Hoy, en una revista de preferente consumo limense y urbano, se insiste en el voto desperdiciado.  

Otra evidencia en esta breve nota: los autoproclamados técnicos, decentes, competentes han sido y pueden seguir siendo casi personal con que puede contar el ganador de la segunda vuelta, como si fueran miembros de carreras públicas del Estado, a saber, diplomáticos, militares, policías, abogados, fiscales, jueces y otros. Suelen estar en contra de la versión de derechas de economía de mercado en que lo social no es esencial, pero en la campaña, no objetan el capítulo económico de la Constitución para lograr votos del centro derecha y centro izquierda, que a la fecha evidencian polarización. 

Esas organizaciones políticas pueden lograr alguna representación legislativa que permita ver y apreciar su desempeño, que en lo personal considero un hecho deseable, propio del pluralismo ideológico y político social de un Estado democrático. Nada es definitivo. 

Obviamente, vuelve a aparecer el voto en contra que se practica desde el siglo XIX más que el voto en favor. Máxime porque como anoté, prácticamente no hay planes de gobierno ni en papel, a lo más, listados, que suelen repetir frases hechas sobre tres o cuatro problemas estructurales que agobian al Perú, sin PLANES para cinco años constitucionales, muchas veces copiados de entes o consultores hacedores de libros o documentos derivados no de un proyecto de Estado Nacional como dije, sino de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles tomados acríticamente como si fueran auténticos Objetivos Nacionales.

 

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