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OPINIÓN/ Chinchero: las preguntas que nadie quiere hacer

Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

 

Cuando el silencio de los medios de comunicación también se convierte en una forma de indiferencia

El miércoles 23, durante las actividades por el Día de la Aviación Nacional en la Base Aérea Las Palmas, se presentó una oportunidad extraordinaria para que autoridades y periodistas hablaran no solamente del pasado de nuestra aviación, sino, sobre todo, de su futuro.

Y particularmente del futuro de Cusco.

Sin embargo, nuevamente se escucharon las preguntas cómodas.

¿Cómo van el otorgamiento de libertades del aire, la concesión de aeropuertos etc.?

Las preguntas sobre turismo, conectividad, cielos abiertos, nuevas rutas, aeropuertos y crecimiento del tráfico aéreo son, por supuesto, importantes. Pero cuando se tenía la oportunidad de preguntar por el futuro operacional de Chinchero, una de las mayores inversiones de fondos públicos en infraestructura aeronáutica del país, el silencio resulta difícil de entender.

¿Dónde quedaron las preguntas sobre seguridad operacional, procedimientos de salida y llegada, performance de las aeronaves, condiciones meteorológicas, operación a gran altitud y los escenarios críticos que deberán enfrentarse una vez que el aeropuerto entre en servicio? Si después de tantos años de planificación, estudios y miles de millones comprometidos esas preguntas todavía no forman parte del debate público, estamos ante una omisión que ya no debería pasar inadvertida.

¿Cómo va a operar realmente el futuro aeropuerto del Cusco?

Porque resulta llamativo que, en diferentes foros en los que participan el ministro de

Transportes y la directora de la DGAC, se hable de las oportunidades turísticas que generará Chinchero, de su potencial para recibir más pasajeros, de nuevas rutas internacionales e incluso de su posible condición de hub, pero prácticamente no se pregunte por aquello que hará posible o eventualmente limitará todo eso:
su capacidad real de operación y sus condiciones de seguridad operacional.

¿De qué sirve proyectar más turismo, más vuelos y más conectividad si todavía no se ha explicado suficientemente, con estudios técnicos verificables, qué aeronaves podrán operar en Chinchero, con qué restricciones de peso, bajo qué condiciones meteorológicas, cuáles serán sus procedimientos de salida y llegada y qué ocurrirá ante una falla de motor durante el despegue?

La pregunta no es si queremos que Chinchero tenga más vuelos.

La pregunta es qué vuelos podrá recibir realmente y bajo qué condiciones.

Y esa diferencia es fundamental.

Porque mientras todos hablan de lo que Chinchero podría generar para el turismo y la conectividad del Cusco, pareciera que muy pocos quieren preguntar cómo funcionará operacionalmente el aeropuerto que se está construyendo.

Y esa omisión, después de tantos años, sigue siendo preocupante.

¿Indiferencia, desconocimiento, negligencia o complacencia?

Hay momentos en que el silencio deja de ser simplemente silencio. Cuando una obra pública de esta magnitud compromete recursos del Estado, el futuro de la conectividad aérea del Cusco y las expectativas de millones de pasajeros y turistas, resulta legítimo preguntar:

¿Por qué prácticamente nadie está colocando en el centro del debate las condiciones reales de operación del futuro aeropuerto?

 ¿Es falta de información?

 ¿Es desconocimiento técnico?

 ¿Es indiferencia?

¿O existe una preocupante comodidad en limitar el debate a aquello que resulta más sencillo de explicar y menos incómodo de preguntar?

No corresponde afirmar intenciones sin pruebas.

Pero sí corresponde exigir respuestas.

Porque la sociedad tiene derecho a conocerlas.

Las preguntas que deberían estar en primera plana

 ¿Dónde están los estudios técnicos que demuestran cómo operará Chinchero?

 ¿Están concluidos y validados los estudios de seguridad operacional?

 ¿Están definidos y validados los procedimientos de salida y llegada?

Por las condiciones de altitud y orografía:

 ¿Qué aeronaves podrán operar, con qué pesos y bajo qué condiciones meteorológicas?

 ¿Se ha demostrado técnicamente qué ocurriría ante una falla de motor durante el despegue?

Se han realizado las validaciones necesarias para conocer las condiciones reales de operación antes de inaugurar el aeropuerto?

Estas NO son preguntas de un grupo de aficionados.

Son preguntas elementales para cualquier proyecto aeroportuario de esta magnitud.
Entonces: ¿Por qué no ocupan las primeras páginas?

¿Y los vuelos de Europa y Norteamérica?

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Durante años se ha presentado Chinchero como una infraestructura capaz de transformar la conectividad del Cusco y del sur del Perú.

Incluso se ha llegado a hablar de convertirlo en el gran hub internacional del sur del país.
Perfecto. Pero entonces hay que hacer las preguntas incómodas.

 ¿Qué vuelos internacionales de largo alcance están realmente previstos?

 ¿Desde qué ciudades?

 ¿Con qué aeronaves?

 ¿Con qué pesos de operación?

 ¿Bajo qué condiciones meteorológicas?

 ¿Qué aerolíneas han expresado formalmente su intención de operar en Chinchero y bajo qué condiciones?

 ¿Han evaluado técnicamente las condiciones operacionales del aeropuerto?

Porque decir que un aeropuerto será un hub es sencillo.

Demostrar que puede operar como hub es otra cosa.

¿Hub del sur o alimentador de Lima?

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Esta es probablemente una de las preguntas estratégicas más importantes para el futuro del Cusco.

¿Chinchero permitirá desarrollar una verdadera conectividad internacional desde el sur del Perú?

¿O las condiciones operacionales y comerciales terminarán determinando que gran parte de los pasajeros continúe siendo canalizada hacia Lima?

No estamos afirmando cuál será el resultado. Estamos preguntando quién lo ha estudiado y dónde están los documentos que lo demuestran. Porque si el objetivo estratégico era transformar al Cusco en un verdadero polo de conectividad internacional, el país tiene derecho a conocer las condiciones que permitirán o eventualmente limitarán ese objetivo.

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Aquí la pregunta debe ser aún más incómoda.

 ¿Dónde está la fiscalización sobre el futuro operacional de Chinchero?

 ¿Por qué la fiscalización puede concentrarse en contratos, cronogramas y avance físico, pero no vemos la misma intensidad preguntando por la capacidad operacional que tendrá el aeropuerto?

¿Quién está verificando que los estudios aeronáuticos sean suficientes?

 ¿Quién está verificando sus validaciones?

 ¿Quién está preguntando qué aeronaves podrán realmente operar?

 ¿Quién está preguntando por las rutas internacionales?

 ¿Quién está preguntando por las condiciones de seguridad operacional?

¿Quién está fiscalizando aquello que finalmente determinará qué aeropuerto tendremos?

 ¿Quién está evaluando el impacto que tendrán las limitaciones operacionales y las restricciones de peso para las aeronaves de los operadores aéreos en las tarifas de los pasajes y en los costos del transporte de carga?

¿Y la Contraloría?

Contraloría General de la República del Perú - Wikipedia, la enciclopedia libre

También corresponde preguntar a la Contraloría.

No solamente:

¿Cuánto cuesta?

 ¿Se cumple el contrato?

 ¿Avanza la obra?

Sino también:

¿La infraestructura que el Estado está financiando permitirá alcanzar los objetivos estratégicos y operacionales que motivaron y justificaron la inversión?

Porque podríamos llegar a una situación paradójica: tener un aeropuerto terminado, moderno y costoso…

Pero descubrir, cuando el aeropuerto ya esté construido y próximo a operar, que su utilización para determinadas operaciones, rutas o tipos de aeronaves está condicionada por factores técnicos, operacionales o de seguridad que debieron ser estudiados, resueltos y explicados públicamente mucho antes de poner la primera piedra, sería una situación que el país no debería tener que afrontar después de haber comprometido una inversión de esta magnitud.

Ese sería el peor momento para descubrirlo.

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La DGAC tiene que responder técnicamente.

  •  No con declaraciones generales.

  •  No con anuncios.

  •  No con discursos.

Con estudios de seguridad operacional concluidos y validados.

Con documentos técnicos debidamente suscritos por los responsables, que acrediten que los estudios necesarios fueron realizados, evaluados y validados, y que permitan absolver las interrogantes sobre la futura operación de Chinchero.

Con procedimientos operacionales definidos y validados.

Con criterios técnicos claramente establecidos.

Y con documentación oficial que pueda ser conocida, revisada y contrastada públicamente.

Porque en un proyecto de esta magnitud, las declaraciones no sustituyen a los estudios, ni los anuncios sustituyen a las validaciones técnicas.

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¿Cómo va a operar Chinchero?

Esa debería ser una pregunta central para la autoridad aeronáutica.
Y CORPAC también debe explicar, dentro del ámbito de sus competencias, qué condiciones y procedimientos de navegación aérea se han definido para Chinchero y cuáles son las validaciones realizadas de los procedimientos de salida y llegada.

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Quizás esta sea la parte más incómoda. Porque una democracia necesita autoridades que rindan cuentas. Pero también necesita una prensa que haga las preguntas verdaderamente importantes.

Una prensa que no se limite a reproducir comunicados. Una prensa que no convierta cada anuncio oficial en noticia sin contrastarlo con las preguntas que inevitablemente deberían acompañarlo.

La función del periodismo no es solamente informar lo que una autoridad dice. También es preguntar aquello que la autoridad no dice.

Y si durante una actividad oficial por el Día de la Aviación Nacional, desarrollada en el alma mater de la Fuerza Aérea del Perú y al pie de los restos de Jorge Chávez, nadie pregunta por las condiciones futuras de operación de Chinchero, tenemos que preguntarnos ¿por qué?

 ¿Es desconocimiento?

¿Es falta de especialistas?

 ¿Es falta de interés?

¿Es simplemente seguir la agenda oficial?

 ¿O nos estamos acostumbrando peligrosamente a que las autoridades definan también las preguntas que deben hacerles?

No esperemos a que el aeropuerto esté terminado

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 Todavía estamos a tiempo.

 Todavía se pueden solicitar los estudios.

 Todavía se pueden revisar las validaciones.

 Todavía se pueden confrontar las proyecciones con las capacidades reales.

 Todavía se puede discutir qué rutas son técnicamente viables.

 Todavía se puede analizar qué aeronaves podrán operar y bajo qué condiciones.

 Todavía se puede saber si la visión de Chinchero como hub internacional tiene sustento técnico, operacional y comercial.

 Todavía estamos a tiempo de decirle la verdad a Cusco y al país: qué puede hacer realmente Chinchero, qué limitaciones tendrá y bajo qué condiciones podrá operar.

Lo que NO deberíamos hacer es esperar a que el aeropuerto esté inaugurado para recién comenzar a descubrir sus limitaciones.

Porque entonces ya no estaremos fiscalizando una decisión.

Estaremos intentando corregirla después de haber gastado miles de millones de soles. Y entonces, ya será demasiado tarde.

La pregunta que queda

 

MTC.

DGAC.

CORPAC.

Congreso.

Contraloría.

 Medios de comunicación.

Todos tienen competencias y responsabilidades diferentes. Pero existe una pregunta que debería unirlos: ¿Qué aeropuerto estamos realmente construyendo para el Cusco?

Uno que pueda cumplir las expectativas internacionales que se han anunciado.
¿O uno cuyas verdaderas posibilidades operacionales todavía no han sido explicadas suficientemente al país?

No se trata de estar a favor o en contra de Chinchero

Se trata de algo mucho más elemental: exigir que el Perú sepa, antes de inaugurar el aeropuerto, qué puede hacer, qué no puede hacer y bajo qué condiciones puede hacerlo.

Porque si las autoridades conocen las respuestas, deberían mostrarlas. Y si todavía no las tienen, deberían decirlo.

Lo que ya no resulta aceptable es que, mientras se construye el aeropuerto, el país permanezca en silencio sobre la pregunta más importante:

¿Cómo va a operar?

¿Estamos ante una simple falta de información, una preocupante indiferencia, una inadmisible complacencia o, peor aún, ante una posible negligencia que alguien tendrá que explicar y asumir cuando ya no haya margen para corregir sus consecuencias?

No corresponde adelantar una respuesta sin pruebas 

Pero sí corresponde exigir que las preguntas sean respondidas.

Porque cuando se trata del futuro de un aeropuerto que compromete recursos públicos, la conectividad del Cusco y la seguridad de miles de pasajeros, las respuestas no pueden quedar en declaraciones generales ni en promesas de futuro. Deben estar sustentadas en estudios, validaciones y documentos técnicos que puedan ser conocidos y contrastados públicamente.

La respuesta no solo merece ser conocida.

MERECE SER PÚBLICA.

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