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OPINIÓN/ Recomendaciones para un mejor voto

Escribe: Eco. José Soto Lazo

Una democracia sana no se construye cada cinco años en las urnas; se construye cada día con ciudadanos activos, críticos y comprometidos.

Cada cierto tiempo, el país le entrega al ciudadano una herramienta poderosa: el voto. Sin embargo, esa herramienta se desperdicia cuando se usa por inercia, por costumbre familiar, por simpatía con un rostro conocido o, peor aún, por simple rencor hacia el adversario. En tiempos de crisis, votar mal —o no votar— tiene un costo que todos pagamos durante años.

La primera recomendación es tan básica que parece obvia, pero rara vez se cumple: infórmate antes de ir a las urnas. No basta con escuchar los mítines ni ver los spots publicitarios. Esas son las vitrinas del candidato, diseñadas para seducir, no para informar. Lo que el votante necesita conocer son los planes concretos: ¿qué propone hacer en los primeros cien días? ¿Cómo piensa financiarlo? ¿Qué hizo o dejó de hacer en cargos anteriores? Las respuestas a esas preguntas son el verdadero retrato de quien pide tu confianza.

La segunda recomendación es comparar propuestas, no personas. La política moderna se ha convertido en un espectáculo de personalidades, donde importa más la imagen que el programa. El votante inteligente invierte ese orden: lee los planes de gobierno, los compara entre sí y evalúa cuál responde mejor a los problemas reales que afectan su vida cotidiana: el empleo, la seguridad, la educación, la salud, el costo de vida. Cuando se vota por ideas concretas y no por carisma, es mucho más difícil ser engañado.

La tercera recomendación es exigir coherencia y rechazar el voto por desesperación. En momentos de crisis profunda, la tentación de votar por el candidato más radical, el más escandaloso o el que promete soluciones mágicas es enorme. Esa rabia es comprensible, pero históricamente ha llevado a resultados peores que los que se quería corregir. El antídoto no es ingenuidad, sino exigencia: busca a quien muestre coherencia entre su discurso y su trayectoria, entre lo que dice y lo que ha vivido.

Cuarta recomendación: no desperdicies el voto quedándote en casa. La abstención no es neutralidad ni protesta eficaz; es simplemente dejar que otros decidan por ti. Quien no vota cede su cuota de poder a quienes sí lo hacen, y muchas veces a quienes menos convenientes resultan para el bien común. Tu voto, incluso si el candidato ideal no existe, siempre puede orientarse hacia la opción menos dañina o hacia quienes representan mejores garantías institucionales.

Finalmente, recuerda que el voto no termina el día de las elecciones. El verdadero poder ciudadano se ejerce también en el seguimiento: exigiendo rendición de cuentas, participando en espacios de opinión, organizándose con otros ciudadanos y rechazando la corrupción sin importar de qué lado venga. Una democracia sana no se construye cada cinco años en las urnas; se construye cada día con ciudadanos activos, críticos y comprometidos.

La crisis no se resuelve sola. Pero empieza a resolverse cuando millones de personas deciden votar con inteligencia, con información y con dignidad. Ese es el cambio que ningún político puede darte: tienes que construirlo tú.

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