Ahora Keiko tiene la ocasión improbable, que literalmente le cae del cielo. Hagamos votos porque la sepa aprovechar.
Hay cosas no muy fáciles de entender. Tal parece que quienes votaron por Keiko en segunda vuelta han devenido cuestionadores en masa del gobierno y de la presidente. Recién se cumple un trimestre de gestión y ya decidieron que es hora de dejarla sola. La última ha sido Carla García Buscaglia en entrevista con el diario Expreso.
Es evidente que el fujimorismo ha fallado al otorgar poder a los neofujimoristas, pero los albertistas tampoco han demostrado habilidad alguna. La prueba está en la ausencia de Martha Chávez y Alejandro Aguinaga de una votación crucial en la Comisión de Constitución del Senado.
Los fujimoristas nunca fueron talentosos. En los noventa, Alberto Fujimori tuvo que convocar a sucesivos gabinetes de independientes, que hicieron la tarea dura por él. Incluyo acá, no sólo a Hurtado, De los Heros, Boloña, Chlimper, Pandolfi, Tudela y varios otros, sino también a Vladimiro Montesinos, que era (¿es?) un delincuente estructurado y sumamente habilidoso para apropiarse del poder desde las sombras. Su rol en la derrota del terrorismo fue menor pero Fujimori compró sus métodos y forjó una simbiosis con él. Luego compartió su papel y su destino, de modo absolutamente consciente.
Después de 26 años, el fujimorismo ha recuperado el Poder Ejecutivo y a estas alturas tiene a más de un tercio del país en contra y a la quinta parte, en duda. Eso es lo que dio el reparto de las cartas electorales y una gestión insulsa de tres meses.
No puede Keiko prescindir de hacer operación política experta, no sólo ante el Parlamento ni ante las instituciones clave de la organización democrática del país. También frente a los medios y, sobre todo, ante la sociedad.
Delante tiene dos desafíos evidentes: la reducción de la inseguridad ciudadana y la mitigación de los impactos del Fenómeno El Niño (o cualquier afectación climática significativa). Pretender que el éxito es posible sin una gran movilización social en respaldo de su gestión es iluso. Y esa movilización social positiva sólo se producirá si la población percibe resultados exitosos y reales. Nadie le pedirá que pare las lluvias o detenga un tornado, pero sí que las acciones acometidas desde agosto, funcionen y que la respuesta al daño sea inmediata y eficiente. Nadie le pedirá que acabe con el delito, pero sí que la tasa de homicidios y otros delitos graves disminuya visiblemente y que los responsables mayores sean severamente castigados.
Urge entonces que el gabinete sea muy mejor del que existe hoy ¿encabezado? por Luis Galarreta. Urge también que el principal operador parlamentario sea alguien claramente mejor (dotado de conocimiento y astucia) que Miki Torres.
Creo que quienes apostaron por Fujimori en la segunda vuelta deberían, si son consecuentes, aportar sus mejores cuadros al éxito de la gestión gubernamental. Y también aquellos independientes calificados que inclinaron la balanza al final. Es demasiado obvio que el equipo de gobierno, siendo que es claramente superior a los gabinetes de Castillo (cosa no muy difícil), no reúne la talla necesaria. Hacer determinados cambios se ha vuelto indispensable. Y hacerlo es posible.
Rafael Belaúnde está en la cuerda floja por la potente denuncia contra su asesora principal María Manturano por la contratación fantasma de 22 proveedores de servicios en Emilima S.A. durante su gestión. Emilima, no lo olvidemos, es una empresa privada de propiedad de la Municipalidad de Lima Metropolitana, que maneja la subasta de inmuebles de su propiedad. Manturano, no lo olvidemos, es militante de Libertad Popular y ha sido socia o colaboradora de Belaúnde en varios emprendimientos en la actividad privada. Belaúnde, no lo olvidemos, ha sido víctima de algún litigio balístico al sur de Lima motivado por tráfico de terrenos. La cosa es seria y amerita su pronto reemplazo.
Hablando de fantasmas, el fantasmal ministro de Transportes y Comunicaciones, Angello Tangherlini, es invisible y maneja el presupuesto más importante del sector público. Eso simplemente no puede ser. La visibilidad del MTC es inevitable y se tiene que notar en caminos, carreteras, túneles y puentes. La comparación inevitable con el Ministerio de Vivienda y Construcción, cuyo gestor principal, Mauricio Arnillas, demuestra hasta ahora proactividad y eficiencia, hace aun más notorio el espejismo de ministro que es Tangherlini. Debe irse, ya.
Si Trump pierde las midterms, tras el triunfo de Lula en Brasil, el papel de Espá en Torre Tagle, será un papelón. Su apuesta a la doctrina Donroe habrá fracasado. Curarse en salud es lo mejor. Tenemos cuatro o cinco candidatos de vuelo, diplomáticos de carrera, capaces de asumir mejor, con más equilibrio al menos, las relaciones internacionales del Perú.
No hablaré de Astudillo ahora porque ha recibido una segunda oportunidad. Me referiré más bien a que es hora de fusionar algunos ministerios, que duplican funciones. El caso más claro es el del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables con el de Inclusión Social. Pero empecemos de una vez a reducir el Estado y a hacerlo más eficiente y a buscar fórmulas de reconversión del empleo público excedente en empleo productivo. Sin grandes afectaciones pero lo peor es negarse a comenzar.
La visita del Papa traerá un espacio de paz en la desolación continua. Probablemente renazca la esperanza. Esta es la, tal vez única, oportunidad de la presidente Fujimori para exhibir un gabinete de polendas y no uno de media tabla. Los retos así lo exigen y, salvo que la mandataria quiera demostrar que sólo le interesa la incondicionalidad, podrá hacerlo inmediatamente antes o inmediatamente después de la visita papal a su país, al país que eligió por amor a su gente, a su “querida diócesis de Chiclayo”.
Sólo me queda cruzar los dedos y aguardar. Muchos de quienes votamos por Keiko en segunda vuelta lo hicimos porque había un abismo de diferencia con la otra oferta (no había forma de votar por Sánchez y su legión de senderistas y parientes de Castillo), pero no por ilusión alguna. Supusimos que el fujimorismo podía convocar a parte de lo mejor del país para reivindicarse, algo así como el segundo Alan. No fue así el 28 de julio.
Ahora Keiko tiene la ocasión improbable, que literalmente le cae del cielo. Hagamos votos porque la sepa aprovechar.