Roberto Sánchez y Jorge Nieto son de los que habrían proclamado “primero los chilenos que Piérola” durante el conflicto que sostuvimos con el vecino del sur en el siglo XIX.
Es necesario dar aliento y conformidad al gesto de los senadores Jorge Gavidia y Juver Flores (Partido del Buen Gobierno), así como de Daniel Barragán, Roger Astucuri y Walter Gago (Movimiento Cívico Obras) de apoyar la delegación de facultades legislativas al Poder Ejecutivo. Actuaron en la línea de lo que debemos denominar un voto de conciencia y no político. Fue coherente con las urgencias nacionales. Expresó el saldo de una reflexión madura, desprendida y honesta.
Porque la alternativa del sabotaje o la actitud chilindrina del otro sector de la oposición senatorial (estimo que estos cinco legisladores seguirán fiscalizando al oficialismo. Jamás aplaudiría que pasen a las filas de Fuerza Popular) era la apuesta por el despeñadero, quitarle dientes a la legítima expectativa del gobierno y de las mayorías nacionales para mitigar lo más posible el efecto del fenómeno del Niño y la siniestra acción del crimen transnacional organizado. Sus argumentos para boicotear a la administración Fujimori constituyeron la manifestación más clara de esas miserias nativas de las que está poblada la historia del Perú. Roberto Sánchez y Jorge Nieto son de los que habrían proclamado “primero los chilenos que Piérola” durante el conflicto que sostuvimos con el vecino del sur en el siglo XIX.
De por medio no estaba otorgarle un triunfo político al Ejecutivo. De por medio hay vidas, hay graves contingencias naturales, hay dolorosas consecuencias que igual vamos a lamentar porque los eventos de la magnitud del Niño Costero (como los terremotos en Japón o los tifones en las costas asiáticas) de todas formas acarrean un costo humano imposible de evitar, sobre todo entre las poblaciones más vulnerables. También con la ofensiva de la extorsión y el sicariato.
Y Sánchez, Nieto, Ruth Luque, Iber Maraví, Humberto Morales, Mirtha Vásquez y demás integrantes del consorcio forajido del Congreso (acompañados de una claque mediática, gracias a Dios ridícula y en decadencia) convirtieron el debate de un asunto trascendental en el juego infantil y frívolo de poner zancadillas, inventar inconsistencias constitucionales y exhibir su esencia resentida, cavernícola, propia de un diván psiquiátrico.
Los grandes derrotados no son, pues, los cinco senadores dignos que se rebelaron esta vez contra acuerdos mezquinos de las bancadas extremistas. Son los que carecen de sangre en las venas y fijan su destino en la pretensión de avanzar destruyendo. El peor de todos, Nieto, como lo advierten aún los que alguna vez lo juzgaron un político viable, inteligente, razonable y con apertura.
Fastidia recordar que cuando fue ministro de Defensa del gobierno derechista de Pedro Pablo Kuczynski y le cupo responder a la emergencia del fenómeno del Niño del 2017, Nieto movilizó una maquinaria de voceros políticos y periodísticos que se alinearon detrás de su lema: “con una sola fuerza”. Hoy no le importan las consecuencias ni posibles muertos. Hoy su lema es: “con un solo disfuerzo” (peruanismo que significa actitud exagerada, afectada o fingida, realizada con gestos, palabras o ademanes para llamar la atención o aparentar algo).
Nieto sentirá los platos que ha roto en la cara, más temprano que tarde.