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OPINIÓN/ ¿Alineamiento insensato?

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

Todo indica que ya se produjo el primer cambio en el gabinete de Keiko Fujimori y no nos dimos cuenta: salió Carlos Espá de Torre Tagle y entró Bernie Navarro.

El Perú rompió relaciones diplomáticas, a nivel de embajadores, con Irán. Las razones esgrimidas no calzan con la decisión. El régimen iraní es una teocracia y no una democracia. Eso es verdad desde 1979 y no rompimos relaciones ¿hasta 47 años después?

Tampoco es que el régimen cleptocrático de la dinastía Pahlavi fuera un ejemplo de buena conducta. El régimen iraní viola derechos humanos fundamentales. Eso también es verdad pero si ésa fuera una razón para romper relaciones diplomáticas ¿qué hacemos sosteniéndolas con Israel, Estado calificado de genocida por gran parte del mundo?

Incluso la mayoría de los organismos multilaterales así lo considera. Irán pone en riesgo el comercio y la paz mundial al cerrar el Estrecho de Ormuz. También cierto pero ¿no
recuerda el gobierno peruano que esta guerra la iniciaron Estados Unidos e Israel hace menos de seis meses, practicando bombardeos en Teherán y el asesinato selectivo de los principales líderes chiítas y de los más destacados jefes militares persas?

Agreguemos cualquier otra cosa y la decisión seguirá siendo insensata salvo por la única verdad evidente: el gobierno peruano ha decidido someterse a los designios de Trump. Y esto no tiene nada que ver con que nos sorprenda que el fujimorismo se autodefina de derecha. Lo que nos sorprende es la torpeza de la determinación. No parece que el hecho de que el actual Canciller haya sido empleado menor, de larga data, de la embajada norteamericana sea suficiente explicación.

Trump está a un paso de las elecciones de medio término y nadie, a estas alturas, puede asegurar que las ganará. Trump no la tiene fácil en el Golfo Pérsico ni en una posible incursión terrestre en Irán. Trump está afrontando una serie de deserciones políticas en la Secretaría de Guerra, ante decisiones equívocas del Secretario Pete Hegseth y ni siquiera es posible afirmar que sus partidarios republicanos (que no son todos) vencerán en las próximas elecciones generales de 2028. Trump también sabe que por ahora está
perdiendo la guerra tecnológica con China y está exponiendo su poder militar en diversos
frentes, al punto de poner en evidencia problemas de inventario de su arsenal bélico.

También Trump está arriesgando la posición del dólar como divisa y hay señales claras de que los principales tenedores de bonos de deuda norteamericana (China y Japón) evalúan venderlos, de modo parcial pero significativo. Igual también se está produciendo el reemplazo progresivo de contratos internacionales en dólares por contratos en otras monedas que se perciben más sólidas (particularmente el yuan).

Obviamente nada de esto es una fatalidad y los Estados Unidos de Trump pueden
recuperar posiciones en el escenario mundial. Pero es verdad que estamos hoy ante un
poder frágil si es que no decadente.

Pero, para el Perú, eso no es lo esencial. Lo esencial es que China, principal inversor extranjero en el Perú, mantiene una alianza explícita con Irán y carece de sentido adoptar una postura genuflexa con Trump, arriesgando los múltiples intereses comunes de
nuestro país con el gigante asiático.

La administración Trump no oculta que su principal rival es China y que pretende desalojar su presencia económica en América Latina. Eso incluye amenazar el mercado con mayor velocidad de crecimiento para nuestros productos de agroexportación. Eso incluye desacelerar la enorme inversión minera y energética china en el país. Eso incluye afectar el Puerto de Chancay y su gigantesco potencial. Eso incluye cortar la perspectiva del Corredor Bioceánico con Brasil.

Para China la relación con Irán es vertebral y, de pronto, una decisión impensada (o escasamente razonada) nos pone en posición de desventaja. La política exterior del Perú debe guiarse por los intereses directos del país no por los afanes indirectos de ninguna potencia extranjera. El multilateralismo es fundamental. No se puede depender de un solo
aliado o de un solo polo de referencia.

Todo indica que ya se produjo el primer cambio en el gabinete de Keiko Fujimori y no nos dimos cuenta: salió Carlos Espá de Torre Tagle y entró Bernie Navarro.

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