A propósito de los yerros, de los despropósitos y de las declaraciones poco felices que en los últimos días han protagonizado algunos ministros, particularmente el ministro de Economía y la ministra del Midis, y más aún frente al fenómeno meteorológico que viene afectando a diversos sectores de Lima, incluso zonas tan cercanas a la capital como Villa María del Triunfo y Villa El Salvador, hay una pregunta que empieza a hacerse inevitable: ¿dónde está Luis Galarreta?
La pregunta no es menor. Tampoco es una simple inquietud de quienes observamos la política desde fuera del Gobierno. Es una pregunta política que tiene que ver directamente con la conducción del gabinete y, por supuesto, con la responsabilidad que corresponde a quien ocupa la Presidencia del Consejo de Ministros.
Porque el Premier no es una figura decorativa. No está en el Gobierno para aparecer eventualmente en una fotografía, acompañar a la presidente de la República en alguna ceremonia o administrar la agenda del Consejo de Ministros. El Premier es, en buena medida, el hombre llamado a poner orden político en el gabinete, a articular las decisiones de los ministros y, sobre todo, a preservar la conducción política del Gobierno.
Y allí aparece el problema.
Cuando un ministro se equivoca, cuando otro incurre en una declaración desafortunada, cuando las palabras de un miembro del gabinete terminan generando desconcierto o indignación, uno se pregunta inmediatamente: ¿quién los está conduciendo?, ¿quién les está poniendo límites?, ¿quién está revisando el contenido y la oportunidad de sus declaraciones?, ¿quién les está recordando que cada palabra pronunciada desde un ministerio compromete políticamente al Gobierno?
Porque una cosa es equivocarse como ciudadano y otra muy distinta equivocarse siendo ministro de Estado.
Un ministro no habla a título personal. Habla desde el poder. Habla desde el Gobierno. Habla en representación del Estado. Y por eso sus palabras tienen consecuencias políticas que muchas veces no alcanzamos a medir en el momento mismo en que son pronunciadas.
De allí que resulte perfectamente legítimo preguntarse si en Palacio de Gobierno y, particularmente, en la Presidencia del Consejo de Ministros existe una estrategia de comunicación política. ¿Se está preparando a los ministros? ¿Existe un verdadero media training? ¿Se revisan sus intervenciones? ¿Se les advierte qué decir, qué no decir y, sobre todo, cómo decirlo?
No estamos hablando de censura ni de mordazas. Estamos hablando de algo elemental en cualquier gobierno que pretenda actuar con seriedad: coherencia, preparación y responsabilidad política.
Pero si todo ello resulta preocupante, mucho más preocupante es lo que ocurre cuando la emergencia golpea a la población.
Las imágenes de familias afectadas por las lluvias y por los efectos del fenómeno meteorológico en distintos puntos del país, incluidos sectores populares de Lima, deberían haber provocado una reacción inmediata y visible del Gobierno. No solamente desde el punto de vista operativo, sino también desde el punto de vista político y humano.
¿Dónde está el Premier?Esa es la pregunta.
¿Dónde está el hombre que debería estar coordinando a los ministros? ¿Dónde está quien debería estar verificando que las instituciones del Estado estén actuando? ¿Dónde está quien debería estar al lado de la presidente de la República, poniendo el pecho frente a una circunstancia que afecta a miles de peruanos?
El Gobierno no puede ser una suma de ministros hablando cada uno por su lado.
Porque frente a una tragedia, el Gobierno no puede ser una suma de ministros hablando cada uno por su lado. El Gobierno tiene que tener una sola voz, una sola dirección y, sobre todo, una conducción visible.
La ausencia del Premier en momentos como estos no solamente genera una sensación de vacío. Puede terminar generando algo mucho más delicado: la percepción de que el Gobierno carece de conducción política.
Y eso, para un gobierno que recién empieza, es peligroso.
La presidente Keiko Fujimori necesita un Premier que la proteja políticamente, que articule su gabinete, que ordene las respuestas y que evite que los ministros terminen convirtiéndose, por impericia o por falta de coordinación, en generadores de problemas para el propio Gobierno.
El Premier debe ser el primer fusible político. Debe absorber tensiones, corregir errores, ordenar a sus ministros y evitar que cada equivocación termine golpeando directamente a la figura presidencial.
No puede ocurrir que la presidente tenga que salir permanentemente a corregir, explicar o matizar aquello que dicen sus ministros.
Eso debilita la autoridad presidencial.
Y, peor todavía, deja una pregunta que empieza a instalarse en determinados espacios políticos: ¿está Galarreta ejerciendo realmente el papel que corresponde a un Premier o simplemente ocupando el cargo?
La diferencia no es semántica. Es política.
Un Premier tiene que estar donde están los problemas. Tiene que aparecer cuando la ciudadanía necesita respuestas. Tiene que acompañar a sus ministros, pero también tiene que enmendarles la plana cuando corresponde. Tiene que anticiparse a las crisis, no aparecer después de que estas hayan estallado.
Y aquí aparece una cuestión que no debería ser soslayada. En política, las ausencias también comunican.
La falta de presencia del Premier en determinadas circunstancias puede terminar diciendo mucho más que cualquier conferencia de prensa. Cuando la población espera liderazgo y el principal responsable de la coordinación política del gabinete no aparece, el vacío comienza a ser ocupado por las especulaciones.
Y ya hay quienes, en los espacios políticos, empiezan a preguntarse si Luis Galarreta no podría terminar convirtiéndose en el principal problema interno del gobierno de Keiko Fujimori.
En política las percepciones importan y, muchas veces, terminan convirtiéndose en realidades políticas si quienes tienen la responsabilidad de conducir no las corrigen oportunamente.
Por eso la pregunta vuelve, y vuelve con mayor fuerza: ¿Dónde está Luis Galarreta? ¿Dónde está el Premier cuando sus ministros incurren en errores comunicacionales? ¿Dónde está cuando sectores vulnerables de Lima enfrentan las consecuencias de un fenómeno meteorológico? ¿Dónde está cuando el Gobierno necesita mostrar capacidad de reacción, sensibilidad y autoridad?
No basta con tener el cargo.
El cargo exige presencia.
Exige liderazgo.
Exige capacidad de conducción.
Y, sobre todo, exige entender que ser Presidente del Consejo de Ministros no significa simplemente presidir reuniones del gabinete. Significa darle dirección política al Gobierno y proteger, con hechos y no solamente con discursos, la autoridad de la presidenta de la República.
El Gobierno de Keiko Fujimori recién comienza. Precisamente por eso no puede darse el lujo de permitir que sus ministros se conviertan en una fuente de problemas ni que la ausencia de su Premier empiece a convertirse en un asunto político.
Todavía hay tiempo para corregir.
Pero para corregir hay que mirar el problema de frente. Y hoy, más que nunca, la pregunta sigue allí, incómoda, insistente, cada vez más política: ¿Dónde está el Premier?