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OPINIÓN/ Los reconocimientos turísticos del Perú: una oportunidad para crecer

Escribe: Eco. José Soto Lazo

jsoto2503@gmail.com

Debemos pasar de celebrar el reconocimiento a convertirlo en una invitación concreta a viajar por el Perú.

Cada reconocimiento internacional que recibe el Perú por sus atractivos turísticos despierta legítimo orgullo. Es una forma de comprobar que nuestra historia, nuestra gastronomía, nuestros paisajes y la diversidad de nuestras culturas despiertan el interés del mundo. Sin embargo, más allá de la satisfacción que producen estos galardones, conviene detenernos a pensar qué estamos haciendo para convertir ese prestigio en oportunidades concretas para el país.

Obtener seis galardones significa que el Perú ha logrado destacar entre numerosos destinos internacionales, pero también nos recuerda que el reconocimiento, por sí solo, no garantiza mejores resultados. Una distinción puede despertar curiosidad, fortalecer nuestra imagen y motivar a miles de personas a considerar una visita. Lo verdaderamente importante es saber aprovechar ese interés para generar beneficios económicos y sociales que alcancen a más peruanos.

Con frecuencia, la promoción turística se concentra en comunicar los premios y exhibir los atractivos que nos distinguen. Aunque esa labor es necesaria, el desafío va mucho más allá. No basta con decirle al mundo que tenemos lugares extraordinarios; necesitamos mostrar cómo descubrirlos, qué experiencias ofrecen y por qué vale la pena conocerlos.

En otras palabras, debemos pasar de celebrar el reconocimiento a convertirlo en una invitación concreta a viajar por el Perú.

Esta reflexión también debería llevarnos a mirar más allá de los destinos tradicionales. Machupicchu, Cusco y Lima tienen un lugar importante en la imagen turística nacional, pero nuestro territorio alberga innumerables experiencias que todavía necesitan mayor visibilidad. Desde los paisajes andinos hasta la Amazonía, pasando por las playas, las comunidades rurales y las expresiones culturales de cada región, existe un potencial que merece incorporarse de manera más decidida a la oferta turística.

Detrás de cada destino hay personas que esperan que el turismo contribuya a mejorar sus condiciones de vida. Pequeños empresarios, artesanos, guías, transportistas, restaurantes y alojamientos familiares pueden encontrar en esta actividad una fuente de ingresos y oportunidades. Por eso, aprovechar los reconocimientos internacionales también significa preguntarnos cuánto de ese prestigio se transforma en trabajo, ventas y bienestar para las comunidades que mantienen vivos nuestros atractivos.

En esta tarea, la responsabilidad no corresponde únicamente al Estado. Las instituciones públicas deben impulsar campañas bien orientadas, mejorar la infraestructura y facilitar las condiciones para recibir visitantes. Al mismo tiempo, las empresas tienen que apostar por la calidad, la innovación y la atención al turista. La coordinación entre ambos sectores resulta indispensable para construir una propuesta competitiva y sostenible.

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Pero existe una condición que no podemos olvidar: promover más turismo también implica prepararnos para recibirlo mejor. La seguridad, la conectividad, la limpieza, la conservación del patrimonio y la calidad de los servicios forman parte de la experiencia que el visitante se lleva del país. Sería contradictorio invertir esfuerzos en atraer turistas y descuidar aquello que hace valiosa su visita.

También debemos aprender a medir los resultados. No basta con contar premios o anunciar campañas; necesitamos conocer si llegan más visitantes, si permanecen más tiempo, si gastan más y si los beneficios alcanzan a un mayor número de regiones y pequeños negocios.

Los reconocimientos internacionales deben ser motivo de orgullo, pero también una invitación a reflexionar sobre nuestras responsabilidades. El Perú posee recursos turísticos extraordinarios, aunque su aprovechamiento exige planificación, compromiso y una visión de largo plazo.

Al final, el verdadero valor de estos premios no estará solamente en el nombre del Perú en una lista de destinos destacados, sino en nuestra capacidad para transformar esa distinción en oportunidades. Porque el turismo alcanza su mayor significado cuando, además de mostrar al mundo lo que somos, contribuye a mejorar la vida de quienes habitamos este país.

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