OPINIÓN/ Chinchero y El Frontón: dos monumentos al populismo
Escribe: Alexandre Ridoutt Agnoli

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Ambos repiten un patrón ya clásico de decisiones apresuradas
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En el Perú, los grandes anuncios de infraestructura suelen estar más ligados al rédito político que a una planificación responsable. Dos casos recientes lo demuestran con claridad: el aeropuerto de Chinchero y el proyecto de un penal de máxima seguridad en la isla El Frontón. Ambos repiten un patrón ya clásico de decisiones apresuradas, sin estudios técnicos serios, sin evaluación integral de riesgos y sin un análisis real de sostenibilidad económica.
La política por encima de la técnica
Chinchero fue convertido en bandera electoral con la promesa de ser “el aeropuerto internacional de los cusqueños, capaz de recibir vuelos directos desde Europa y Norteamérica”. Desde un inicio, especialistas advirtieron que por su ubicación a gran altitud y en un entorno geográfico complejo sería INOPERABLE o enfrentaría desafíos operativos y costos adicionales para aerolíneas y pasajeros. Pese a ello, la promesa política se impuso a la prudencia técnica.
Algo similar ocurre con El Frontón. En 2023, un estudio del propio INPE de este mismo gobierno concluyó que construir un penal en la isla no era viable por sus altísimos costos logísticos y operativos. Sin embargo, pocos meses después, un ministro recién estrenado en el cargo lo declaró de un momento a otro “VIABLE” y le asignó un presupuesto millonario. Curiosamente, ese dinero jamás apareció ni estuvo disponible para ampliar o culminar penales ya existentes que llevan años reclamando mejoras.
Los costos ocultos de la improvisación
Ambos proyectos implican riesgos económicos y operativos de largo plazo:
Chinchero: las penalizaciones de performance por la altitud y orografía será declarado INOPERABLE o se encarecerán las operaciones aéreas, reduciendo la competitividad del Cusco frente a otros destinos turísticos.
El Frontón: el abastecimiento permanente de personal, alimentos, energía y materiales desde tierra firme multiplicará los costos y volverá insostenible su operación.
Seguridad aparente, riesgo real
No se trata solo de dinero.
En Chinchero, la falta de estudios rigurosos de seguridad operacional compromete la seguridad de tripulaciones y pasajeros.
En El Frontón, el aislamiento no garantiza mayor seguridad; al contrario, complica logística, evacuaciones médicas, refuerzos ante motines o desastres naturales.
El show político como constante
En el fondo, ambos proyectos son símbolos de espectáculo político.
Chinchero fue vendido como modernidad y progreso para el sur andino.
El Frontón, como emblema de “mano dura” frente a la criminalidad.
En ambos casos, lo técnico quedó subordinado al aplauso fácil y a la popularidad de corto plazo.
Reflexión final
Resulta paradójico que El Frontón se presente como destino para los delincuentes más peligrosos. Con los antecedentes de corrupción, improvisación y traición al interés público que arrastran muchos gobernantes, cabe una ironía inevitable: quizás no pensaban en un penal, sino en un futuro lugar de retiro con vista al mar.
Al fin y al cabo, la puesta del sol en El Frontón con su mar en calma y su horizonte infinito ofrece un escenario mucho más propicio para reflexionar sobre los errores cometidos, que una celda gris y fría en lo alto de Puno o en la ya célebre y exclusiva residencia penitenciaria de Barbadillo.
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