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OPINIÓN/ La crisis de la salud en el Perú: cuando la posta médica existe, pero no puede atender

Escribe: Mg. Ing. José Antonio Mansen Bellina

Hace unas semanas publiqué el artículo “La Pobreza y la Salud en el Perú: Cuando el ingreso económico, no lo es todo” y luego, la “Pobreza y anemia infantil en el Perú: nacer pobre significa iniciar la vida con menos oportunidades”, y considero que es importante transmitir la realidad de la gente que vive en diversas partes del país en condiciones desfavorables para vivir con dignidad y tener un futuro para sus hijos.

En el Perú, una posta médica puede existir en el mapa y, sin embargo, no estar realmente en condiciones de atender a un paciente. Puede tener paredes, consultorio y una placa que anuncia su inauguración, pero carecer de electricidad permanente, agua segura, internet, medicamentos, equipos operativos, cadena de frío o personal suficiente.

Esta es una de las brechas menos visibles de la salud pública peruana: la diferencia entre tener un establecimiento de salud y tener un establecimiento capaz de prestar atención efectiva.

Después que el COVID 19 desnudó la realidad del sector salud, sobre la falta de infraestructura y deficientes servicios médicos, incluso la falta de oxígeno para atender la emergencia, y la adecuación de locales públicos para asistencia de los enfermos; sin embargo, han pasado más de 5 años y se ha avanzado muy poco, e incluso en la actualidad tenemos la amenaza del fenómeno climático de El Niño, volvemos a ver las condiciones precarias del sistema hospitalario y salud.

Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del INEI (2025), el 93,9% de la población peruana tiene algún tipo de seguro de salud:

El Perú tiene asegurada más de 30 millones de personas a nivel nacional, pero nos hacemos la pregunta: ¿cuántos establecimientos de salud tenemos con capacidad operativa y resolutiva?

En las zonas altoandinas, rurales y amazónicas: ¿Cuántos de esos establecimientos están realmente en condiciones de atender a un paciente cuando lo necesita?

Un establecimiento de salud requiere mucho más que paredes, techo y consultorios; necesita electricidad continua para conservar vacunas y medicamentos, operar equipos y mantener las comunicaciones; agua segura para garantizar condiciones mínimas de higiene; internet para acceder a los sistemas de información y desarrollar telemedicina; equipos médicos operativos; medicamentos disponibles; personal de salud y mecanismos de referencia para trasladar a los pacientes que necesitan una atención de mayor complejidad.

Una posta médica puede aparecer en los registros oficiales, tener un local construido y estar asignada a una red de salud; sin embargo, puede carecer de lo elemental para garantizar una atención efectiva.

Entre los casos más recurrentes está la falta de servicios básicos de agua, energía eléctrica e internet.

El Informe Defensorial N° 001-2023-DP AMASPPI PPI (2023) reportó que 655 establecimientos que atienden comunidades indígenas, pertenecientes a microrredes que atienden población indígena, se encontró que 169 (26 %), no tenían electricidad; 37 (5.6%) no disponían de equipos de refrigeración para vacunas; 465 (71 %) carecían de grupo electrógeno, para una contingencia; 422 (64.4%) no contaban con agua potable y 385 (59 %), no tenían internet. Sin energía eléctrica no hay cadena de frio.

En una ciudad, un corte de electricidad puede significar una molestia. En una comunidad amazónica o alto andina, puede convertirse en un problema sanitario, porque sin energía eléctrica, no funcionan adecuadamente los refrigeradores de vacunas, equipos de laboratorio, computadoras, sistemas de comunicación o determinados equipos de emergencia. Por ende, tampoco existe un generador de respaldo, y ante una interrupción prolongada puede comprometer servicios esenciales. Por eso, en las zonas rurales, alto andinas y amazónicas la electricidad debe ser considerada parte de la infraestructura sanitaria.

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No basta con conectar un establecimiento a una red de salud, requiere medicamentos, equipos, personal, mantenimiento, transporte y un sistema de referencia que permita trasladar al paciente cuando el establecimiento no puede resolver su problema.

La Contraloría General de la República ha encontrado reiteradamente deficiencias relacionadas con infraestructura, equipamiento y condiciones de atención. Esto demuestra que terminar una obra no significa necesariamente haber terminado un
servicio sanitario.

El problema es particularmente delicado en localidades altoandinas o amazónicas donde trasladar a un paciente puede tomar horas o incluso días.

La electrificación rural a cargo de la Dirección General de Electrificación Rural (DIGER) del Ministerio de Energía y Minas muestra que todavía existen localidades aisladas con dificultades de acceso y continuidad energética, particularmente en territorios amazónicos. Esto obliga a pensar en soluciones diferentes: redes convencionales donde sean viables, pero también paneles solares, baterías y grupos  electrógenos en establecimientos alejados.

Defensoria del Pueblo Peru

Una posta médica sin electricidad permanente es una posta médica con capacidad sanitaria reducida.

Las vacunas recorren una cadena que comienza en los almacenes y termina en posta médica o centro de salud de la comunidad; pero para que funcionen correctamente necesitan refrigeración, monitoreo de temperatura, electricidad, mantenimiento, transporte y personal capacitado.

La brecha digital se ha convertido en una brecha de salud. La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas – DIGEMID del Ministerio de Salud, encontró que, en 8.861 establecimientos públicos activos durante 2025, solo el 35,1 % cumplía los criterios de capacidad instalada evaluados. Además, apenas el 42,4 % reportaba infraestructura tecnológica operativa.

El estudio estimó una brecha de 4.644 computadoras y 4.379 líneas de internet. Las mayores deficiencias se concentraban en el primer nivel de atención y las macrorregiones Oriente y Centro.

La consecuencia es evidente, que la tecnología médica puede estar disponible en Lima, pero no necesariamente en Loreto, Ucayali, Amazonas o una comunidad altoandina, y sin internet no hay posibilidad de tener telemedicina efectiva.

Un puesto de salud conectado podría consultar a un cardiólogo, pediatra, endocrinólogo, oncólogo o especialista de un hospital regional, pero para ello necesita electricidad, conexión, computadora o tablet, equipos apropiados y personal capacitado. Por lo tanto, la telemedicina no debe ser vista solamente como un proyecto informático. Es una política de infraestructura sanitaria.

El reporte INCORE 2026 del Instituto Peruano de Economía – IPE, incorpora el abastecimiento de medicamentos como uno de sus indicadores de desempeño sanitario y muestra que persisten diferencias importantes entre regiones.

Para una persona hipertensa o diabética, la falta de medicamentos no es un inconveniente menor. Estas enfermedades requieren continuidad, porque interrumpir repetidamente el tratamiento puede provocar complicaciones en la salud del paciente, que pueden terminen en una hospitalización, por lo tanto, la atención sanitaria, no termina con una receta.

La paradoja es cuando el paciente puede llegar al establecimiento, encontrar al profesional y recibir un diagnóstico, pero salir sin el medicamento que necesita, porque no hay en el establecimiento, ni se puede adquirir en la localidad.

Otra brecha es la distribución del personal. El Perú necesita médicos, enfermeras y técnicos de salud, pero que estén presentes donde vive la población que requiere atención.

Un médico instalado en la capital regional no resuelve la necesidad de una comunidad ubicada a varias horas por río o camino; lo mismo ocurre con enfermeras, obstetras y técnicos.

El SERUMS ha sido fundamental para llevar profesionales a las zonas rurales, pero una política sanitaria sostenible no puede depender permanentemente de personal temporal; las comunidades necesitan continuidad, experiencia y estabilidad.

La imagen tradicional de la salud rural está asociada a enfermedades infecciosas, anemia, desnutrición y problemas materno-infantiles; pero la realidad ha cambiado. En las comunidades rurales y amazónicas también existen hipertensión arterial, diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal y cáncer.

La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar – ENDES recoge información sobre hipertensión, diabetes, factores de riesgo de enfermedades no transmisibles y prevención y control del cáncer, esto obliga a transformar el primer nivel de atención.

Una posta médica no tiene que convertirse en hospital, pero sí debe poder medir la presión arterial, controlar glucosa cuando corresponda, identificar factores de riesgo, disponer de medicamentos esenciales, realizar seguimiento y reconocer oportunamente cuándo un paciente necesita atención especializada.

En cáncer, el primer nivel también tiene un papel fundamental: prevención, identificación de signos de alarma, tamizaje, diagnóstico inicial y referencia.

Hay una diferencia fundamental entre atender una emergencia en Lima y hacerlo en una comunidad amazónica. En Lima, una ambulancia puede trasladar al paciente rápidamente, pero en las localidades amazónicas, el transporte puede requerir una embarcación, motor, combustible, radio o teléfono satelital, o en localidades altoandinas, una ambulancia.

Por eso tener un puesto correctamente construido y, sin embargo, ser incapaz de responder ante una emergencia grave, si no puede trasladar al paciente, en caso necesario; por lo tanto, el transporte sanitario debe formar parte
de la infraestructura de salud.

Adicionalmente, para los pueblos indígenas existe además una barrera cultural y lingüística. No basta con enviar un médico, por la atención debe considerar la lengua de la comunidad, sus costumbres, organización social y conocimientos tradicionales.

La Defensoría del Pueblo ha señalado demandas relacionadas con establecimientos con pertinencia cultural, ambulancias, infraestructura, personal y atención integral.

La interculturalidad debe ser considerada para la atención de la población, de manera obligatoria en el servicio que se presta.

Asimismo, para tener personal médico o salud, se requieren incentivos económicos y profesionales, vivienda, y facilidades para su desempeño en las atenciones de salud, en localidades remotas.

El INCORE 2026 vuelve a mostrar las profundas diferencias territoriales del Perú.

La anemia infantil constituye un ejemplo contundente, mientras la prevalencia nacional alcanzó 34,9 % en 2025, llegó a 56,1 % en Puno, 45,6 % en Loreto y 44,5 % en Madre de Dios. Estas diferencias no pueden explicarse solamente por la existencia o ausencia de una posta médica. La salud está relacionada con pobreza, alimentación, agua y saneamiento, educación, vivienda, transporte y calidad de los servicios
públicos.

La desigualdad sanitaria es, en consecuencia, una expresión de la desigualdad territorial.

Uno de los mensajes más importantes del INCORE 2026 es que aumentar el gasto no garantiza automáticamente mejores resultados. El Estado puede invertir en infraestructura, equipos y programas, pero si no existen capacidad de gestión, mantenimiento, personal, medicamentos y seguimiento, el resultado puede ser limitado.

La secuencia lógica debería ser:

Si cualquiera de estos eslabones falla, la inversión pierde efectividad.

 

Conclusiones

1. La principal brecha de la salud pública peruana no es solamente la cobertura, sino la capacidad efectiva de atención. Existe una diferencia sustancial entre contar con un establecimiento registrado o construido y disponer de un servicio realmente operativo, resolutivo y accesible.

2. En las zonas rurales, altoandinas y amazónicas, la infraestructura sanitaria debe entenderse como un sistema integral. Una posta médica no funciona adecuadamente si carece de electricidad continua, agua segura, internet, equipos operativos, medicamentos, cadena de frío, personal, mantenimiento y
mecanismos de referencia.

3. La electricidad constituye un componente esencial de la infraestructura sanitaria. Una interrupción eléctrica puede comprometer vacunas, medicamentos, comunicaciones, equipos médicos y servicios de emergencia.

4. La brecha digital se ha convertido en una brecha sanitaria. La insuficiencia de computadoras, conectividad e infraestructura tecnológica limita el acceso a sistemas de información, gestión sanitaria y telemedicina, por lo que debe ser considerada parte de la infraestructura básica de salud

5. La disponibilidad de medicamentos es parte inseparable de la atención médica.
 La ausencia de medicamentos convierte una consulta aparentemente realizada en una atención incompleta.

6. La distribución territorial del personal de salud continúa siendo una de las grandes limitaciones del sistema. La presencia temporal de profesionales mediante el SERUMS ha contribuido a atender zonas rurales, alto andinas y amazónicas, pero no sustituye una política de permanencia y estabilidad.

7. El primer nivel de atención debe cambiar de enfoque. La salud rural no es exclusivamente enfermedades infecciosas, sino también las enfermedades no transmisibles como hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal y cáncer.

8. En localidades rurales, amazónicas y alto andinos de difícil acceso, el transporte sanitario es parte de la atención médica. Una infraestructura adecuada pierde capacidad resolutiva si el paciente no puede ser trasladado oportunamente a un establecimiento de mayor complejidad.

9. La atención de los pueblos indígenas requiere pertinencia cultural e interculturalidad. La barrera no es únicamente geográfica. La lengua, las costumbres, la organización comunitaria y los conocimientos tradicionales pueden determinar la posibilidad de que una persona acceda y confíe en los servicios de salud.

10. Las brechas sanitarias reflejan desigualdades territoriales y sociales más profundas. La salud no puede separarse de la pobreza, alimentación, agua y saneamiento, educación, vivienda, transporte y calidad de los servicios públicos.

11. El desafío de la atención de salud no consiste simplemente en gastar más, sino en lograr que la inversión produzca servicios efectivos.

12. La política pública debe pasar de la lógica de “construir establecimientos” para “garantizar servicios de salud”.

13. La brecha sanitaria exige una política territorial diferenciada. Cada territorio requiere soluciones de infraestructura, energía, transporte, comunicaciones, personal y organización acordes con su geografía y realidad social.

14. Definitivamente el derecho a la salud no se garantiza con la existencia física de una posta médica.

La verdadera brecha del Perú no es solamente cuántos establecimientos tiene, sino cuántos son capaces de salvar, cuidar y mejorar efectivamente la vida de quienes más los necesitan.

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