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OPINIÓN/ El clima no firma sentencias

Escribe: Julio C. Villafuerte Osambela

Cada vez que nos acercamos a la estación de lluvias en el Perú ocurre algo curioso. No me refiero al océano ni a la atmósfera, sino a nosotros mismos.

Comienzan a multiplicarse los titulares, las entrevistas y las afirmaciones categóricas sobre lo que «va a ocurrir». Escucho con mayor frecuencia expresiones como: «es un hecho» «es contundente»  o «no hay duda».

Como meteorólogo, debo reconocer que esas frases siempre me generan preocupación. No porque un determinado escenario sea imposible, sino porque la ciencia no trabaja con sentencias. Trabaja con probabilidades.

Nadie puede afirmar el futuro de manera irrestricta. Ni siquiera el clima ha terminado de decidirlo.

Los modelos climáticos no observan el mañana. Analizan el presente, identifican los procesos físicos que hoy gobiernan el sistema climático y, a partir de ellos, estiman distintos escenarios con diferentes niveles de probabilidad. Esa diferencia puede parecer sutil, pero marca la frontera entre el método científico y la especulación.

Por ello, el deber de un meteorólogo no consiste en anunciar certezas, sino en explicar probabilidades, mostrar la evidencia disponible y reconocer, con honestidad, el grado de incertidumbre que aún existe. La incertidumbre no es una debilidad de la ciencia; es la consecuencia natural de estudiar uno de los sistemas más complejos del planeta.

Hoy observamos condiciones oceánicas que favorecen el desarrollo de un posible Fenómeno El Niño. El océano Pacífico tropical mantiene una importante reserva de energía térmica y esa información merece toda nuestra atención por las implicancias económicas, sociales y ambientales que podría tener para el Perú y gran parte del Pacífico.

Pero el océano, por sí solo, no determina el clima.

También existen procesos atmosféricos que podrían limitar, retrasar o modificar esa evolución. Los vientos alisios, la circulación atmosférica tropical, la distribución de la convección, la Oscilación Madden-Julian, la posición de la Zona de Convergencia Intertropical y otros mecanismos continúan
interactuando permanentemente.

Mientras algunos procesos favorecen el desarrollo del evento, otros todavía parecen conducir al sistema hacia condiciones más cercanas a la normalidad. Precisamente por ello considero que será hacia fines de agosto cuando tendremos una visión mucho más clara sobre la evolución del sistema océano- atmósfera y sobre la probabilidad real de que estas condiciones logren consolidarse o comiencen a debilitarse.

Mientras tanto, el propio planeta nos recuerda cuán complejo resulta su funcionamiento.

Mientras el océano Pacífico tropical mantiene una elevada reserva de energía, el hemisferio sur atraviesa un invierno austral particularmente frío sobre la Antártida, con episodios de temperaturas excepcionalmente bajas.

No significa necesariamente que un fenómeno explique al otro. Sería científicamente incorrecto afirmarlo.

Lo que sí demuestra es que el sistema climático puede presentar simultáneamente señales muy diferentes en distintas regiones del planeta porque responde a múltiples procesos físicos que interactúan entre sí.

Y esa es precisamente una de las ideas que la Organización Meteorológica Mundial viene promoviendo con mayor énfasis: comprender el clima como un sistema integrado y no como una colección de fenómenos aislados.

Con demasiada frecuencia analizamos únicamente la temperatura superficial del mar, como si una sola variable fuera suficiente para explicar todo lo que ocurrirá durante los próximos meses.

No lo es.

El sistema climático terrestre está formado por cinco grandes componentes que intercambian continuamente energía y materia. La atmósfera, donde se desarrollan los procesos meteorológicos; la hidrosfera, integrada principalmente por océanos, mares, ríos y lagos; la criósfera, conformada por glaciares, nieve y hielos polares; la litosfera, que condiciona el relieve, los suelos y las características físicas de la superficie; y la biosfera, constituida por todos los seres vivos, incluido el ser humano, convirtiendo a la

humanidad no solo en observadora del clima, sino también en un actor que influye sobre él.

Ninguno de estos componentes funciona de manera independiente.

El océano intercambia calor con la atmósfera; la criósfera regula parte del balance energético del planeta; la litosfera condiciona la circulación atmosférica y oceánica mediante el relieve; y la biosfera, incluidos los seres humanos, transforma continuamente los flujos de humedad, carbono y energía.

Comprender el clima exige observar estas interacciones y no reducir el análisis a una sola variable, por importante que esta sea.

Pretender explicar el comportamiento futuro del clima únicamente observando la temperatura del mar es como intentar comprender una sinfonía escuchando un solo instrumento.

Quizá esa sea una de las mayores lecciones de la meteorología moderna.

Cuando hablamos del Fenómeno El Niño tampoco siempre estamos hablando de lo mismo. Para algunos basta con que el océano se caliente. Para otros, es suficiente que un índice oceánico supere determinado umbral. Desde la oceanografía existen definiciones específicas.

Desde la climatología internacional, el ENSO responde a criterios bien establecidos de interacción entre océano y atmósfera.

Y desde la tradición peruana y ecuatoriana, El Niño siempre estuvo asociado a las lluvias intensas que afectaban principalmente al norte del Perú y al Ecuador.

Entonces, antes de afirmar que habrá un Fenómeno El Niño o un Niño Costero, deberíamos responder una pregunta mucho más sencilla, pero fundamental.

¿Qué estamos definiendo exactamente como Fenómeno El Niño o como Niño Costero? ¿Estamos hablando de un simple calentamiento del océano, de un evento ENSO con un verdadero acoplamiento océano- atmósfera, de un calentamiento regional frente a las costas del Perú y Ecuador o de los impactos meteorológicos que históricamente dieron origen al nombre «El Niño» ?

La respuesta no es un detalle semántico.

De ella dependen el diagnóstico, el pronóstico y, muchas veces, las decisiones que toman las autoridades, los agricultores, las empresas y la población. Si no definimos primero el fenómeno, difícilmente podremos ponernos de acuerdo sobre sus consecuencias.

La ciencia no existe para dictar sentencias sobre el futuro. Existe para reducir la incertidumbre, comprender mejor un sistema climático extraordinariamente complejo

Solo quien reconoce lo que todavía no sabe puede seguir investigando.

Quien convierte una hipótesis en una sentencia deja de hacer ciencia para comenzar a construir dogmas.

Mientras discutimos quién acertará el próximo pronóstico, el calendario seguirá avanzando.

Llegará la estación de lluvias, como ha ocurrido durante siglos.

Con Fenómeno El Niño, con Niño Costero o sin ellos, el Perú volverá a enfrentar lluvias intensas, inundaciones, sequías, heladas, friajes, deslizamientos y otros fenómenos recurrentes que forman parte de nuestra realidad climática.

Por eso, la verdadera discusión nunca debería ser quién tuvo razón en un pronóstico. La verdadera discusión debería ser por qué seguimos esperando una etiqueta para decidir prevenir.

La prevención no debería depender del nombre del fenómeno, sino del conocimiento de nuestros riesgos recurrentes y de la capacidad del Estado y de la sociedad para actuar antes de que ocurra el desastre.

Porque el clima no lee nuestros titulares, no escucha nuestras conferencias y, mucho menos, está obligado a cumplir nuestras certezas.

La ciencia no existe para dictar sentencias sobre el futuro. Existe para reducir la incertidumbre, comprender mejor un sistema climático extraordinariamente complejo y ayudarnos a tomar mejores decisiones antes de que ese futuro llegue.

Digo yo.

Un comentario en «OPINIÓN/ El clima no firma sentencias»

  • Maria del Pilar Jimenez de Ventura

    Excelente ya no un artículo subió una conferencia que nos abre los ojos para conocer y entender cómo funciona el clima y todo lo que involucra.
    Y saber prepararnos para lo que es el clima natural en el Perú y como debemos prepararnos para lo que sucede cada año en el país. Prepararnos para ello es en lo se debw trabajar con seriedad tanto la población peruana como nuestro Gobierno

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