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OPINIÓN/ Dos visiones de país frente a frente en la segunda vuelta electoral

Escribe: José Soto Lazo

El reto del elector peruano no consiste únicamente en elegir entre derecha o izquierda, sino en defender un modelo democrático donde las reformas necesarias no sacrifiquen libertade

Las elecciones peruanas de 2026 colocan al país ante una decisión que trasciende la preferencia política inmediata. Los planes de gobierno de Fuerza Popular y Juntos por el Perú representan proyectos profundamente distintos sobre el rumbo del Estado, la economía y la democracia. Comprender sus propuestas, beneficios y riesgos no es solo un ejercicio político, sino una obligación ciudadana fundamental.

Fuerza Popular plantea, a través de su programa «Perú con Orden», una estrategia basada en seguridad, estabilidad económica y desarrollo social. En seguridad propone reducir homicidios mediante vigilancia predictiva, patrullajes coordinados y construcción de megapenales. En economía busca preservar la autonomía del Banco Central de Reserva, reducir trabas burocráticas, modernizar procesos con inteligencia artificial y fortalecer la inversión privada.

Además, promete ampliar programas educativos, construir colegios, reducir la anemia infantil y respaldar a las micro y pequeñas empresas, sectores vitales en una economía donde la informalidad sigue siendo predominante.

Estas propuestas buscan responder a problemas urgentes del Perú: pobreza, inseguridad, deficiencias educativas y precariedad empresarial. Si se ejecutan con eficiencia, podrían generar mejoras concretas para millones de ciudadanos.

Sin embargo, existen riesgos importantes. El peso histórico del fujimorismo incluye investigaciones por corrupción, cuestionamientos al financiamiento político y una herencia asociada al autoritarismo de los años noventa. La reivindicación de una etapa marcada por el cierre del Congreso y violaciones a derechos humanos despierta temores legítimos sobre una posible concentración de poder bajo el discurso del orden.

Por otro lado, Juntos por el Perú propone una transformación más estructural. Su visión apuesta por fortalecer el rol del Estado, recuperar soberanía sobre recursos estratégicos, redactar una nueva Constitución, ampliar servicios públicos y fomentar mayor participación ciudadana. Su enfoque social busca reducir desigualdades históricas y responder a sectores tradicionalmente excluidos, especialmente regiones alejadas del desarrollo centralista.

Las propuestas de reforma en salud, educación e inclusión conectan con demandas sociales postergadas durante décadas. Sin embargo, también existen alertas significativas. Su cercanía con corrientes castillistas, el impulso de reformas constitucionales profundas y propuestas que podrían afectar la autonomía del Banco Central generan preocupación sobre estabilidad institucional y económica. Además, la reivindicación de sectores vinculados a recientes crisis políticas plantea dudas sobre el respeto a la separación de poderes.

Ambos proyectos ofrecen beneficios potenciales, pero también contienen señales que podrían comprometer la democracia si no existen límites institucionales sólidos. Por ello, el voto en 2026 exige una evaluación seria, más allá de slogans o emociones partidarias.

El reto del elector peruano no consiste únicamente en elegir entre derecha o izquierda, sino en defender un modelo democrático donde las reformas necesarias no sacrifiquen libertades, institucionalidad ni equilibrio de poderes.

El Perú necesita soluciones urgentes, pero también memoria histórica y vigilancia ciudadana. La democracia, después de múltiples crisis, no puede darse por sentada. Elegir responsablemente implica exigir propuestas viables, respeto a las instituciones y verdadero compromiso con el futuro nacional.

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