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OPINIÓN/ Puno y Piura: las dos caras de El Niño

Escribe:  Julio Villafuerte Osambela

 

Mientras Piura se prepara para el exceso de agua, Puno debe mirar también el riesgo de que el agua falte. La vulnerabilidad económica puede convertir un fenómeno climático en una crisis social.

 

Hay una manera muy peruana de imaginar El Niño: pensamos en Piura. Pensamos en lluvias intensas, quebradas activadas, ríos desbordados, carreteras interrumpidas y viviendas afectadas. Pensamos en el agua que llega de golpe. Pero mientras miramos hacia el norte, deberíamos hacernos otra pregunta:

  ¿Qué está pasando en el sur?

Porque El Niño no necesariamente significa más agua para todos. Puede significar demasiada agua en un territorio y déficit de agua en otro. Y allí aparece Puno.

No como el opuesto de Piura, sino como la otra cara de un mismo fenómeno.

Una inundación tiene una característica que la convierte rápidamente en noticia:

Un río se desborda, una carretera queda cortada, una quebrada baja y una vivienda se inunda.

La sequía funciona de otra manera.

Primero llueve menos. Después disminuyen los pastos. La agricultura comienza a resentirse. El ganado pierde peso. La producción cae. Los ingresos familiares disminuyen.

Y cuando finalmente aparece la consecuencia económica, la sequía empezó mucho antes. Ese es precisamente el tipo de riesgo que deberíamos aprender a reconocer. CENEPRED ha elaborado un escenario nacional de riesgo por sequías asociadas al fenómeno El Niño 2026–2027. Identifica 76 distritos en riesgo muy alto, distribuidos en Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Puno y Tacna, con más de 622 mil personas expuestas.

Puno está dentro de ese mapa. El problema es que ese mapa recibe mucha menos atención que el de las inundaciones.

Puno y Piura no parten del mismo lugar, aquí está, quizá, lo más importante.

No basta con saber dónde habrá lluvia o dónde habrá sequía. Hay que saber qué economía encuentra el fenómeno cuando llega.

Piura tiene una economía diversificada, pero mantiene una importante exposición de actividades como agricultura y pesca, además de comercio, transporte y otros servicios.

Cuando una lluvia extraordinaria golpea Piura, la cadena puede ser mucho más larga que la inundación:

Lluvia → infraestructura → transporte → mercados → producción → empleo → ingresos.

Una carretera interrumpida no es solamente una carretera dañada. Es un productor que no puede sacar su mercancía, un comerciante que recibe menos productos y un transportista que deja de trabajar.

El fenómeno meteorológico termina convirtiéndose en un problema económico.

En Puno, la cadena puede comenzar exactamente al revés:

Déficit de lluvia → pastos → ganado → producción → ingresos → alimentación.

El impacto puede ser más lento y, precisamente por eso, más difícil de detectar.

La vulnerabilidad económica también es parte del clima.

Hay una palabra que deberíamos incorporar mucho más a la discusión sobre El Niño:

Vulnerabilidad.

ComexPerú - 9 DE CADA 10 PUNEÑOS Y HUANCAVELICANOS ESTÁN EXPUESTOS A RIESGOS POR FRIAJE

Dos familias pueden sufrir la misma pérdida productiva y tener consecuencias completamente diferentes.

Una puede tener ahorros, crédito, ingresos diversificados o seguros. Otra puede depender casi exclusivamente de la agricultura o la ganadería.

Una puede recuperarse. La otra puede tener que vender parte de su patrimonio para sobrevivir.

Por eso no basta con preguntar cuántas hectáreas están expuestas.

Hay que preguntar:

  •  ¿Cuántas familias dependen de esas hectáreas para vivir?

Y tampoco basta con contar los animales que podrían verse afectados.

Hay que preguntar:

  •  ¿Cuántas familias dependen de esas hectáreas para vivir?

Y tampoco basta con contar los animales que podrían verse afectados.

Hay que preguntar:

  • ¿Qué porcentaje del patrimonio familiar representan esos animales?

Ahí comienza realmente el análisis económico del riesgo.

El caso de Puno es especialmente sensible. El INEI reportó para 2023 una pobreza monetaria de 41,6% en el departamento. No es un dato accesorio.

Cuando un evento climático encuentra una población con elevada vulnerabilidad económica, el mismo shock puede producir un daño social mucho mayor.

La sequía deja entonces de ser solamente meteorología. Se convierte en pérdida de patrimonio.

Niño costero: río se desborda e inunda ciudad de Piura y alrededores

Piura tampoco es solamente inundación. Sería un error convertir a Piura en la región del agua que sobra.

Piura también está conectada al océano y al sistema de la Corriente de Humboldt.

El Niño modifica las condiciones del Pacífico y puede alterar la estructura del océano, el afloramiento y la disponibilidad de nutrientes.

Entonces aparece otra cadena:

Océano → afloramiento → nutrientes → productividad → peces → pesca → ingresos.

Por eso Piura debe observar simultáneamente el agua que viene del cielo y el comportamiento del mar. El fenómeno comienza en el sistema océano-atmósfera, pero termina llegando a la economía de las personas. Dos economías frente al mismo fenómeno.

Piura puede recibir un shock climático de rápida aparición:

Lluvia intensa → inundación → infraestructura dañada → interrupción económica.

Puno puede recibir un shock acumulativo:

Déficit de lluvia → menos pastos → menor producción → pérdida de ingresos → deterioro del patrimonio familiar.

Uno puede producir una emergencia en horas. El otro puede producir una crisis durante meses.

Uno tiene imágenes. El otro tiene estadísticas.

Y quizá aquí exista una de nuestras mayores debilidades como país:

  •  ¿Estamos midiendo correctamente el riesgo?

Quizá seguimos midiendo el desastre con demasiada facilidad en kilómetros de carreteras, viviendas destruidas y hectáreas afectadas.

Todo eso importa. Pero no es suficiente.

También deberíamos preguntarnos: ¿Cuántas familias pueden caer en pobreza? ¿Cuántos hogares perderán su principal fuente de ingresos? ¿Cuántos productores perderán su capital? ¿Cuánto tardará una comunidad en recuperar su capacidad productiva?

Porque una sociedad vulnerable no es necesariamente aquella que pierde más. Es aquella que tiene menos capacidad para recuperarse. Y esa diferencia debería estar en el centro de la prevención.

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