En Lima, las decisiones sobre el uso del suelo rara vez son solo urbanísticas. Detrás de ellas confluyen intereses económicos, poder político y, muchas veces, una preocupante falta de visión estratégica.
El caso de la Base Aérea Las Palmas es hoy el ejemplo más claro de esa tensión.
No estamos hablando de un terreno cualquiera. Estamos hablando de más de 200 hectáreas ubicadas en una de las zonas de mayor valor urbano de la ciudad. Un espacio rodeado por expansión inmobiliaria, presión por densificación y expectativas de valorización que, en términos económicos, son gigantescas.
Pero reducir Las Palmas a un «terreno disponible» es, en sí mismo, el primer error
EL PRECEDENTE QUE NO DEBERÍA REPETIRSE
El Perú ya ha recorrido este camino antes. El caso del Aeródromo de Collique es una advertencia que no debería ignorarse.
El Aeródromo de Collique no solo era un aeródromo: era la cuna de la aviación civil del país. Su desaparición estuvo rodeada de cuestionamientos e irregularidades, tanto en su valorización como en las promesas que nunca se cumplieron, entre ellas la construcción de una nueva infraestructura aeronáutica en el sur.
El resultado es evidente:
Se perdió una instalación estratégica
No se construyó un reemplazo equivalente
Y el espacio fue absorbido por el crecimiento urbano
Collique no fue sustituido. Fue olvidado.
LAS PALMAS NO ES COLLIQUE:
ES INFRAESTRUCTURA CRÍTICA DEL ESTADO
La diferencia es fundamental.
La Base Aérea Las Palmas no es solo una escuela ni una instalación secundaria. Es:
Un aeródromo operativo dentro de Lima
El centro neurálgico y un activo estratégico de la Fuerza Aérea del Perú
Un potencial aeropuerto alterno en situaciones de emergencia
En una ciudad cuyo principal aeropuerto el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez se encuentra en zona costera vulnerable, esta infraestructura no es un lujo.
Es una necesidad.
Pensar en su desaparición sin una alternativa equivalente no es una decisión urbana. Es una apuesta contra la capacidad de respuesta del país ante una crisis mayor.
EL VERDADERO INTERÉS:
CONTROLAR PARA TRANSFORMAR
El problema de fondo no es únicamente lo que se discute públicamente.
El interés principal parece ser más directo:
retirar Las Palmas.
Y todo lo demás, el discurso urbano, las propuestas de parque, la presión sobre el entorno aparece como un mecanismo progresivo para llegar a ese objetivo.
La secuencia es conocida:
Se cuestiona la compatibilidad de la base con la ciudad
Se promueve la densificación del entorno
Se instala la idea de que su permanencia es “inviable”
Es un círculo que se construye deliberadamente, paso a paso, hasta forzar la percepción de que la salida es inevitable.
EL ROL DEL PODER MUNICIPAL
Aquí el debate deja de ser técnico y se vuelve político.
Cuando el acceso a la Municipalidad Metropolitana de Lima empieza a percibirse como una plataforma para decidir sobre activos de esta magnitud, la discusión cambia de nivel.
Porque desde esa posición se puede:
Modificar zonificaciones
Autorizar incrementos de altura
Permitir mayor densidad urbana
Redefinir el entorno hasta volver incompatible lo que antes era estratégico
El control del territorio se convierte, entonces, en una herramienta de transformación económica.
Y en ese contexto, la pregunta es inevitable:
¿Se está priorizando el bienestar general o la posibilidad de habilitar grandes operaciones inmobiliarias?
LA ALERTA TÉCNICA:
SEGURIDAD OPERACIONAL
Pero hay un aspecto aún más delicado, que no está recibiendo la atención que merece.
La operación de un aeródromo exige el cumplimiento de condiciones estrictas de seguridad operacional:
Superficies limitadoras de obstáculos, especialmente en las áreas de aproximación y despegue
Restricciones de altura en edificaciones según su proximidad al eje de pista
Control de usos y actividades en zonas aledañas que puedan interferir con la operación aérea
ESTO NO ES OPCIONAL.
ES PARTE DE LA SEGURIDAD AERONÁUTICA.
Por eso, la pregunta clave no puede eludirse: ¿Se están evaluando rigurosamente las licencias de construcción en el entorno de la Base Aérea Las Palmas conforme a las restricciones de seguridad aeronáutica, o se están flexibilizando criterios para favorecer el desarrollo inmobiliario a costa de la seguridad operacional?
Si estas condiciones no se cumplen estrictamente:
Se reduce el margen de seguridad para las tripulaciones
Se incrementa el riesgo en operaciones aéreas
Se expone a los propios ciudadanos que ocupan esas edificaciones
Es decir, el problema deja de ser urbanístico.
Se convierte en un riesgo directo para la vida.
EL ERROR ESTRATÉGICO
Aquí es donde la discusión alcanza su punto más crítico.
Porque lo que está en juego no es un proyecto urbano, ni un parque, ni un conjunto de edificios.
Lo que está en juego es la resiliencia del país.
Un aeropuerto puede cerrarse en meses.
Pero no puede reemplazarse en décadas.
Y en una ciudad como Lima:
No existe otro espacio equivalente
No hay otra ubicación estratégica similar
No hay infraestructura alternativa inmediata
Perder Las Palmas sería una decisión irreversible.
REFLEXIÓN FINAL
El Perú necesita desarrollo urbano. Necesita orden, planificación y mejores espacios. Pero no puede hacerlo sacrificando infraestructura crítica.
Porque cuando los intereses económicos especialmente los inmobiliarios se vuelven predominantes, el objetivo deja de ser la ciudad y pasa a ser otro: liberar el terreno.
Y cuando ese es el objetivo, todo lo demás se adapta: la norma, el discurso, el entorno.
El problema es que la seguridad del país no debería ser una variable negociable.
El Perú ya perdió Collique.
Hoy la pregunta es mucho más seria: ¿Estamos dispuestos a repetir el error esta vez con una infraestructura que podría ser vital el día que más la necesitemos?