Hágase (y háganos) un favor, diga la verdad y acójase a la conclusión anticipada del proceso (quizá todavía pueda), aunque sea con su ficticia voz dulce y engolada.
Conocí a Susana Villarán en la Asociación de Padres de Familia del colegio donde estudiaban mis hijas y su nieta (de la que Susana era tutora). Eran los noventa y compartimos la Junta Directiva de la APAFA (luego llamada, en un alarde de huachafería, AMAPAFA). En una de nuestras primeras reuniones teníamos que aprobar el presupuesto del año siguiente y a mí me tocó hacer la propuesta. Tal como había aprendido, el presupuesto se construía a partir de los ingresos estimados y, con esa base, de los gastos priorizados. No cabía proponer ningún gasto sin soporte de ingresos.
Sin embargo, otro miembro de la directiva planteó exactamente lo inadmisible y dijo que primero había que establecer los gastos y luego proponer cómo se obtendría los ingresos que los sustente. Me opuse, por supuesto, y se inició un debate inútilmente virulento sobre si los gastos se subordinaban a los ingresos o al revés. Era una discusión tan tonta como excluyente.
De pronto pidió la palabra Susana y dijo (creo que estoy siendo literal) con su ficticia voz dulce y engolada:
¿No podemos encontrar un punto intermedio?
La respuesta fue un rotundo NO dicho por ambos gladiadores (por supuesto es una figura, yo soy flaco y el otro, bajo). Así aprendí a respetar al adversario franco y a desconsiderar al conciliador falso. Los buenos modales son una cosa, la transacción gratuita, completamente otra. Susana era eso: la transacción irresponsable. Siempre lo fue. El problema es que un irresponsable puede cruzar cualquier línea roja.
Susana fue ministra breve con Paniagua, Defensora de la Policía con Rospigliosi en fase caviar y Alcalde de Lima gracias a la casualidad. El candidato favorito, Alex Kouri, fue expulsado de la contienda y su principal rival y nueva favorita, Lourdes Flores, estaba destinada a la derrota, cual estigma de su carrera política. Entonces Susana apareció como la siguiente en discordia y con su ficticia voz dulce y engolada terminó ganando la elección.
Hizo poco y nada, Susana, por Lima. Un grupo de personas, con buenas y malas intenciones, logró reunir las firmas para lograr su revocatoria y tuvo que enfrentar la amenaza de la defenestración inminente. De pronto, una gran cantidad de defensores y de publicidad apareció de la nada y el NO comenzó a crecer. Todo tipo de personajes mediáticos empezó a respaldar a la llamada Tía Regia para que no fuera despojada de la alcaldía. Todos veíamos el derroche de carteles y tandas publicitarias a su favor y pocos se preguntaban: ¿De dónde pecata mea? Susana con su ficticia voz dulce y engolada decía que eran aportes voluntarios de limeños esforzados y valientes. El Caso Cocteles era chancay de a medio.
Ganó el NO y Susana se quedó. Pero casi todos sus regidores fueron revocados y hubo que elegir nuevos después. Susana siguió haciendo lo mismo: poco y nada. Pero se lanzó a la reelección en otra campaña millonaria en verdes. Esta vez perdió pero firmó adendas a los contratos de Odebrecht en el Proyecto Rutas de Lima y de OAS en el Proyecto Línea Amarilla, los dos proyectos viales más grandes de la Municipalidad de Lima, mejorando las condiciones de ambas concesiones (para los concesionarios, por supuesto). Se encendieron las alarmas.
En el Acuerdo de Colaboración Eficaz con Odebrecht se consigna un aporte millonario de la hoy llamada Novonor a la campaña por el NO a la revocatoria (tres millones de dólares) y otro un poco menor (un millón de dólares) para el intento de reelección de Susana. Pero los fiscales del Equipo Especial Lava Jato (Vela y Pérez) no formularon acusación alguna al principio.
Cuando, en abril de 2019, los mismos Vela y Pérez viajaron a Brasil para uno de los varios interrogatorios a los funcionarios de Odebrecht, también estaba previsto que interrogaran a Leo Pinheiro, presidente de OAS. Pero, por alguna razón que pronto deberán explicar, retornaron apresuradamente al Perú el 25 de abril y dijeron que se postergaban la pesquisa a Pinheiro.
Sin embargo, parece que olvidaron avisarle al presidente de OAS, que igual se presentó al día siguiente. Como no habían adelantado el viaje de todo el equipo, aún estaban Germán Juárez y Carlos Puma, que decidieron interrogarlo y Pinheiro se despachó con todo. Siete millones de dólares no son moco de pavo. Ya no había manera de excluir a ka Tía Regia.
Así fue que días más tarde, tras algunos tiras y aflojas, Susana, con su ficticia voz dulce y engolada (y un poco lacrimógena añadida) admitió públicamente haber gestionado y recibido millones de dólares de Odebrecht y OAS para sus campañas.
A pesar de la evidente admisión pública del delito, los fiscales nada hicieron durante años. Carlos Puma renunció al Equipo Lava Jato, supongo que indignado. Preguntado Vela por qué no avanzaban con Susana como con otros casos, existiendo confesión de parte, respondió diciendo que la Tía Regia no había reiterado esa declaración en el expediente, como si la noticia criminal no fuera parte del expediente.
Muy bien, esta protección terminó cuando en la primera audiencia del juicio oral, Susana, con su ficticia voz dulce y engolada, admitió formalmente ante los jueces haber recibido dinero de proveedores como aportes de campaña pero que eso entonces no era delito. No queda mucho por demostrar salvo que Pérez quiera seguir estirando el proceso interrogando a sus quinientos testigos.
Señora Susana, no sé quiénes sean sus abogados pero la están engañando. Un funcionario público no puede recibir un centavo de los proveedores de la entidad que representa, ni siquiera como aporte de campaña, porque es delito. Un funcionario público no puede mejorar las condiciones del proveedor en ningún contrato, menos aún si le dio dinero, porque se presume que una y otra cosa están vinculadas y por tanto es delito.
No tiene salida señora Susana, salvo que Pérez alargue el juicio hasta que usted cumpla ochenta años y pretenda acogerse al derecho a la detención domiciliaria.
Hágase (y háganos) un favor, diga la verdad y acójase a la conclusión anticipada del proceso (quizá todavía pueda), aunque sea con su ficticia voz dulce y engolada.