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OPINIÓN/ La patología de la normalidad: El miedo y la inseguridad se convierten en una forma de vida

Mg. Ing. José Antonio Mansen Bellina

 

De la violencia que mata, a la sociedad que aprende a vivir con miedo

Cuando cursaba el curso de Psicología Social, que dictaba el Psiquiatra Víctor Alba, nos explicaba un concepto interesante de Erich Fromm, sobre que la sociedad puede entender la anormalidad como una situación normal, ahora muchos años después he encontrado el libro “La patología de la normalidad” de Erich Fromm, y lo traigo para evaluar la situación actual de la inseguridad ciudadana desde esta visión.

El Banco de Crédito del Perú acaba de publicar el Reporte de Setiembre 2026, Observatorio del Crimen y la Violencia, que señala que el 85% de la población (22 millones de personas) evita salir después de las 10 de la noche.

En el 2025 se produjeron 1826 homicidios, y el periodo enero / agosto 2026 se han registrado 961 homicidios.

El sicariato y extorsión son hechos de cada día, que afectan mayormente a la población en general, sin distinción económica, ni lugar de residencia, y en los últimos años ha ido incrementándose.

Es un momento particularmente peligroso: cuando aquello que debería provocar indignación comienza a ser considerado normal.

La propia Defensoría del Pueblo señala que la inseguridad ciudadana es un problema que afecta derechos de primer orden y el desarrollo del país.

El problema adquiere una dimensión todavía más profunda cuando el ciudadano empieza a organizar su existencia alrededor del miedo: cambia sus horarios, evita determinados lugares, limita sus actividades, desconfía de desconocidos, modifica sus negocios y enseña a sus hijos a vivir permanentemente alertas.

Para Fromm, el hecho de que un comportamiento sea frecuente dentro de una sociedad no significa necesariamente que sea saludable, porque se ha adaptado a las condiciones existentes que considera “normal”.

Esta situación se refleja en nuestra vida cotidiana, porque se está considerando “normal” que:

• existan asesinatos por encargo;
• las personas sean extorsionadas;
• los comerciantes tengan que pagar cupos para trabajar;
• los transportistas sean amenazados y extorsionados a pagar cupos;
• las familias vivan con miedo;
• los ciudadanos tengan que modificar permanentemente sus hábitos;
• y una parte de la población considere que “nada puede hacerse”

Entonces el problema ya no es solamente criminal, sino también social, político, institucional y psicológico, porque una persona que vive en una ciudad insegura aprende rápidamente determinadas conductas:

• no caminar por determinadas calles;
• guardar el teléfono antes de llegar a un lugar peligroso;
• evitar salir a determinadas horas;
• desconfiar de personas desconocidas;
• instalar cámaras y sistemas de seguridad;
• cambiar rutas;
• evitar exhibir bienes;
• no responder determinadas llamadas;
• enseñar a los hijos reglas de autoprotección.

Individualmente, muchas de estas conductas son racionales, pero si toda una sociedad tiene que desarrollar permanentemente mecanismos de autoprotección, aparece una situación diferente.

La sociedad ya no está simplemente enfrentando el peligro: está siendo organizada por el peligro, allí comienza la patología de la normalidad.

La violencia genera miedo, el miedo obliga a modificar comportamientos, y la repetición de esas conductas produce costumbre, la costumbre genera una percepción de normalidad, y la normalidad disminuye progresivamente la capacidad de indignación.

Entonces escuchamos decir: “Así es la vida; hay que acostumbrarse”, entonces la normalización del miedo produce una nueva forma de violencia, como: el asesinato es violencia, la extorsión es violencia, la amenaza es violencia. Por lo tanto, la inseguridad no solamente amenaza la vida; sino que reduce el espacio efectivo de libertad.

La paradoja de la normalización, cuanto más tiempo vive una sociedad con miedo, más capacidad desarrolla para adaptarse al miedo.

El ciudadano continúa trabajando, los negocios continúan funcionando, los niños han a la escuela o colegio, el transporte continúa operando, la economía sigue produciendo. Desde afuera, la sociedad parece funcionar, pero esta aparente normalidad puede existir, pero la población vive permanentemente en alerta.

Esto es precisamente lo que resalta Erich Fromm: Una sociedad puede funcionar y, al mismo tiempo, estar enferma.

El Estado de derecho frente a la normalización criminal, no puede limitarse a recomendar a los ciudadanos que adopten mayores medidas de seguridad, eso significaría trasladar el costo de la inseguridad, porque termina contratando vigilancia privada; cámaras; alarmas; transporte seguro; seguros; protección empresarial; y sistemas de seguridad.

En conclusión, cuando una sociedad comienza a considerar todo esto como inevitable, la violencia ya no solamente está afuera: comienza a formar parte de la estructura de la vida cotidiana y disminuye la capacidad de indignarse frente a ella.

Ese es el verdadero significado de la patología de la normalidad

Debemos recuperar la tranquilidad y vivir en paz, y exigimos al gobierno que tome acciones para recuperar colectivamente la capacidad de imaginar y construir una sociedad segura, libre y digna.

Un comentario en «OPINIÓN/ La patología de la normalidad: El miedo y la inseguridad se convierten en una forma de vida»

  • El artículo, debe llegar a quienes gobiernan y difundirse entre toda la población. Es muy didáctica y requiere implementación de medidas drásticas

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