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OPINIÓN/ Del hiperglobalismo ingenuo a la competencia estratégica administrada

Escribe: Javier Gamboa

Especialista en estrategia

 El nuevo Tiempo Bisagra del orden mundial

Durante décadas, el mundo creyó que la globalización había resuelto el viejo problema de la rivalidad entre potencias. La expansión del comercio, las cadenas globales de suministro, la integración financiera y la eficiencia económica parecían haber reemplazado definitivamente a la geopolítica clásica. Era la era del hiperglobalismo.

Bajo esa lógica, los países producirían donde fuera más eficiente, las finanzas circularían libremente y la interdependencia económica reduciría los incentivos para los grandes conflictos. Occidente asumió que la apertura comercial terminaría integrando gradualmente a China dentro de un orden global liberal liderado por Estados Unidos.

Sin embargo, la historia tomó otro camino. China utilizó la globalización para convertirse en la mayor potencia industrial del planeta, desarrollar capacidades tecnológicas propias y acumular influencia financiera y estratégica sin abandonar su propio modelo político.

Al mismo tiempo, Estados Unidos comenzó a percibir que el sistema que había ayudado a construir también estaba erosionando parte de su supremacía industrial y generando vulnerabilidades críticas.

OPINIÓN/ El tiempo bisagra y la ingenuidad del hiperglobalismo – El primer periódico digital del Perú – GUIK

La pandemia, la guerra en Ucrania, la crisis energética, la competencia tecnológica, la inteligencia artificial, los minerales estratégicos y las tensiones en Taiwán evidenciaron algo fundamental: la geopolítica nunca desapareció. Solo estuvo parcialmente contenida durante una etapa excepcional de estabilidad relativa.

En ensayos anteriores denominamos a este fenómeno: “la ingenuidad del hiperglobalismo”.

La creencia de que la eficiencia económica podía reemplazar a la estrategia. Hoy parece emerger una nueva etapa: la Era de la “Competencia Estratégica Administrada”.

Del Nixon Shock al nuevo equilibrio global

The Nixon Shock

Para entender el momento actual resulta inevitable regresar a 1971.

Ese año, Richard Nixon rompió la convertibilidad del dólar con el oro en el llamado “Nixon Shock”. A partir de entonces, el sistema financiero internacional dejó de sostenerse sobre metal físico y comenzó a depender principalmente de la confianza en el dólar.

Estados Unidos necesitaba entonces construir nuevas fuentes globales de demanda estructural para su moneda.

El primer gran pilar fue el petrodólar: el petróleo mundial comenzó a comercializarse mayoritariamente en dólares.

El segundo pilar fue China. La apertura iniciada por Nixon y Kissinger terminó integrando a China a la economía mundial como gran plataforma manufacturera exportadora en dólares.

Así nació buena parte de la arquitectura financiera y comercial que sostuvo el hiperglobalismo durante las siguientes décadas.

Pero hoy ese modelo parece entrar en transición.

Trump, China y la renegociación silenciosa

Trump y Xi afrontan su negociación decisiva para regular la mayor relación comercial bilateral del mundo | Internacional | EL PAÍS

Recientemente diversos analistas comenzaron a interpretar el acercamiento entre Donald Trump y Pekín no como un simple episodio diplomático, sino como una posible renegociación estructural de la coexistencia entre ambas potencias.

Uno de los análisis más llamativos proviene del académico y analista Jiang Xueqin, quien plantea que detrás de la visita habría un intento de redefinir el equilibrio financiero, energético y tecnológico mundial.

 Más allá de algunas hipótesis debatibles, el planteamiento contiene una intuición poderosa: Estados Unidos y China siguen siendo rivales estratégicos, pero también continúan profundamente interdependientes.

Y esa interdependencia podría estar obligando a ambos a construir nuevas formas de coexistencia pragmática.

El verdadero núcleo: Energía, Alimentos Y Finanzas

Inteligencia Artificial aplicada a las finanzas: la revolución que está transformando el sector - ID Bootcamps

La rivalidad actual ya no se limita al ámbito militar. Hoy el poder se disputa simultáneamente en:

Tecnología,

Inteligencia Artificial,

Semiconductores,

Monedas Digitales,

Energía,

Alimentos,

Rutas Marítimas,

Minerales Críticos, y

Control Financiero.

China posee enormes fortalezas industriales y tecnológicas, pero mantiene vulnerabilidades estructurales importantes:

  • Fuerte dependencia energética externa,

  • Necesidad de importar alimentos, y

  • Alta exposición al comercio marítimo global.

Estados Unidos, por su parte, enfrenta otro desafío: una gigantesca deuda pública que requiere mantener demanda global constante por activos denominados en dólares.

 Allí emerge una hipótesis particularmente interesante: el sistema dólar podría estar evolucionando hacia una nueva fase apoyada en monedas digitales y stablecoins respaldadas por bonos del Tesoro Americano.

En otras palabras: del oro, al petróleo, y ahora posiblemente hacia la digitalización del sistema dólar.

La paradoja China: competir y cooperar al mismo tiempo

La paradoja de la globalización de China – Rebelion

Aquí aparece uno de los aspectos más reveladores del nuevo escenario.

Aunque China y Estados Unidos compiten intensamente en tecnología y geopolítica, existen áreas donde la interdependencia sigue siendo demasiado importante para permitir una ruptura absoluta.

China necesita: Energía, Alimentos, Estabilidad Financiera, y acceso a mercados.

Estados Unidos necesita: Estabilidad del sistema dólar, compradores de deuda, cadenas productivas funcionales, y evitar un colapso desordenado del comercio global.

 Por eso, incluso en medio de guerras arancelarias, el comercio agrícola y energético continúa desempeñando un papel estabilizador.

La soya estadounidense sigue siendo crítica para la seguridad alimentaria china. La energía hemisférica puede convertirse en un amortiguador estratégico frente a las vulnerabilidades asiáticas y las finanzas continúan conectando estructuralmente a ambas economías.

 No estamos viendo el fin de la globalización. Estamos viendo su transformación.

BRICS, oro y la búsqueda de redundancia estratégica

🌍 BRICS Lanza Criptomoneda Respaldada por Oro para Desafiar | Umme Rimsha en Binance Square

Mientras tanto, China impulsa simultáneamente otra estrategia: la construcción de mecanismos alternativos y redundantes.

Ahí entran: los BRICS, los acuerdos en monedas locales, la expansión del Yuan y la acumulación acelerada de oro.

No necesariamente para destruir mañana el sistema dólar, sino para prepararse frente a un mundo más fragmentado e incierto.

El oro vuelve a adquirir importancia porque representa:

  • un activo soberano,

  • ajeno a sanciones,

  • independiente de sistemas digitales, y

  • refugio frente a crisis sistémicas.

Eso resulta especialmente relevante para países productores como Perú.

América Latina vuelve al tablero

No será China ni Estados Unidos. El futuro económico mundial se decidirá en América Latina: Brasil y México entran al tablero de las potencias

En este nuevo escenario, América Latina recupera relevancia estratégica.

Ya no solo como mercado; sino como:

Proveedor de minerales críticos,

Plataforma alimentaria,

Reserva energética,

Corredor logístico, y espacio de estabilidad relativa.

Estados Unidos vuelve a mirar el hemisferio occidental desde la lógica de seguridad estratégica. China, al mismo tiempo, necesita garantizar acceso estable a recursos, alimentos y energía, y allí América Latina podría convertirse nuevamente en pieza clave del equilibrio global.

 El caso peruano

Megapuerto de Chancay: Impulsando el Comercio Internacional de Perú

Perú posee condiciones extraordinarias para este nuevo tiempo bisagra: cobre, oro, plata, potencial energético, agroexportación, salida estratégica al Pacífico, y cercanía natural con Asia.

En un mundo donde: los minerales críticos adquieren valor geopolítico, el oro recupera importancia como reserva estratégica, y la resiliencia logística se vuelve prioritaria,

 Perú podría desempeñar un papel mucho más relevante del que tuvo durante el hiperglobalismo clásico.

Pero eso exigirá: estabilidad institucional, visión estratégica, infraestructura, seguridad jurídica, y capacidad de construir políticas de largo plazo.

Porque el nuevo orden mundial no premiará únicamente a los países con recursos naturales. Premiará a aquellos capaces de comprender primero el cambio histórico que ya comenzó.

Y quizás esa sea la principal conclusión de este “Tiempo Bisagra”: la historia no terminó; la geopolítica tampoco. Simplemente regresó al centro del escenario mundial bajo una nueva forma: la Competencia Estratégica Administrada.

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