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OPINIÓN/ Ordenar el Estado, unir al Perú y competir en el mundo: Una propuesta estratégica para el próximo gobierno

Escribe: Fernando Ordoñez Velazquez

El Perú entre sus Políticas Nacionales y el Orden Internacional en Transformación

 

Una de las tareas del nuevo gobierno que se instala el 28 de julio será hacer una revisión profunda de las políticas nacionales. Muchas de ellas, durante varios lustros, retrasaron la competitividad del país, fomentaron el desorden y debilitaron las instituciones. También contribuyeron a la división social, alentaron el asistencialismo económico y colocaron por encima del mérito profesional a burócratas dependientes del clientelismo de izquierda.

La posición del Perú como estado bisagra, vinculado históricamente a Estados Unidos y crecientemente integrado a China, exige revisar sus políticas sectoriales y multisectoriales desde una perspectiva más amplia, coherente y equilibrada frente a la influencia y la rivalidad de ambas potencias y otras emergentes. Esta revisión permitiría evaluar si las políticas fortalecen la autonomía estratégica del país o aumentan su dependencia frente a intereses externos.

Además, ayudaría a articular sectores clave como comercio, infraestructura, minería, energía, tecnología, defensa y ambiente, considerando su impacto en el Pacífico, los Andes y la Amazonía. En un contexto geopolítico de competencia entre potencias, el Perú necesita políticas coherentes que potencien su ubicación estratégica en una ventaja nacional.

En un mundo donde la competencia entre las potencias redefine las reglas del poder, la planificación estratégica del Estado peruano no puede limitarse a la gestión interna. Debe ser, al mismo tiempo, una estrategia de posicionamiento internacional, una política de autonomía estratégica y una reflexión sobre el papel del país como estado bisagra en el Pacífico Sur.

Un modelo tridimensional para ordenar la visión estratégica del Estado

Nuestro país ha alcanzado un notable nivel de producción institucional en materia de planeamiento estratégico. El Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) coordina actualmente un sistema compuesto por 49 Políticas Nacionales Multisectoriales, que abarcan los aspectos centrales del quehacer nacional.

Este conjunto de políticas constituye una arquitectura normativa impresionante. Sin embargo, también plantea un desafío: ¿cómo integrar estas políticas nacionales con una visión estratégica coherente, capaz de aprovechar oportunidades y reducir el impacto de los complejos multidominios estratégicos y geopolíticos del poder mundial?

Este artículo presenta un modelo de apoyo a la planificación tridimensional, inspirado en un enfoque cartesiano. El modelo integra los Dominios Estratégicos de Poder, el Modelo DIME —Diplomacy, Information, Military, Economic— y los Instrumentos del Poder Nacional en una imagen de tres planos interconectados. A su vez, estos planos se encuentran inmersos dentro de una esfera: el entorno geopolítico mundial.

Este enfoque no reemplaza los instrumentos existentes del CEPLAN. Más bien, ofrece una perspectiva que eleva la visión del planificador y permite comprender, diseñar y conducir las políticas nacionales considerando las disputas globales de poder, los cambios del orden internacional y la necesidad de que el Perú actúe con mayor dinamismo, coherencia, claridad y propósito estratégico.

A estos tres planos debe añadirse una cuarta dimensión transversal: la ética pública. Esta dimensión no funciona como un eje operativo adicional, sino como el marco normativo que orienta el uso legítimo del poder nacional. El modelo propone que toda planificación estratégica del Estado incorpore criterios de integridad, transparencia, legalidad, responsabilidad pública y orientación al bien común desde el momento mismo en que se diseñan, evalúan y conducen las políticas nacionales.

Primer plano: los dominios estratégicos de poder y su correlato geopolítico

Los cinco Dominios Estratégicos —tierra, marítimo, aéreo, espacial y cibernético— son los espacios donde cada Estado ejerce poder y donde se manifiestan las disputas globales. Cada una de las 49 Políticas Nacionales se inscribe en uno o varios de estos dominios. Por ejemplo, la Política Nacional Marítima actúa en un espacio donde la competencia por rutas oceánicas y recursos del océano Pacífico refleja la pugna entre potencias.

La Política Nacional de Transformación Digital se desarrolla en los dominios cibernético y espacial, directamente afectados por la disputa tecnológica global. A su vez, la Política Nacional de Seguridad Ciudadana y la de Lucha contra el Crimen Organizado se inscriben en el dominio terrestre, donde confluyen amenazas híbridas y redes transnacionales.

Los dominios permiten ver que las políticas no solo regulan sectores. También intervienen en espacios estratégicos donde se disputa la capacidad del Estado para proteger y proyectar su poder nacional. En ese marco, la Política Nacional de Seguridad y Defensa Nacional tiene una naturaleza multidimensional y transversal. Se proyecta sobre los cinco dominios estratégicos —terrestre, marítimo, aéreo, espacial y cibernético— porque articula la protección del territorio, la soberanía marítima, el control del espacio aéreo, el uso de capacidades espaciales y la defensa frente a amenazas cibernéticas que afectan la seguridad integral del Estado.

Segundo plano: el modelo DIME y la proyección internacional del Perú

El modelo DIME traduce el poder nacional en instrumentos operativos. La diplomacia peruana se expresa en políticas como la de Cooperación Técnica Internacional, Comercio Exterior, Derechos Humanos y Ordenamiento Territorial, que definen la posición del país en el sistema internacional. La información se articula en políticas como la de Transformación Digital, Cultura, Lectura y Bibliotecas, Lenguas Originarias y Juventud, que configuran la narrativa nacional y la identidad cultural.

El poder militar se refleja en tres políticas: la Política Nacional de Seguridad y Defensa Nacional, la Marítima y la Multisectorial de Lucha contra el Terrorismo, que aseguran la soberanía y la estabilidad interna. El poder económico se materializa en políticas como la de Competitividad y Productividad, Inclusión Financiera, Desarrollo Industrial, Agraria, Pesca, Acuicultura y Calidad, que determinan la capacidad del país para sostener su desarrollo.

El modelo DIME permite ver cómo las políticas nacionales no solo gestionan sectores, sino que proyectan el poder del Perú en el sistema internacional, articulando diplomacia, información, fuerza y economía en una estrategia coherente.

Tercer plano: los instrumentos del poder nacional

Los instrumentos del poder nacional —político, económico, social, militar, educativo, informativo, cultural, científico y tecnológico— representan las capacidades estructurales del Estado. Las políticas multisectoriales son el mecanismo mediante el cual el Estado activa, articula y convierte los instrumentos del poder nacional en acción pública concreta. Estas políticas son el núcleo del poder nacional interno, pero su eficacia depende de la capacidad del Estado para integrarlas en una visión estratégica coherente y geopolíticamente informada.

El modelo presentado permite examinar la coherencia geopolítica de las políticas multisectoriales. Para ello, evalúa si cada política toma en cuenta el entorno internacional en el que actúa el Perú. Entre los aspectos clave que pone en relieve se encuentran las siguientes preguntas: ¿la política considera la competencia entre potencias?, ¿reconoce riesgos externos como crimen transnacional, ciberataques, presión migratoria o disputa por recursos estratégicos?, ¿contribuye a la autonomía estratégica del Perú?, ¿fortalece la posición del país en el Pacífico Sur, la Amazonía o los Andes?, ¿reduce vulnerabilidades frente a actores externos?

Por ejemplo, una política sobre minerales críticos no debería evaluarse solo desde la minería o la economía. También debe analizarse desde la competencia global por cadenas de suministro, transición energética, inversión extranjera, protección ambiental y seguridad nacional.

La geopolítica: un entorno estratégico que lo engloba todo

La geopolítica no constituye un cuarto eje del sistema cartesiano, sino una variable estructural, un entorno, una esfera que envuelve los tres planos —dominios, DIME e instrumentos del poder nacional— y condiciona la manera en que el Perú ejerce su poder en el sistema internacional.

Los tres planos del sistema —dominios estratégicos del poder, DIME y los instrumentos del poder nacional— se encuentran inmersos en un entorno geopolítico estratégico, representado como una esfera que rodea y los condiciona simultáneamente. Este entorno, marcado por la competencia entre grandes potencias y por disputas en tecnología, energía, minerales críticos, rutas marítimas y control financiero, determina las oportunidades, riesgos y límites del poder nacional peruano.

En un mundo marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, la esfera geopolítica puede presionar, distorsionar o amplificar la posición de cada país en el escenario internacional. En ese contexto, la condición del Perú como estado bisagra del Pacífico Sur exige una reflexión estratégica que articule capacidades internas, seguridad, diplomacia y poder militar.

Estas capacidades deben operar de manera sincronizada y proyectarse en todos los espacios, desde el terrestre hasta el cibernético, para fortalecer la capacidad del Estado de anticipar, disuadir y responder frente a amenazas. Una política nacional que ignore esta complementariedad corre el riesgo de formular acciones diplomáticas desvinculadas de las capacidades militares reales, o estrategias de defensa desconectadas de la lectura política del entorno internacional.

La protección de nuestros recursos y la disuasión

La disuasión se expresa como una intersección entre dominios y capacidades: requiere presencia efectiva y control en el dominio terrestre, vigilancia y control en el dominio marítimo, movilidad y respuesta rápida en el dominio aéreo, autonomía y acceso a datos en el dominio espacial, y resiliencia frente a ataques y campañas de desinformación en el dominio cibernético. La disuasión, entendida así, es una función sistémica del poder nacional, que depende de la coherencia entre políticas económicas, tecnológicas, diplomáticas y de defensa.

La seguridad del estado es un fenómeno y un estatus cambiante; la disuasión solo es efectiva cuando el conjunto de políticas nacionales —incluyendo las de competitividad, transformación digital, ambiente, ordenamiento territorial, ciencia y tecnología, comercio exterior y seguridad ciudadana— se articulan en una gran estrategia común.

Reflexiones finales y la cuarta dimensión

La importancia del modelo tridimensional radica en que incorpora la dimensión geopolítica como el entorno que condiciona todo el sistema. Esto permite pasar de una planificación multisectorial a una planificación estratégica del poder nacional. Desde esa perspectiva, es posible evaluar si las políticas fortalecen la posición del Perú en los espacios donde hoy se disputa el poder mundial.

Esto es clave porque el Perú no actúa en el vacío. Sus decisiones se desarrollan en un contexto de competencia entre potencias, disputas por recursos críticos, control de rutas marítimas, ciberamenazas, presión migratoria, transición energética y transformación tecnológica.

Cuando las políticas nacionales se ubican dentro del sistema tridimensional, se revelan relaciones que la planificación sectorial no permite observar. Este enfoque permite identificar políticas que comparten un mismo dominio, pero emplean instrumentos distintos; políticas que usan instrumentos similares, pero no fortalecen capacidades comunes; o políticas que actúan en dominios estratégicos sin respaldo institucional, tecnológico, informacional, diplomático o militar suficiente.

También evidencia dependencias no reconocidas, como políticas que requieren infraestructura digital, diplomacia o capacidades de seguridad y defensa sin incorporarlas explícitamente.

Así, el sistema cartesiano permite descubrir interdependencias ocultas y superar la miopía sectorial, al analizar cada política como parte de un ecosistema de poder y no solo como responsabilidad de uno o varios ministerios. Esto resulta clave frente a fenómenos como el crimen organizado, el cambio climático, la transformación digital, la desinformación, la minería ilegal o la desigualdad territorial, que no respetan fronteras administrativas ni sectoriales.

En consecuencia, la dimensión ética no debe aparecer solo como una reflexión final, sino como una condición permanente de la planificación estratégica. Su función es asegurar que el uso del poder nacional esté orientado al bien común, la legalidad y el interés nacional. De lo contrario, una planificación técnicamente coherente podría terminar sirviendo a intereses particulares, clientelares o ideológicos, debilitando la legitimidad del Estado.

Por ello, la ética debe entenderse como el marco que guía la conducta de los funcionarios, fortalece instituciones profesionales y orienta las políticas públicas hacia el desarrollo, la seguridad y la dignidad de los ciudadanos.


Fernando Ordoñez Velazquez

Mayor General FAP en situación de retiro. Piloto de combate, defensor de la patria y veterano de guerra. Ex Viceministro de Políticas para la Defensa.


 

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