Resistencia, constancia y resiliencia son palabras que definen la personalidad de Keiko Fujimori, electa presidenta constitucional de la República.
Superó la áspera confrontación entre sus padres, que culminó en divorcio; el fallecimiento de su madre, Susana Higuchi; luego de su progenitor, Alberto Fujimori, esquivando con paciencia los dardos lanzados por su hermano Kenji y la azarosa vida de su ex marido, que no impidió la formación moral de sus dos hijas.
La vimos visitando al ex mandatario en el penal de Barbadillo y en diferentes hospitales durante su larga enfermedad. Perdió los comicios presidenciales en tres oportunidades, siempre por estrecho margen y con sombras de fraude que podrían investigarse.
Fue víctima de cobardes vejámenes del ex fiscal José Domingo Pérez, siniestro y diminuto sujeto que se ensañó brutalmente contra ella.
Arropado en la docilidad de jueces timoratos, en la indiferencia cómplice del órgano de control interno del Ministerio Público que permitió esos atropellos y con apoyo de algunos estridentes medios de prensa que participaron en la pérfida parodia política, fue derivada a la cárcel de mujeres de Chorrillos en varias oportunidades; en total, más de 480 días.
No se quejó, victimizó ni movilizó al partido naranja reclamando libertad. Peor aún resultaron las afrentas de Pérez, sujeto de ojos saltones y mirada desorbitada – Diego Acuña describe sus ojos «como de un monstruo» y Augusto Thorndike lo califica de «bufón «– la exhibía enmarrocada y casaca con la ominosa palabra «detenida».
¿Qué habrá sentido este pequeño personaje antes los escabrosos atropellos que impulsó? ¿Gozo, alegría o sensación de omnipotencia? Quizás las tres cosas a la vez o quizás ninguna; solo un psiquiatra puede darnos luces, aunque ahora conocemos su antifujimorismo rampante al verlo en Juntos por el Perú, incluido el sombrero chotano.
Lo cierto es que hoy, desempleado y sin poder, el ex fiscal está asustado y tembloroso, declarando disparates que proyectan su alborotado estado mental. Dice, en efecto, sentir temor por «su integridad personal, su vida y futuro profesional», advirtiendo que «seré la primera víctima no sé si muerto en un accidente extraño o de difícil investigación …» porque cree que el gobierno de Fuerza Popular iniciará una persecución en su contra por encarcelar arbitrariamente a su lideresa por el «caso Cócteles», que fue archivado por el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional.
Pienso que la mandataria electa no tiene tiempo de ocuparse de una persona minúscula que ni siquiera pudo aprobar el examen para ser juez, que debe estar desolado y abandonado por quienes antes lo aplaudían, pero también creo que es democrático investigar su maléfica actuación en ese caso y en las perversidades cometidas contra el presidente Alan García, que provocaron su muerte.
Orden es su lema en un país donde las bandas criminales se expanden. El éxito de esa política salvará muchas vidas y reducirá las extorsiones que el año pasado registraron 27 mil denuncias y este año la cifra asciende a 10, 458, así como 126 atentados y 1,102 asesinatos.