Con estos datos tan ajustados, se espera que haya una resistencia activa frente a algunas de las políticas que el presidente electo quiera implementar, aunque en su discurso de celebración se mostró más conciliador que en campaña y prometió gobernar «para todos los colombianos».
La Colombia que recibe De la Espriella
Cuatro años de «paz total» de Petro, una estrategia que priorizaba la negociación sobre la lucha con actores armados, dejan una Colombia que no consigue frenar la expansión de esos grupos que se inició en 2018, dos años después del acuerdo de desmovilización entre el Estado y la guerrilla de las Farc.
El país sudamericano tiene hoy la segunda tasa de homicidios más alta de la región tras Ecuador y un récord histórico de cultivos de hojas de coca. Son datos que, sin embargo, han disminuido su ritmo de crecimiento en años recientes.
Ahora De la Espriella propone prorizar la vía confrontativa, desarmar las conversaciones y aumentar el gasto militar.


De la Espriella ha hecho de la seguridad su bandera y marca políticas.

No es algo nuevo en Colombia. Distintos gobiernos se suceden con recetas de mano dura y mano tendida para poner fin al conflicto armado. Ninguna ha demostrado éxitos absolutos.
Sí parece haber cierto consenso en que el Plan Colombia, un paquete millonario de ayuda militar y económica de Washington a Bogotá de comienzos de 2000, unido a la estrategia de «Seguridad Democrática» del expresidente Álvaro Uribe a partir de 2002, debilitaron militarmente a las Farc.
Y que eso de facilitó la posición del gobierno posterior de Juan Manuel Santos (2010-2018) para forzarles a negociar y dejar las armas.
El problema, coinciden varios analistas, es que tras ese proceso de paz no se han resuelto desafíos como la desigualdad, la pujanza de economías ilícitas y la limitada presencia estatal en zonas remotas.
Todo eso ha sido caldo de cultivo para la proliferación del crimen, nuevos grupos armados y rentas como la del narcotráfico y la minería ilegal.
De la Espriella ha hablado de la posibilidad de revivir un «Plan Colombia 2.0».
La historia no ha demostrado que la mano dura resuelva el conflicto armado y el narcotráfico. Quizás por eso el presidente electo también ha prometido llevar inversiones a las regiones más afectadas por la violencia y la criminalidad.
El reto es mayúsculo y un arma de doble filo.
A iniciativas confrontativas como el Plan Colombia y la Seguridad Democrática de Uribe, aparte de éxitos militares, se les atribuye un empoderamiento de grupos paramilitares que acabaron envueltos en masacres contra la población civil.
Las interrogantes
Ahora mismo EE.UU. tendría a los gobiernos de Ecuador y Venezuela, seguramente Perú y próximamente Colombia, alineados con su visión de seguridad. Son cuatro países enfrentados a grandes desafíos de seguridad y de crimen organizado.
Para Dickinson, una mirada positiva de esta situación es que que haya más cooperación regional.
Pero también hay riesgos: «Washington persigue su agenda más que los intereses locales de los más afectados por la violencia que se ha expandido por la región».
Es uno de los varios equilibrios que tendrá que jugar De la Espriella en su relación con EE.UU.
«Hay una expectativa de que EE.UU. retorne a Colombia la asistencia militar y social que había recibido. Eso lo veo difícil, dado que Trump no es particularmente un líder generoso», dice el analista.


María Elvira Salazar, una prominente congresista republicana, acudió a apoyar a De la Espriella en su victoria electoral.

Colombia fue uno de los países más afectados por los recortes de USAID, la agencia de cooperación estadounidense que destinó millones de dólares para proyectos sociales y de desarrollo en la nación sudamericana y que el gobierno de Trump desmanteló.
En los últimos años, mientras EE.UU. pareció distraerse de sus intereses en la región, Colombia, como otros países latinoamericanos, se fue acercando a China, el mayor rival geopolítico de Washington.
Hoy el gigante asiático le disputa a EE.UU. la plaza de mayor socio comercial de Bogotá, con expertos prediciendo que podría superarle en los próximos años.
«Pienso que es probable que EE.UU. le pida a Colombia que escinda de su relación con China, que se estrechó con Petro, pero no será tan sencillo porque China ocupa un espacio importante de inversión que De la Espriella no podrá ignorar y EE.UU. no podrá ocupar», analiza Guzmán.
A poco más de dos meses de que De la Espriella tome posesión, sus relaciones exteriores con el país más poderoso del mundo parecen más complejas de lo que ha trasladado en campaña.
TOMADO DE: https://www.bbc.com/mundo/articles/cly9jk258v9o