Una iniciativa nacida en el Perú para proteger las fuentes de agua dulce del planeta
Hay lugares que adquieren una dimensión especial no solamente por lo que representan, sino por aquello que pueden llegar a significar para toda la humanidad. Quehuisha, en la región de Arequipa, es uno de ellos. Allí, en el lugar identificado como origen del río Amazonas, nace ahora una iniciativa que busca convertir la protección de las fuentes de agua dulce en una responsabilidad compartida por el mundo.
Con motivo del trigésimo aniversario de la identificación del origen del Amazonas, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) fue escenario de la presentación de la Quehuisha Initiative, creada por el periodista y explorador italo-polaco Jacek Palkiewicz, integrante de la expedición Amazon 96.
El encuentro reunió a representantes del Ministerio del Ambiente, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Cultura, Marina de Guerra del Perú, Sociedad Geográfica de Lima y Pontificia Universidad Católica del Perú, además de miembros de aquella expedición que hace tres décadas emprendió la búsqueda del origen del gran río amazónico.
Pero no se trató solamente de recordar una hazaña exploratoria. El verdadero propósito fue mirar hacia el futuro.
La pregunta que entonces buscaba responder la expedición era: ¿dónde comienza el río Amazonas? Tres décadas después, Palkiewicz plantea una interrogante todavía más trascendente: ¿quién debe proteger el lugar donde comienza?
La respuesta apunta a una responsabilidad colectiva.
El agua dulce del planeta enfrenta hoy múltiples amenazas derivadas del cambio climático, la contaminación, la degradación de los ecosistemas y la acción humana. Por ello, la Quehuisha Initiative propone proteger las fuentes de agua dulce, preservar las zonas de origen de los ríos, impulsar la investigación científica y la educación ambiental, involucrar a las comunidades e instituciones locales y otorgar a estos lugares una mayor relevancia en la conciencia ambiental internacional.
La aspiración es ambiciosa: que el Amazonas y Quehuisha se conviertan en un referente mundial para la defensa de las fuentes de agua dulce.
El italiano Renzo Grego, participante de la expedición, resumió la dimensión simbólica del proyecto con una comparación poderosa: «Quehuisha debería convertirse para el agua dulce en lo que Yellowstone significa para la conservación de la naturaleza”. Y añadió una reflexión esencial: los verdaderos símbolos no nacen por decreto.
La iniciativa cuenta con el respaldo y participación de instituciones como la Sociedad Geográfica de Lima, la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, la Dirección de Medio Ambiente de la Cancillería, la Oficina de la UNESCO en el Perú, la Marina de Guerra y el Ministerio del Ambiente. También recibe el apoyo de personalidades internacionales, entre ellas Maude Barlow, reconocida por su trabajo para impulsar el reconocimiento del acceso al agua como un derecho humano.
Joaquín Montoya, de la PUCP, imagina a Quehuisha como un punto de encuentro internacional para científicos interesados en glaciares, cabeceras de cuenca, protección de cuencas hidrográficas y cambio climático.
Y Palkiewicz formula una aspiración que trasciende fronteras: que algún día un estudiante peruano pueda decir con orgullo que el río más extraordinario del planeta nace en su país y que su país decidió proteger su fuente.
La idea es sencilla y, precisamente por eso, poderosa: sin fuentes no hay ríos; sin ríos no hay agua; y sin agua no hay vida.
Quehuisha puede convertirse así en mucho más que un lugar geográfico. Puede ser un símbolo de conciencia, ciencia y responsabilidad. Un punto de partida para que el mundo recuerde que proteger el agua no significa únicamente cuidar un recurso: significa proteger nuestro propio futuro.
Quizá dentro de muchos años podamos decir: “Yo estuve allí cuando nació esta idea”.