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OPINIÓN/ El Niño no solo debe resistirse: el Perú debe aprender a aprovecharlo

Escribe: Alberto Carpio Ávila

Lo que falta muchas veces no es información, sino capacidad institucional para transformarla rápidamente en decisiones.

Introducción

Cada cierto número de años, el Perú observa con temor cómo el Océano Pacífico comienza a calentarse y cómo las señales del fenómeno de El Niño  vuelven a aparecer sobre el horizonte. La memoria colectiva recuerda entonces carreteras destruidas, puentes arrasados, ríos desbordados, ciudades inundadas, cultivos perdidos y familias obligadas a abandonar sus viviendas. Naturalmente hay buenas razones para esa preocupación. El Niño puede ser devastador. Pero existe otra pregunta que rara vez formulamos con suficiente seriedad: ¿es posible aprovechar una parte de aquello que normalmente consideramos únicamente una catástrofe?

La respuesta a la pregunta anterior es positiva, aunque condicionada a acciones preventivas y proactivas que no sólo reduzcan el daño, sino que más bien aprovechen las aguas para infiltrarlas en la napa freática.

No se trata, naturalmente, de minimizar el peligro. Una inundación que destruye una vivienda sigue siendo una tragedia; un huaico que interrumpe una carretera sigue representando una amenaza; una epidemia asociada a lluvias y calor sigue exigiendo prevención. Pero el agua que causa esos daños es, al mismo tiempo, el recurso cuya escasez amenaza cada vez más a numerosas regiones del país.

La paradoja peruana resulta difícil de ignorar: durante algunos meses podemos tener demasiada agua y, poco tiempo después, padecer sequía.

El verdadero desafío consiste, por tanto, en aprender a separar ambas cosas: reducir la capacidad destructiva del agua y aumentar nuestra capacidad para conservarla.

El agua que hoy destruimos mañana puede hacernos falta

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Durante los grandes episodios de El Niño, enormes volúmenes de agua descienden desde los Andes hacia la costa. Los ríos aumentan violentamente sus caudales, las quebradas se activan y las precipitaciones convierten paisajes habitualmente secos en extensas superficies inundadas.

Una parte importante de esa agua termina inevitablemente en el océano.

Durante décadas hemos considerado ese proceso casi exclusivamente desde la perspectiva de la emergencia: encauzar, evacuar, reconstruir y reparar. Sin embargo, si sabemos que el agua llegará, también podemos preparar anticipadamente lugares donde almacenarla, desacelerarla o infiltrarla.

La estrategia debería comenzar kilómetros antes de que el agua alcance las ciudades.

En las partes altas de las cuencas pueden construirse y rehabilitarse qochas, pequeñas represas, reservorios, zanjas de infiltración y sistemas tradicionales de siembra y cosecha de agua. Más abajo pueden utilizarse diques permeables, humedales, bosques ribereños y áreas deliberadamente destinadas a inundarse sin causar pérdidas humanas ni económicas significativas.

Finalmente, en las zonas costeras, parte de las avenidas extraordinarias podría conducirse hacia áreas geológicamente adecuadas para la recarga de acuíferos.

El principio es sencillo: cuando no podemos impedir que llegue una enorme cantidad de agua, debemos impedir que toda ella pase rápidamente frente a nosotros.

Desacelerar el agua

Una de las ideas más importantes para enfrentar El Niño consiste en comprender que el peligro no depende únicamente de cuánta agua existe, sino también de la velocidad con que se concentra y desciende por una cuenca.

Un territorio deforestado, erosionado o impermeabilizado evacúa rápidamente la lluvia. El agua se concentra, acelera y aumenta su capacidad destructiva.

Un territorio cubierto de vegetación, humedales, terrazas, pequeñas presas y zonas de infiltración hace exactamente lo contrario: retiene, dispersa y desacelera el agua.

Esta diferencia puede determinar que una lluvia intensa termine convirtiéndose en una avenida devastadora o en una oportunidad parcial de recarga.

El Perú posee, además, una ventaja histórica excepcional. Mucho antes de que existiera la ingeniería hidráulica moderna, las sociedades andinas habían comprendido principios semejantes.

Las amunas, qochas, andenes, bofedales y canales de infiltración constituyen distintas expresiones de una misma idea: guardar el agua cuando existe para disponer de ella cuando falta.

No deberíamos considerar esas tecnologías como reliquias arqueológicas. Pueden combinarse con sensores, modelos hidrológicos, imágenes satelitales, estaciones meteorológicas y obras modernas de ingeniería.

Recargar los acuíferos de la costa

La oportunidad quizá más importante se encuentra bajo nuestros pies. Muchas ciudades y zonas agrícolas de la costa dependen parcialmente de acuíferos subterráneos. Algunos están sometidos desde hace décadas a una extracción intensa.

Ica constituye probablemente el ejemplo más conocido, pero el problema está presente en distintas partes de la costa.

Cuando El Niño produce caudales extraordinarios, surge una oportunidad poco frecuente: utilizar parte de esos excedentes para incrementar la infiltración hacia los acuíferos.

La técnica no es experimental. La recarga gestionada de acuíferos se utiliza internacionalmente mediante balsas de infiltración, lechos permeables, canales, pozos de recarga y utilización controlada de cauces.

Naturalmente, no cualquier lugar sirve para infiltrar agua. Se necesitan estudios hidrogeológicos que determinen la permeabilidad del suelo, la profundidad del acuífero, su capacidad disponible y la calidad del agua.

Pero esos estudios deberían realizarse antes de que comiencen las grandes lluvias.

No tendría sentido descubrir, después de la emergencia, dónde habría sido posible almacenar el agua que acabamos de perder.

Convertir las quebradas en sistemas de protección y captación

Las quebradas secas representan uno de los mayores peligros durante episodios intensos de precipitación.

Con frecuencia parecen inofensivas durante años. Se construyen viviendas, almacenes, carreteras o instalaciones sobre sus cauces o abanicos aluviales. Cuando regresan las lluvias excepcionales, la naturaleza recupera abruptamente esos espacios.

La primera regla debería ser respetar las quebradas.

Pero existen también posibilidades de intervención aguas arriba: estructuras de retención de sedimentos, diques permeables, pequeños reservorios, zonas de expansión controlada y sistemas escalonados capaces de disminuir la energía del flujo.

No todas las quebradas pueden convertirse en reservorios. Algunas deben simplemente mantenerse libres para conducir de manera segura el agua.

Sin embargo, en muchas cuencas puede diseñarse un sistema combinado: retener parte, infiltrar parte y conducir de manera segura aquello que necesariamente tendrá que seguir su camino hacia el mar.

El Niño como gran operación de almacenamiento nacional

El Perú debería abandonar la idea de que la respuesta a El Niño comienza cuando empiezan las lluvias.

Para entonces gran parte de la batalla ya está decidida.

La verdadera preparación debería comenzar meses antes identificando cuánto almacenamiento disponible existe en cada cuenca.

Reservorios grandes y pequeños, lagunas reguladas, qochas, humedales, depresiones naturales, canteras abandonadas, áreas de inundación temporal y acuíferos deberían formar parte de un inventario nacional.

Podría conocerse prácticamente en tiempo real qué lugares tienen capacidad para recibir agua adicional.

Cuando las lluvias comenzaran, la gestión dejaría de ser improvisada.

En lugar de preguntar únicamente: “¿Por dónde sacamos el agua?”, podríamos preguntar también: “¿Dónde podemos guardarla?”

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Existe otra posibilidad: utilizar determinadas tierras como áreas de expansión temporal de los ríos.

En algunos países se reconoce que resulta imposible contener todas las crecidas mediante muros y defensas. En lugar de elevar indefinidamente los diques, se permite que determinadas zonas previamente seleccionadas reciban temporalmente parte del exceso de agua.

Naturalmente, esto exige planificación territorial, compensaciones y acuerdos con propietarios.

Pero puede reducir considerablemente la presión sobre ciudades y poblaciones ubicadas aguas abajo.

Una hectárea inundada deliberadamente durante algunos días puede ser preferible a miles de viviendas inundadas inesperadamente.

Además, algunas de estas áreas pueden actuar simultáneamente como zonas de infiltración.

Recuperar bosques, humedales y ecosistemas

No toda infraestructura hídrica necesita cemento.

Los bosques en las cabeceras de cuenca, los bofedales altoandinos, los humedales, los pajonales y la vegetación ribereña cumplen funciones hidráulicas fundamentales.

Retienen agua, reducen erosión, estabilizan suelos y regulan la velocidad de escorrentía.

Un programa nacional de preparación frente a El Niño debería considerar estas áreas como verdadera infraestructura.

Podríamos hablar incluso de infraestructura natural de regulación hídrica.

Cada hectárea restaurada en una cabecera de cuenca puede contribuir, en diferente medida, a disminuir la velocidad con que el agua llega aguas abajo.

Aprovechar los sedimentos

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Las grandes avenidas no transportan únicamente agua. Transportan también sedimentos.

En determinadas circunstancias esos sedimentos representan un problema porque colmatan canales, reservorios y puentes. Pero correctamente

El Niño no solo debe resistirse: el Perú debe aprender a aprovecharlo gestionados pueden convertirse en recursos para recuperación de suelos, rellenos controlados, rehabilitación de áreas erosionadas y eventualmente determinados usos constructivos, siempre que sus características sean adecuadas.

El problema no consiste simplemente en retirar sedimentos, sino en determinar qué hacer con ellos.

La economía circular también puede comenzar después de una inundación.

Una oportunidad para modernizar el país

El Niño puede convertirse además en una enorme prueba de funcionamiento del Estado.

Las cuencas hidrográficas no respetan límites distritales, provinciales ni regionales. Un problema que comienza en la sierra puede terminar destruyendo un puente en la costa cientos de kilómetros después.

Por ello, la planificación debería hacerse por cuencas y no exclusivamente por jurisdicciones políticas.

Meteorología, hidrología, agricultura, transportes, vivienda, energía, salud, gobiernos regionales, municipios y Fuerzas Armadas necesitan trabajar sobre una misma información.

Podría desarrollarse un verdadero centro nacional de gestión de crecidas capaz de integrar radares meteorológicos, estaciones hidrométricas, satélites, pronósticos, niveles de reservorios y mapas de riesgo.

La tecnología actualmente permite conocer con creciente precisión dónde está lloviendo, cuánto está aumentando un río y qué poblaciones se encuentran aguas abajo.

Lo que falta muchas veces no es información, sino capacidad institucional para transformarla rápidamente en decisiones.

No reconstruir exactamente lo mismo

Después de cada desastre aparece una palabra inevitable: reconstrucción.

Pero reconstruir exactamente aquello que el agua acaba de destruir puede significar simplemente preparar la próxima destrucción.  Una carretera arrasada repetidamente debería reconsiderar su trazado.

Un puente insuficiente debería redimensionarse.

Una vivienda construida dentro de una quebrada no debería volver a levantarse en el mismo lugar.

Un sistema de drenaje incapaz de soportar las nuevas condiciones climáticas debería ser rediseñado.

Cada desastre contiene información.

La tragedia consiste en no tener la capacidad para aprender de ella.

El Niño también puede significar seguridad hídrica

Si un gran episodio de El Niño deja millones de metros cúbicos adicionales almacenados en reservorios, lagunas y acuíferos, el país podría enfrentar con mejores condiciones los años secos siguientes.

El agua almacenada podría beneficiar posteriormente a ciudades, agricultura, generación hidroeléctrica y ecosistemas.

El Niño dejaría entonces de ser únicamente una secuencia de pérdidas y comenzaría también a producir una reserva estratégica.

Esto adquiere todavía mayor importancia en un mundo donde el cambio climático incrementa la irregularidad hidrológica.

Quizá el futuro no se caracterice únicamente por tener menos agua.

Podría caracterizarse por algo mucho más difícil de administrar: tener demasiada agua cuando no la necesitamos y demasiado poca cuando resulta indispensable.

La respuesta será aumentar nuestra capacidad de almacenar.

De la defensa a la gestión

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El Perú necesita cambiar su relación con El Niño.

Durante demasiado tiempo hemos esperado las lluvias, declarado emergencias, movilizado maquinaria, reconstruido carreteras y contabilizado pérdidas.

Eso seguirá siendo necesario en determinadas circunstancias.

Pero no es suficiente.

Una estrategia moderna debería trabajar simultáneamente sobre cuatro verbos: proteger, desacelerar, infiltrar y almacenar.

Proteger personas e infraestructura.

Desacelerar las avenidas antes de que alcancen las ciudades.

Infiltrar agua hacia los acuíferos donde las condiciones hidrogeológicas lo permitan.

Y almacenar todo volumen razonablemente aprovechable para los meses y años posteriores.

Entonces podría comenzar a producirse una transformación conceptual importante. El Niño dejaría de ser visto únicamente como un enemigo periódico que llega desde el Pacífico.

Pasaría a comprenderse como un fenómeno natural extremo cuyo poder destructivo debemos reducir, pero cuya abundancia temporal de agua también debemos aprender a utilizar.

Porque quizá uno de los mayores errores que puede cometer un país sometido periódicamente a sequías sea permitir que, cuando finalmente llega el agua en abundancia, toda ella corra frente a sus ojos hasta perderse en el océano.


El verdadero desafío nacional no consiste en detener El Niño. Eso es imposible.

Consiste en lograr que, después de que pase, el Perú no tenga únicamente carreteras reconstruidas y estadísticas de daños.

Debería tener también reservorios llenos, acuíferos recuperados, cuencas restauradas, ciudades mejor protegidas y una reserva de agua capaz de sostener los años que vendrán.

Entonces habremos dejado de combatir solamente las consecuencias de El Niño.

Habremos comenzado, finalmente, a aprender de él.

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