Hallándose, entonces, suspendidas las relaciones con la RASD, tocaría ahora al gobierno de Keiko Fujimori, el rompimiento total, exactamente como hizo su padre, cuando Presidente del Perú.
De acuerdo con el derecho internacional la desvinculación de un Estado, en su condición de sujeto de derecho internacional, es decir, actor con derechos y deberes, de su relación con otro, o la de un Estado con cualesquiera de una diversidad de actores que podría incluir a no convencionales, en general, suele pasar por etapas sucesivas, siempre lógicas y esperadas en la intensidad de las progresivas referidas desvinculaciones, y que son: congelamiento, suspensión y rompimiento (ruptura). Son decisiones soberanas y unilaterales por lo que ningún Estado se debe a nada ni a nadie por decidirlas, y por tanto, no requieren de ningún permiso o autorización para efectivizarlas, y mucho menos justificarlas.
El flamante gobierno de Abelardo de la Espriella, presidente de la República de Colombia, acaba de hacerlo, decidiendo el congelamiento de las relaciones con la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” – RASD, una entidad ficticia, dado que no tiene existencia para el derecho internacional ni jamás ha sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, y más bien vinculada a grupos extremistas.
Al hacerlo, Colombia también ha reconocido la soberanía del Reino de Marruecos sobre el territorio del Sáhara Occidental, consagrándolo como parte integral del territorio del reino alauita; asimismo, Bogotá se ha sumado al abrumador apoyo de los países del globo, a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, que ha establecido la autonomía (gobierno administrativo), para las denominadas Provincias del Sur del Reino, o sea, para el referido Sáhara marroquí.
Dado que el Perú, por primera vez, se vinculó con la RASD, en 1984, durante el segundo gobierno de Fernando Belaunde, y estableció relaciones oficiales, en 1987, durante el primer mandato de Alan García, en realidad fue en 1996, en el segundo período presidencial de Alberto Fujimori –era canciller Francisco Tudela–, que nuestro país decidió el rompimiento de sus relaciones con la RASD.
El completo acierto de Fujimori se mantuvo por más de 25 años, hasta que el gobierno de Pedro Castillo –era canciller Óscar Maurtua–, incitado por sectores de izquierda, en 2021, lamentablemente decidió reanudarlas. Su sucesor, César Landa, las mantuvo. El 18 de agosto de 2022, hace 4 años, como dentro de dos días, hallándome en el cargo de ministro de Relaciones Exteriores, el gobierno del Perú, decidió “retirar el reconocimiento a la RASD y romper toda relación con dicha entidad” (Comunicado Oficial 003-22). Castillo, de manera incongruente, retrocedió en la decisión Estado, reactivándose las relaciones con la RASD, por lo que, ipso facto, presenté mi renuncia irrevocable.
Su sucesora, Dina Boluarte, en 2023, decidió suspenderlas, hasta que la actual presidenta de la República, Keiko Fujimori, aun en la condición de Presidenta Electa, anunció al país los dos pasos en favor de Marruecos, tal como Colombia, es decir, reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, y apoyo total al plan de autonomía para dicho territorio, hecho suyo por la ONU, en 2025, al ser considerada la propuesta del rey Mohamed VI, la más realista, seria y creíble. Hallándose, entonces, suspendidas las relaciones con la RASD, tocaría ahora al gobierno de Keiko Fujimori, el rompimiento total, exactamente como hizo su padre, cuando Presidente del Perú.