La democracia no debe pervertirse y las buenas formas son imprescindibles, pero hemos llegado a un punto en el que, para no pocos, agraviar parece un prerrequisito y que el adalid del modelito se hace llamar “puerquito”.
Un amigo me sugirió usar la abreviatura PIPO para referir al símil entre Pirro y Porky que propuse en mi artículo anterior. He tomado la sugerencia y probablemente use otra parecida para comentar, cuando salga, el resultado de las elecciones en Lima.
Hace unos días, Porky despotricó de la ONPE acusándola sin pruebas de “banda criminal”. Hace menos días subió el tono, se convirtió en fiscal y juez y dictaminó que, si el Jurado Nacional de Elecciones no le entrega las credenciales de Alcalde Metropolitano de Lima, estaría incurriendo en “prevaricato”. Palabras mayores para un señor que sufre de incontinencia verbal y prescinde totalmente de Manuel Antonio Carreño.
Tanto ha sido el exceso que el apocado Presidente del JNE, Roberto Burneo, ha salido a plantarle cara y ha dicho, grosso modo, que nadie presionará al Jurado a tomar una decisión, que aún está pendiente: ¡Amenazas a mí! No olvidemos que la Constitución vigente prohíbe expresamente la reelección de alcaldes {artículo 194°) y gobernadores.
Cuando creíamos que proferir la admonición de “meter el morrocoy” al propio Burneo había rebasado todo lo tolerable, este mofletudo caballero (?) demostró, una vez más, que su grosería llega a límites insospechables. Quién sabe si Dios lo perdone pero los peruanos educados, formados en el respeto, no creo.
Los resultados del escrutinio respecto al nuevo Alcalde de Lima los conoceremos a fines de octubre o a principios de noviembre. PIPO deberá esperar largas noches de insomnio todavía. Apreciaríamos mucho que no se azote. Ya bastante bajo ha caído la campaña.
La democracia no debe pervertirse y las buenas formas son imprescindibles, pero hemos llegado a un punto en el que, para no pocos, agraviar parece un prerrequisito y que el adalid del modelito se hace llamar “puerquito”. Damos por descontado que al MOVADEF (hoy llamado Juntos por el Perú) también le gusta revolcarse en el lodazal. Los extremos siempre tienen cosas en común.
Salgamos de esta trampa y volvamos a hacer política con estilo y buenas maneras. Pero no se trata únicamente de urbanidad, se trata sobre todo de afán por el consenso progresivo. Y para eso hay que retornar a la cultura del argumento. Y del uso productivo de los tiempos.
Y aquí tenemos que aportar todos los que estemos dispuestos a adecentar la política, sean cuales fueren nuestros puntos de vista. Volvamos a cultivar el debate público y la conversación informada. Todos los escenarios son buenos, el aula, el anfiteatro, la radio, la TV, incluso las redes. Y, por si acaso, hay un mercado para eso. Yo diría que no menos del diez por ciento de la ciudadanía desearía tomar esa oferta. Lo importante es contraponer enfoques diversos y aun opuestos, con civilidad.
Que es más trabajoso y menos rentable que la denuncia fácil y apurada o que el insulto gratuito y descalificador, no lo duden pero es cuestión de hacerlo y no dejarse avasallar por la barbarie.