En el Perú, las adendas suelen asociarse con sobrecostos, controversias o decisiones que terminan afectando los recursos públicos. Sin embargo, una adenda técnicamente sustentada también puede corregir una omisión de planificación, fortalecer una infraestructura estratégica y generar beneficios permanentes para millones de ciudadanos. La ampliación del Metro de Lima hasta el corazón del nuevo terminal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez representa una oportunidad para demostrar que una adenda también puede ponerse al servicio del país. Y esa oportunidad es ahora, antes de que las obras concluyan y el costo de corregir esta omisión resulte mucho mayor.
En su reciente Mensaje a la Nación del 28 de julio, la presidenta de la República anunció inversiones por miles de millones de dólares para la construcción de las Líneas 3, 4, 5 y 6 del Metro de Lima. A ello se suma el importante avance de la Línea 2, cuya tuneladora Micaela ha llegado a la estación Morales Duárez en su recorrido hacia Carmen de la Legua. En este contexto, el país aún tiene una oportunidad que no debería dejar pasar: conectar directamente el nuevo terminal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez con la red ferroviaria metropolitana.
Este es el momento para que el Estado demuestre que una adenda a un contrato de concesión no necesariamente debe ser perjudicial para el interés nacional. Por el contrario, cuando responde a una visión estratégica y al interés público, puede corregir decisiones que el tiempo ha demostrado insuficientes.
La ampliación del Metro de Lima hasta el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez no solo resolvería un problema de conectividad para millones de pasajeros, sino que convertiría al principal aeropuerto del país en un verdadero nodo intermodal, integrado al sistema ferroviario metropolitano y preparado para articularse, en el futuro, con los proyectos ferroviarios de alcance nacional.
No se trata únicamente de brindar mayor comodidad a los pasajeros. Se trata de definir cómo queremos que funcione el sistema de transporte del Perú durante los próximos cincuenta años.
El nuevo Jorge Chávez ha sido concebido para atender más de 40 millones de pasajeros al año. A ellos se suman decenas de miles de trabajadores, tripulaciones, proveedores, operadores logísticos y visitantes que diariamente se desplazan hacia el aeropuerto. Si la mayor parte de esa demanda continúa dependiendo de taxis, vehículos particulares y buses, la congestión vial seguirá creciendo, con el consecuente aumento del consumo de combustible, las emisiones contaminantes y los tiempos de viaje.
Por el contrario, una estación de metro integrada al terminal transformaría la movilidad de Lima y Callao. Millones de personas tendrían acceso directo al principal aeropuerto del país mediante transporte masivo, seguro, rápido y ambientalmente más sostenible, reduciendo significativamente la presión sobre la red vial.
Pero la verdadera dimensión de esta propuesta va mucho más allá del aeropuerto.
Si el Perú concreta en los próximos años los proyectos ferroviarios Lima–Barranca y Lima–Ica, la conexión del Jorge Chávez con la red del Metro convertiría al aeropuerto en el principal nodo intermodal del país. Sería posible conectar ciudades como Barranca, Chancay, Callao, Lima, Cañete, Chincha, Pisco e Ica utilizando un sistema ferroviario integrado, sin depender exclusivamente del transporte por carretera.
Esta articulación permitiría conectar el principal aeropuerto del Perú con los dos grandes ejes de desarrollo que pueden transformar la economía nacional: Chancay, como plataforma portuaria y logística orientada al comercio con Asia-Pacífico, y Pisco, como un futuro polo aeronáutico, logístico e industrial con enorme potencial de crecimiento.
La integración entre metro, ferrocarriles, puertos y aeropuertos facilitaría el desplazamiento de trabajadores, profesionales, estudiantes, turistas y personal especializado, fortaleciendo además la competitividad de las empresas y la eficiencia de las cadenas logísticas.
Los países que lideran el desarrollo de infraestructura no construyen proyectos aislados. Construyen redes integradas donde cada nueva inversión incrementa el valor de las demás. Esa es la esencia de una planificación estratégica de largo plazo.
Todavía estamos a tiempo de evaluar la extensión del Metro de Lima hasta el interior del nuevo terminal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. La tuneladora ya ha demostrado que la ingeniería disponible permite superar grandes desafíos, incluso atravesar el subsuelo bajo el río Rímac. El desafío principal ya no es la ingeniería, sino la capacidad de tomar una decisión política con visión de estadista, pensando no solo en la infraestructura que necesitamos hoy, sino en el país que queremos construir en las próximas décadas.
Las obras de infraestructura permanecen durante muchas décadas. Corregir hoy una omisión puede evitar que millones de personas enfrenten durante los próximos cincuenta años una conexión menos eficiente con la principal puerta de entrada del país.
El Perú necesita dejar de pensar obra por obra y comenzar a construir un verdadero sistema nacional de transporte.
Si queremos un país más competitivo, sostenible e integrado, la decisión debe tomarse ahora, cuando aún es posible corregir esta omisión de planificación sin que el costo económico y social sea mucho mayor
Un comentario en «OPINIÓN/ Todavía estamos a tiempo de llevar el Metro al aeropuerto Jorge Chávez»
Hola Alex, lamentablemente el que no quizo continuar la línea 2 del Metro fue el concesionario, también pienso que dicha estación debe ser en la nueva teeminal
Hola Alex, lamentablemente el que no quizo continuar la línea 2 del Metro fue el concesionario, también pienso que dicha estación debe ser en la nueva teeminal