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OPINIÓN/ ¡Difícil situación entre la política, la justicia y la sociedad del Perú!

Escribe: César David Gallo Lale

Teniente General FAP

 

La única forma de romper este ciclo es fortaleciendo la civilidad

 

La fragilidad de las instituciones tutelares y la sombra de la inconstitucionalidad han llevado a nuestro país a una encrucijada. Hoy, el Perú se encuentra en una situación donde la gobernabilidad y el Estado de derecho conviven, a menudo, con fuerzas corrosivas como la informalidad, la corrupción y la ilegalidad. La dicotomía entre la ley y la realidad es palpable en todos los niveles.

Un ejemplo claro es la economía; un vasto porcentaje de la actividad económica opera de manera informal o ilegal, al margen de la regulación y el sistema tributario. Esta informalidad no solo priva al Estado de recursos vitales, sino que también erosiona la idea de que las reglas son para todos, debilitando la confianza en las instituciones.

La corrupción es una plaga que se manifiesta en el Gobierno, el Congreso, el Poder Judicial y la Fiscalía de la Nación, con escándalos recurrentes que involucran a figuras de alto perfil. Estos actos no solo desvían fondos públicos, sino que también perpetúan un ciclo de impunidad. La percepción de que la justicia es selectiva, y de que el poder político puede manipular los procesos legales, ha generado una profunda desconfianza ciudadana.

El Poder Judicial y la Fiscalía deberían ser los guardianes de la justicia. Sin embargo, su independencia se ve frecuentemente comprometida. Han sido muchas las ocasiones en las que se ha cuestionado la imparcialidad de jueces y fiscales, acusados de politización, prevaricación o de ceder a presiones externas. Esta pérdida de credibilidad es devastadora; cuando los ciudadanos ya no creen en la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley, recurren a la “justicia por mano propia” o a mecanismos extralegales.

La supuesta lucha contra la corrupción resulta, para muchos, una burla a la inteligencia del pueblo peruano. La Fiscalía no ha logrado avances significativos en más de una década de investigaciones de alto impacto; el caso Lava Jato, el “club de la construcción”, las denuncias por genocidio y coimas contra Martín Vizcarra, los sobornos de Susana Villarán, el escandaloso control que ejercerían personajes como Gustavo Gorriti sobre la Fiscalía y el Poder Judicial, así como la presunta persecución y manipulación política de las instituciones judiciales.

La percepción de que se invoca la inconstitucionalidad como pretexto para evadir la justicia debilita aún más la fe en el sistema, dejando impune a la delincuencia y persiguiendo selectivamente a los opositores de la izquierda. A ello se suma la complicidad de una mayoría de medios de comunicación alineados con el progresismo o “caviarismo” prostituidos en su mayoría.

Este péndulo entre anarquía y autoritarismo es un ciclo tan peligroso como destructivo.

La lucha en un contexto de barbarie e ilegalidad comienza cuando las instituciones fallan, y la sociedad se enfrenta a la amenaza de la anarquía. Esta se manifiesta en el aumento de la criminalidad organizada y la falta de respeto por la autoridad. La respuesta a este caos suele ser un clamor por un «gobierno de mano dura», lo que, a su vez, puede abrir la puerta a una autocracia, un sistema donde una sola persona o un pequeño grupo concentra todo el poder, ignorando los derechos y libertades fundamentales. Este péndulo entre anarquía y autoritarismo es un ciclo tan peligroso como destructivo.

La única forma de romper este ciclo es fortaleciendo la civilidad. Esta implica respeto mutuo, cumplimiento de normas y resolución de conflictos a través del diálogo y las instituciones, no por medio de la violencia o la ilegalidad. Un Gobierno transparente, un Congreso que legisle en favor del bien común y un sistema de justicia verdaderamente independiente son pilares fundamentales para una sociedad justa y menos vulnerable al colapso institucional.

En última instancia, el futuro del Perú dependerá de si sus ciudadanos y líderes son capaces de superar la tentación de la informalidad, la corrupción y la ideologización de la justicia, para construir una auténtica cultura de legalidad.

¿Tendremos los peruanos la capacidad de discernir por quién votar para reconstruir el país y constituir una nación con futuro?

¿Qué partido político cuenta realmente con la capacidad para lograr los objetivos de civilidad, desarrollo, formalidad, transparencia y legalidad, indispensables para erradicar el cáncer criminal que ha hecho metástasis en todas las instituciones del Perú?

“Les recuerdo, con el cáncer no se convive; o lo extirpas, o te mata.”

De nosotros depende. Si deseas vivir dignamente, elige a quien te garantice ese futuro digno, libre del cáncer del caviarismo, el progresismo o el comunismo.

 

“ESTAMOS ADVERTIDOS, EL FUTURO O LA ANIQUILACIÓN DEL PERÚ  ESTÁ EN TUS MANOS. TU VOTO PODRÍA SER TU ÚLTIMO EJERCICIO CONSTITUCIONAL ANTES DE LA ANARQUÍA”

 

 

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