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OPINIÓN/ Empiezan a esfumarse esperanzas de cambio

Escribe: Pedro Morales Mansilla.

LXIV aniversario de la fundación de Acción Popular | Fernando Belaunde | Pedro Morales Mansilla | | Política | La República

optimistamente sugiero reavivamos la esperanza del cambio de verdad y en democracia, pues si el mensaje de las precandidaturas es “más de lo mismo” y podríamos decir de los nuevos rostros igual. Nos queda el voto.

El viernes 31 de oct. se cumplió el plazo para que los partidos (39) presenten sus listas de precandidatos que competirán, dizque, en sus “elecciones internas”, para llegar a ser candidatos a la presidencia, senadores y diputados de la República en las elecciones del 12 de abril de 2026. Conocidas la composición de la mayoría de ellas, no se necesita ser acucioso analista, basta con simple lógica, para toparnos con la inquietante realidad. Casi todas, representan más de lo mismo y lógicamente empiezan a esfumarse las esperanzas de un cambio real para bien, en la próxima representación política del país.

Preocupa, además, que ya se observa un proceso de desmadre electoral, precipitado por los últimos tres Congresos. Lejos de impulsar una reforma electoral racional, ejecutaron una contrarreforma, aprobando normas que significaron retroceso y terminaron beneficiando a sus líderes, agrupaciones y a ellos mismos. Desde el inicio de su período, no solo aseguraron su permanencia hasta julio de 2026, sino que además, consiguieron modificar la Constitución para habilitarse la posibilidad de reelegirse de manera inmediata en el próximo Congreso. Sin escrúpulos, infiltraron en la propuesta de retorno a la bicameralidad, disposiciones que les permiten dicho beneficio.

En este contexto, es claro que la inclusión de elegir candidatos por la modalidad de “primarias” por delegados, además de las PASO (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) y las PISO (Primarias Internas, simultáneas y Obligatorias) siendo esta última la más adecuada para el fortalecimiento de la democracia interna de los partidos; tuvo la deliberada  consigna,  ahora evidente, de fortalecer el poder de los dueños de partidos y  dirigencias totalitarias y mercantilistas, que sin duda tiene consecuencias negativas en  la oferta de candidaturas y ponen en tela de juicio la legitimidad de las mismas, más si en esta etapa la ONPE, no participa directamente.

Las normas “consigna”, nos traen “casos” como candidaturas presidenciales tentando en simultáneo un escaño senatorial; farsa de elecciones con una sola lista y candidatos a la presidencia “naturales”; prescindencia de filtros partidarios para permitir candidatos “reeleccionistas” del congreso más nefasto de la historia republicana, espontáneos sin formación, tránsfugas, oportunistas, sospechosos de corrupción y hasta con carpetas fiscales aduciendo “la presunción de inocencia”, cuando en política, los electores tenemos derecho a la “presunción de culpabilidad”. En suma, normalizan la condición de “vientres de alquiler” y “espacio de reciclaje” en que se han convertido la mayoría de los partidos.

Es lamentable y de justificada preocupación el mensaje que emiten las listas de precandidatos ya inscritas. Claro, sería injusto desconocer que hay honrosas excepciones de buena fe, pero “una golondrina no hace verano”. No  exageramos al decir que son “más de los mismo” o acaso, no están los mismos partidos que  formaron un Congreso autoritario con mochilas de corruptelas y orgías presupuestales, acaso  no son sus líderes los que les dieron las consignas;  acaso en las colectividades de etiquetas nuevas no hay caras conocidas que pululan  en deferentes  partidos y ya tuvieron su oportunidad  en la que  no destacaron y acaso no albergan tránsfugas sin convicciones y desleales a la ideología que paporreteaban en busca de votos y  traicionaron con pretextos risibles.  

Veremos qué pasa el próximo 12 de abril, la “pelota” estará en el área chica a tiro de gol de la ciudadanía ante un arco defendido, mayoritariamente, por los mismos (personas y actitudes) de siempre. Aunque empezaron a esfumarse las esperanzas del cambio que reencamine la institucionalidad, opere el desarrollo integral con libertad e implante un necesario shock de valores (sin ello, lo demás es lo demás) al país; me inclino a confiar en el último y potente filtro del voto informado y con lealtad al Perú. Esperemos que así sea y optimistamente sugiero reavivamos la esperanza del cambio de verdad y en democracia, pues si el mensaje de las precandidaturas es “más de lo mismo” y podríamos decir de los nuevos rostros igual. Nos queda el voto.

Lima, 2 de noviembre de 2025.

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