Hoy, el título obtenido por un aplicado Luis de la Fuente es la consecuencia de esta historia de éxito y sacrificio. El técnico ha sabido hacer evolucionar el modelo tradicional al añadir verticalidad, velocidad en las transiciones y un despliegue defensivo impecable
Recuerdo que el primer libro de fútbol que leí en mi vida fue uno del extinto periodista deportivo peruano Ricardo Miranda Tarrillo. Era una edición publicada sobre los mundiales un poco antes de la histórica clasificación del Perú a México 70, aquella gesta en la que la blanquirroja eliminó nada menos que a Argentina. A partir de entonces, la albiceleste nunca más dejó de participar en un Mundial: lo ganó tres veces, en 1978, 1986 y 2022, y obtuvo varios subcampeonatos, en 1930, 1990, 2014 y el reciente de 2026.
En aquel viejo libro se hacía referencia a España y se anotaba que, hasta la fecha, si había un país con mala suerte en las Copas del Mundo, ese era el combinado ibérico. No les faltaba razón a quienes así opinaban: España no era protagonista ni lo fue hasta que campeonó en Sudáfrica 2010.
Pero ¿Qué hizo que una selección a la que históricamente solo le atribuían garra y coraje —“la furia española”, le decían— llegara a ser una potencia mundial del balompié? El responsable de iniciarlo todo fue el legendario entrenador neerlandés Rinus Michels, el mismísimo creador del revolucionario “fútbol total” de la “Naranja Mecánica”, aquella selección subcampeona mundial en Alemania 1974. Michels llegó al Barcelona en 1971 y, con él, arribaron las ideas que modificaron el juego mediocre y aletargado del futbolista español.
Luego, su más destacado pupilo, Johan Cruyff —astro del Ajax y, posteriormente, del Barcelona—, siguió la huella de su mentor desde el banquillo. Toda la filosofía de Michels, perfeccionada por Cruyff y posteriormente sublimada por Pep Guardiola, se convirtió en la columna vertebral de la selección española.
Mención ineludible merece el histórico Luis Aragonés, quien sentó las bases de la personalidad del futbolista español al eliminar los complejos históricos, así como Vicente del Bosque, quien gestionó de forma magistral el vestuario para conquistar el Mundial de 2010, uniendo los bloques del Barcelona y del Real Madrid.
Hoy, el título obtenido por un aplicado Luis de la Fuente es la consecuencia de esta historia de éxito y sacrificio. El técnico ha sabido hacer evolucionar el modelo tradicional al añadir verticalidad, velocidad en las transiciones y un despliegue defensivo impecable, permitiendo solo un gol en todo el torneo de 2026. Con este registro, España batió el récord histórico de menor cantidad de goles encajados por un equipo campeón del mundo.
Por lo tanto, no es casualidad que España haya obtenido su segunda corona en una final en la que dominó todo el encuentro, ahogando a una desconocida Argentina, que nunca supo encontrar el camino hacia el área rival.
No podemos dejar de reconocer la esforzada campaña argentina, que, a base de temple, técnica individual y corazón, supo remontar tres marcadores adversos en las instancias previas. Sin embargo, el desenlace de esta Copa del Mundo nos deja una lección clara: no se puede ser campeón del mundo solo con coraje y pundonor ni esperando que tu indiscutible estrella, Lionel Messi, tenga un día inspirado.
Un justo y merecido campeón. Ahora solo queda esperar cuatro años más para vivir las emociones que solo un Mundial nos puede proporcionar.