La designación de la dirigente del Partido Autenticidad y Modernidad inaugura una etapa inédita en la vida política marroquí y culmina un proceso progresivo de ampliación de la presencia femenina en las instituciones del Reino.
La elección de una fuerza política encabezada por una mujer y el posterior nombramiento de su dirigente para formar el Gobierno reflejan también una maduración de la sociedad marroquí respecto de la igualdad y de la aspiración a la paridad,
En un giro extraordinario y atípico en la gobernabilidad del país magrebí, Su Majestad Mohammed VI, Rey de Marruecos procedió, este martes en el Palacio Real de Rabat, al nombramiento de la Sra. Fatima Ezzahra El Mansouri como jefa del Gobierno de Marruecos, convirtiéndose en la primera mujer marroquí en asumir una de las más altas responsabilidades políticas del país. La designación se produce tras la victoria de su partido en las elecciones legislativas del 23 de septiembre y le encomienda, así, la tarea de formar el nuevo Ejecutivo.
Es de subrayar que dicho acontecimiento adquiere una dimensión que trasciende la sustitución ordinaria de un Gobierno. En efecto, por primera vez en la historia del Reino, una mujer llega a la jefatura del gobierno, abriendo una nueva secuencia institucional en un país cuya evolución política ha combinado, durante las últimas décadas, la estabilidad de sus instituciones con reformas graduales de carácter social, jurídico y político.
En este contexto, la llegada de El Mansouri a la Presidencia del Gobierno constituye el resultado de un proceso largo y coherente de promoción de la mujer marroquí. De hecho, desde el inicio de su reinado, Mohammed VI ha situado la ampliación de los derechos y de los espacios de responsabilidad de las mujeres dentro de una visión orientada a pasar del reconocimiento formal de derechos a su efectividad, de la protección jurídica al empoderamiento económico y social, y de éste a una participación plena en la vida pública nacional.
Uno de los pilares de esa transformación fue la reforma del Código de Familia conocida como – la Moudawana-, adoptada en 2004 bajo el impulso real. Esta reforma significó un punto de inflexión en la modernización del derecho de familia marroquí y reforzó el reconocimiento de los derechos de las mujeres como parte integrante del proyecto de modernización de la sociedad.
Posteriormente, la Constitución de 2011 consolidó, a su vez, este avance en el plano institucional. Pues, su artículo 19 reconoce la igualdad entre mujeres y hombres en el goce de los derechos y libertades civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.
De este modo, la igualdad dejó de ser únicamente una orientación de política pública para inscribirse en el núcleo mismo del orden constitucional marroquí. Asimismo, la incorporación de las féminas a los ámbitos superiores de decisión ha tenido precedentes significativos.
Ya en el 2000, el monarca designó a la fallecida Zoulikha Nasri como consejera real, convirtiéndola en la primera mujer en la historia de Marruecos en acceder a esa distinguida función dentro del Palacio Real. Aquella decisión proyectó una señal política clara sobre el acceso de las mujeres a las más altas responsabilidades del Estado.
A la vez, la creciente presencia femenina en el sistema político marroquí se refleja en el Parlamento. La Cámara de Representantes pasó de contar con dos diputadas en 1993 a 96 mujeres tras las elecciones legislativas de 2021, cifra equivalente a cerca de una cuarta parte de sus integrantes. Este avance evidencia una transformación paulatina de la representación política y de la participación de las mujeres en los procesos de decisión nacional.
Por consiguiente, el acceso de Fatima Ezzahra El Mansouri a la jefatura del Gobierno expresa una fase cualitativamente distinta: el paso de la representación a la conducción directa de la acción gubernamental. La elección de una fuerza política encabezada por una mujer y el posterior nombramiento de su dirigente para formar el Gobierno reflejan también una maduración de la sociedad marroquí respecto de la igualdad y de la aspiración a la paridad, tal como es reconocida por la Carta Magna marroquí.
No se trata, por tanto, de un hecho aislado ni de una ruptura improvisada. Es una evolución propiamente marroquí, construida sobre reformas institucionales, una creciente incorporación de las mujeres a la vida económica y pública, y la apertura progresiva de espacios de responsabilidad en sectores estratégicos. El cambio se inscribe así en una lógica de continuidad estatal, más que en una discontinuidad política.
Sin embargo, la trascendencia histórica del nombramiento no exime a la nueva jefa de Gobierno de los retos propios del cargo, inherentes a la formación de un gabinete capaz de reunir apoyos políticos, la conducción de los asuntos públicos, la capacidad de impulsar reformas y la respuesta a las expectativas de la ciudadanía que serán la verdadera medida de esta nueva etapa.
Finalmente, la novedad de este momento reside también en la serenidad institucional con la que se desarrolla. El cambio encuentra su lugar dentro de los mecanismos regulares del Estado; el progreso, dentro de la continuidad. Marruecos proyecta así la imagen de un país que busca acompañar las transformaciones de su sociedad sin renunciar a los fundamentos de estabilidad que han caracterizado su trayectoria política.
Al fin y al cabo, la designación de Fatima Ezzahra El Mansouri como Premier de Marruecos resonará, previsiblemente, más allá de las fronteras marroquíes, particularmente en los espacios africano, árabe y mediterráneo.
Para las nuevas generaciones, su acceso a la jefatura del Ejecutivo transmite igualmente un mensaje político de gran alcance: ninguna responsabilidad pública debe considerarse inaccesible cuando convergen legitimidad democrática, mérito, vocación de servicio y confianza institucional.