Cuando le pregunté su apellido, me quedé patitieso. Él era Hugo Chauca, el todopoderoso productor de programas políticos de la televisión abierta durante más de veinte años.
Se lo escuché decir hace mucho tiempo al Padre Bruno Traverso con ocasión del fallecimiento de una persona cercana: “Hasta el ateo, cuando muere un ser querido, quiere un cielo para él” -dijo- y por supuesto no se atribuyó la frase. Hasta ahora no he logrado encontrar al autor. Yo no soy ateo, sólo soy panteísta y me subordino al universo. Pero ha muerto un ser querido y deseo un cielo para él.
Conocí a Hugo Chauca Arriarán poco antes de la pandemia y por un par de meses fue sólo Hugo para mí. Cuando le pregunté su apellido, me quedé patitieso. Él era Hugo Chauca, el todopoderoso productor de programas políticos de la televisión abierta durante más de veinte años.
Había escuchado algunas decenas de leyendas sobre él, unas buenas otras no tanto. Pero sin duda era todo un personaje.
Cuando comenzamos a ser amigos descubrí su carácter difícil y sus salidas fáciles y a veces divertidas. No comulgábamos en mucho pero se parecía a mi padre, tanto en su rudeza como en su bondad oculta. Entre todo eso, un hombre sincero, lúcido y frontal.
Nacido en Abancay estaba orgulloso de su origen. Lamentablemente no pudo ver a los apurimeños de Los Chankas tomar la punta de la Liga 1. Quizá fue un homenaje póstumo a su identidad.
Hugo se ha ido y nunca pude hacerle muchas de las preguntas que me quedaron pendientes, pero que no me atreví a formularle. Me quedo con sus relatos, muchas veces repetidos, que me permitieron ubicarme mejor en la historia de la radio, de la televisión y de la política peruana.
El viernes se fue y, si el cielo existe, seguramente tendrá una sucursal del “Haití”. Espero que me recomiende, a pesar de mis múltiples pecados, para no acabar en “El Fogón”. Así podré hacerle las preguntas que me faltaron.
Hasta pronto Hugo. Me quedo con dos deudas: leer “Los hijos de Sánchez” y volver a ver “C’eravamo tanto amati” (le gustaba decirlo en italiano). Saldaré ambas (y otras) antes de fugar.