Hace dos mil años Aristóteles preguntaba «¿cuál es la esencia de la vida?» y respondía «servir a otros y hacer el bien». Ese camino debe seguirse.
Ayer, mi esposa Marilú de Cossio, recibió un cálido homenaje por el Día de la Madre en una alegre y emotiva ceremonia realizada en el Instituto Mundo Libre, ONG humanitaria fundada y presidida por ella.
Viendo las imágenes de las niñas cantando, bailando, recitando poemas y compartiendo una apetitosa torta, sentí orgullo por la extraordinaria labor que despliega desde hace cuatro décadas con el propósito de salvar vidas.
El Instituto, en efecto, sin ningún apoyo económico o logístico de un Estado indolente, ha recogido de las calles a centenares de criaturas pobres, desamparadas por sus familiares, que deambulaban en parques y avenidas, durmiendo en covachas, en precarias construcciones, plazas públicas o vehículos chatarreados, completamente desprotegidas, a pesar que el artículo 4 de nuestra Constitución establece, mandatoriaamente, que «la comunidad y el Estado protegen especialmente al niño, al adolescente, a la madre y al anciano, en situación de abandono».
Ante esta clamorosa indiferencia, muchos de ellos se convierten en consumidores de drogas, especialmente de terokal y pasta básica de cocaína, derivando también hacia la delincuencia. Tocando puertas, Marilú logró el apoyo de instituciones y personas caritativas que permitieron que cuente con un local propio para atender y rehabilitar a esos menores. Ahora su local cuenta con psiquiatras, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, además de un colegio con valor oficial y siete talleres formativos, de manualidades, cómputo, carpintería, cerámica, velas, tejido y deportes.
Está labor ha sido reconocida internacionalmente y por ello recibió en Washington el Premio de Humanitarismo de la Fundación Panamericana para el Desarrollo; el Premio 2001 de las Naciones Unidas a la Sociedad Civil; la Orden de Cavalieri del Gobierno de Italia. Asimismo, en el Perú, la Medalla de Lima y la Medalla de Honor del Congreso de la República en el Grado de Gran Oficial.
Su proyecto de rehabilitación de drogas es considerado un modelo que se aplica en diversos países. Es interesante constatar que docenas de esos menores hoy son abogados, ingenieros, agentes policiales y cuentan con prósperos negocios que les permiten sustentar a sus familias y vivir dignamente.
Hace dos mil años Aristóteles preguntaba «¿cuál es la esencia de la vida?» y respondía «servir a otros y hacer el bien». Ese camino debe seguirse.