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OPINIÓN/ Marruecos, Sáhara Occidental y el fin del mandato de MINURSO

Escribe: Ernesto Bustamante*

 

La incógnita es si el Consejo acordará una nueva misión o dejará que la observación internacional desaparezca. Esa decisión puede pesar más en la evolución inmediata del conflicto que el propio veto.

El 30 de octubre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vivió una paradoja: Rusia vetó una resolución favorable a la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental, pero el resultado inmediato podría terminar beneficiando más a Marruecos que al Frente Polisario.

La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) fue creada en abril de 1991, mediante la Resolución 690, para supervisar el alto el fuego entre Marruecos y el Polisario y organizar un referéndum de autodeterminación. Ese referéndum nunca se realizó, por desacuerdos fundamentales sobre el censo electoral y las condiciones del proceso; en 2004 concluyó formalmente el trabajo de identificación de votantes.

Desde la medianoche del 31 de octubre, la misión carece de mandato. Eso no significa que la ONU haya reconocido la soberanía marroquí ni que haya suprimido el derecho de autodeterminación saharaui. Significa que la misión ha quedado sin autorización para continuar sus operaciones ordinarias. El 1 de noviembre, Naciones Unidas anunció el inicio del proceso de desmantelamiento y su secretario general, António Guterres, expresó preocupación por el riesgo de una escalada de hostilidades.

1. ¿Qué ocurrió?

El Consejo votó dos proyectos rivales. El proyecto de Estados Unidos proponía prorrogar la misión por un año, renombrarla MINUSO y revisar posteriormente sus funciones, tomando la autonomía bajo soberanía marroquí como única base de las negociaciones. Obtuvo 11 votos favorables y 3 abstenciones, pero fue vetado por Rusia.

El proyecto ruso, que pretendía mantener MINURSO sin cambios sustanciales, obtuvo 3 votos favorables, 11 abstenciones y el voto negativo de Estados Unidos, insuficientes para alcanzar los nueve apoyos requeridos. El resultado fue un bloqueo recíproco del Consejo.

2. Marruecos: ventaja práctica, no victoria jurídica

Para Rabat, el veto fue una derrota diplomática inmediata: impidió una resolución que habría consagrado su plan de autonomía. Pero la no renovación le ofrece una posible ganancia estratégica.

Marruecos controla la mayor parte del territorio y, sin observadores internacionales, podría consolidar su administración con menos escrutinio. El palacio real calificó la no renovación de “hecho significativo”, exigió la retirada del personal de la MINURSO de sus “provincias del sur” en los próximos días y pidió que el Consejo retire la cuestión de su agenda. Esa posición política de Rabat coincide ahora, en cuanto a la retirada de la misión, con el proceso de desmantelamiento anunciado por Naciones Unidas. No obstante, la salida de MINURSO no transfiere soberanía.

En El Aaiún, la principal ciudad del territorio bajo administración marroquí, las calles se adornaron con banderas marroquíes para celebrar el Día de la Unidad, feriado que conmemora la resolución de 2025.

3. Polisario: principios intactos, pérdida operativa

El Polisario gana en el plano de los principios. El veto impidió que el plan marroquí se consagrara como única vía, y el Polisario conserva así el argumento de que ninguna resolución ha cerrado otras alternativas, incluida la independencia.

Su representante, Sidi Omar, agradeció a Rusia el veto. Pero pierde una misión que, aunque nunca organizó el referéndum, mantenía presencia y observación sobre el terreno. Eso reduce la capacidad internacional de verificar incidentes y movimientos militares, y resta visibilidad al conflicto. Rusia evitó una derrota diplomática del Polisario, pero no logró preservar el instrumento que permitía la observación internacional.

4. ¿Qué implica que la misión no tenga mandato?

Conviene distinguir entre el fin de la autorización y la retirada física. La ONU advirtió que, sin renovación, cesarían las operaciones de mantenimiento de la paz, pero el repliegue de personal, vehículos e instalaciones requiere decisiones logísticas que no se ejecutan en una noche. Las consecuencias, sin embargo, son claras: cesa la observación militar ordinaria, queda comprometido un canal de verificación que ayudaba a evitar enfrentamientos y se afectan actividades complementarias, como el desminado.

Tampoco desaparece el proceso de descolonización. Naciones Unidas sigue considerando al Sáhara Occidental un territorio no autónomo. El Consejo conserva su competencia para volver a tratar el asunto, y el secretario general y su enviado personal pueden seguir actuando.

5. Lo que MINURSO hizo realmente

A mi juicio, MINURSO no impidió la consolidación territorial de Marruecos y, aunque no fue creada para favorecerla, contribuyó indirectamente a estabilizarla. Cuando la misión llegó, Marruecos ya controlaba alrededor del 80% del territorio, incluidas las principales ciudades, la costa atlántica, la pesca y los fosfatos de Bou Craa.

El Polisario se mantenía al este del muro defensivo marroquí, la berma, construida en los años ochenta. El alto el fuego congeló esa distribución: MINURSO no facilitó la conquista marroquí, porque llegó cuando ya se había producido, pero sí contribuyó a estabilizar la línea de separación.

La misión tuvo efectos en ambos sentidos. Por un lado, mantuvo una presencia internacional que recordaba que la controversia seguía abierta, con nueve emplazamientos de observación a ambos lados del muro y un mecanismo independiente de información sobre incidentes militares.

Por otro, favoreció indirectamente a Marruecos de tres maneras: congeló la situación militar, limitando las posibilidades del Polisario de modificar militarmente la distribución territorial; no tenía atribuciones para frenar las inversiones, carreteras e infraestructuras que Rabat desarrolló durante décadas; y, sobre todo, convirtió el tiempo en aliado de quien ya ejercía el control.

Marruecos no necesitaba conquistar el territorio, sino conservarlo mientras avanzaba su reconocimiento diplomático. Nada de esto demuestra que la misión buscara favorecer a Rabat; son los efectos indirectos del statu quo.

6. De supervisar una tregua a contener un conflicto

En noviembre de 2020 se reanudaron las hostilidades. MINURSO pasó de supervisar un alto el fuego a intentar contener un conflicto de baja intensidad: observar acontecimientos militares, investigar incidentes y reducir tensiones.

La Resolución 2797, de octubre de 2025, ya había favorecido la posición marroquí al establecer su propuesta de autonomía como base de las negociaciones y reconocer que una autonomía genuina bajo soberanía marroquí podría constituir el resultado más viable, aunque mantuvo la autodeterminación y la necesidad de una solución mutuamente aceptable. El veto de 2026 impidió reforzar ese enfoque, pero tampoco permitió conservar la misión.

7. Argelia y la rivalidad entre potencias

El conflicto no gira solo alrededor de Marruecos y el Polisario. Estados Unidos impulsa una solución basada en la autonomía marroquí; Rusia rechaza que el Consejo predetermine el resultado.

Argelia, que a mi juicio también podría perseguir una salida estratégica y comercial al Atlántico, mantiene su respaldo al Polisario, tanto por su posición sobre la autodeterminación como por su rivalidad histórica con Marruecos. La desaparición de la observación internacional podría agravar las tensiones regionales.

Conclusión

La distinción central es entre control territorial de facto y soberanía reconocida de iure. MINURSO no impidió que Marruecos consolidara su control; la estabilidad que ayudó a mantener probablemente lo facilitó. Pero su presencia recordaba que la soberanía seguía sin resolverse. La paradoja histórica es que una misión creada para facilitar la autodeterminación terminó funcionando, sobre todo, como un instrumento de estabilización de una distribución territorial favorable a Rabat.

A corto plazo, Marruecos parece el principal beneficiario práctico del bloqueo, pese a que Rusia vetó una resolución que favorecía sus intereses. Pero su ventaja tiene un límite: no existe una decisión del Consejo que reconozca su soberanía. Para el Polisario, el veto preserva una posición jurídica, a costa de una pérdida operativa importante.

La incógnita es si el Consejo acordará una nueva misión o dejará que la observación internacional desaparezca. Esa decisión puede pesar más en la evolución inmediata del conflicto que el propio veto. Si la observación internacional desaparece, podría aumentar el riesgo de escalada militar y favorecer una mayor intervención de potencias y Estados vecinos.

(*) Expresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República

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