Hay que ir al núcleo del problema, el centro de la tragedia, al pecado original de estos partidos improvisados, caudillistas y eventuales.
Mientras continúa el asedio extremista y antifujimorista a los senadores Jorge Gavidia y Juver Flores (Partido del Buen Gobierno, del cual se han apartado), así como a Daniel Barragán, Roger Astucuri y Walter Gago (Movimiento Cívico Obras) por brindar su apoyo a la delegación de facultades legislativas al Poder Ejecutivo, ha estallado otra crisis en los predios opositores que augura una rápida reconfiguración del balance del poder dentro del Congreso de la República.
Me refiero a la del partido Ahora Nación, liderado por Alfonso López Chau, quien se ha visto obligado a subrogar del rol de voceros a los diputados Indira Huillca y César Holguín debido a discrepancias internas sobre la línea política del grupo parlamentario. Ello mediando la finta de Huillca y Holguín de anticipar una “renuncia” a esa función para disfrazarse de dignos, incólumes, principistas.
La evaluación de estas fracturas no puede reducirse simplistamente a las dicotomías militantes-tránsfugas, leales-traidores, honestos-sinvergüenzas. Hay que ir al núcleo del problema, el centro de la tragedia, al pecado original de estos partidos improvisados, caudillistas y eventuales.
Si empezamos por Buen Gobierno, a muchos nos consta que su líder, Jorge Nieto Montesinos, pregonaba haber transitado de la izquierda comunista hacia el centro liberal (como alguna vez me explicó otro ciudadano que se reclamaba excomunista, Gino Costa: “liberal” modelo británico, laborista, jamás escuela económica austriaca).
La prueba pública de ese tránsito pareció exhibirse de manera rotunda cuando Nieto aceptó dos carteras ministeriales por parte del derechista Pedro Pablo Kuczynski, entre el 2016 y el 2017. No tenía entonces partido y fungía de carta política disponible, abierta y tolerante.
Con esa credencial fundó años después Buen Gobierno, reclutando personalidades de similar perfil. Es decir, lo más parecido a la socialdemocracia ante el vacío dejado por el APRA y Acción Popular en ese segmento. Queda claro que su punto de atracción era la equidistancia con la izquierda y derecha radicales.
El Perú racional es hoy testigo de las acrobacias retóricas de Nieto, quien cree que convence su palabrería sobre que Buen Gobierno es un partido sólido, doctrinario, programático y no un club de amigos. Argumentos con los cuales justifica su cercanía a la escoria de Juntos por Perú y su subordinación a Roberto Sánchez. Estoy seguro de que Gavidia y Flores no imaginaban tal conducta del “centrista”. Intuyo que Flavio Figallo tampoco, pero respeto su código de privilegiar la lealtad personal hacia Nieto.
Veo algo diferente en López Chau y Ahora Nación. Su ingenuidad fue creer que Huillca, Holguín, Mirtha Vásquez y otros de la misma esencia oportunista —aferrada a las más retrógradas agendas zurdas— adoptarían su visión cuestionadora de las inequidades del capitalismo pero creyente en la libertad de mercado con regulaciones. Invitarlos como candidatos fue grave error. Prescindir de ellos corrige algo el exabrupto y alterará votaciones en el Legislativo.
Buen Gobierno, en consecuencia, no es de centro. López Chau lo es, pero se rodeó de la ultra camuflada. Cabe decir por eso que el centro político del Perú anda gravemente extraviado y —como sostiene Felipe Ortiz de Zevallos— ha perdido virtuosidad