La diplomacia marroquí avanza en el Sáhara mientras Lima mantiene pendiente la concreción de una posición anunciada por Keiko Fujimori
La diplomacia marroquí vuelve a ganar espacio en Naciones Unidas. En el marco de la 81.ª Asamblea General de la ONU, Marruecos intensifica sus contactos bilaterales y obtiene nuevas expresiones de respaldo a su soberanía sobre el Sáhara y a su Plan de Autonomía, presentado en 2007.
La pregunta que surge en Lima es inevitable: ¿Qué hará el Perú?
No se trata de una interrogante menor ni de un asunto ajeno a nuestra política exterior. El Perú ya ha recorrido una parte importante del camino. En julio pasado, cuando aún era presidenta electa, Keiko Fujimori recibió al embajador de Marruecos, Amín Chaoudri, y manifestó que el próximo Gobierno respaldaría la integridad territorial del Reino de Marruecos y su soberanía sobre sus provincias del sur. Asimismo, expresó su adhesión a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Aquella declaración tuvo particular importancia porque significó una definición política del futuro Gobierno peruano sobre un asunto que Rabat considera estratégico.
Ahora bien, una declaración política y una posición oficial de Estado no son exactamente lo mismo. La cuestión que queda pendiente es saber cuándo y cómo esa voluntad anunciada por la presidenta Fujimori se traducirá en una política exterior formal del Perú.
Un escenario internacional que se mueve
Marruecos no ha permanecido inmóvil.
Durante la actual Asamblea General de la ONU, el canciller Nasser Bourita ha desplegado una intensa actividad diplomática en Nueva York. El 22 de septiembre se informó de nuevas reuniones y declaraciones de respaldo a la soberanía marroquí y al Plan de Autonomía. Entre ellas figura el encuentro con el canciller de Panamá y otros contactos destinados a consolidar apoyos internacionales.
El movimiento diplomático se produce sobre un terreno internacional que también ha cambiado. El Consejo de Seguridad aprobó en octubre de 2025 la Resolución 2797, que prorrogó el mandato de la MINURSO hasta octubre de 2026. El documento fue aprobado con 11 votos a favor, ninguno en contra y tres abstenciones.
En el debate posterior a la votación, Francia afirmó que el futuro del Sáhara Occidental se encuentra dentro del marco de la soberanía marroquí y que su apoyo a la autonomía bajo soberanía de Marruecos es claro. Estados Unidos, por su parte, destacó el impulso que la resolución puede proporcionar al proceso político.
Es decir, el escenario diplomático internacional no permanece estático.
Perú ya dio un paso importante
Hay además un antecedente peruano que no puede ser ignorado.
En agosto de 2022, el Gobierno peruano anunció oficialmente el retiro del reconocimiento a la fantoche República Árabe Saharaui Democrática y la ruptura de relaciones con esa entidad ficticia. En aquel comunicado, la Cancillería señaló que el Perú valoraba y respetaba la integridad territorial del Reino de Marruecos, su soberanía nacional y el Plan de Autonomía como parte de la búsqueda de una solución al diferendo. Valiente e histórica decisión del canciller de entonces Miguel Ángel Rodríguez Mackay.
Por tanto, no se estaría partiendo de cero.
La posición anunciada por Fujimori en julio de 2026 podría ser vista como una continuidad y profundización de aquella orientación, pero con una diferencia política importante: la nueva administración expresó explícitamente su respaldo a la Resolución 2797 y al Plan de Autonomía.
La pregunta para Torre Tagle
Aquí aparece la pregunta que corresponde formular, no solamente a la Presidencia de la República sino también a la Cancillería: la presidenta Keiko Fujimori manifestó, antes de asumir el cargo, su respaldo a la integridad territorial de Marruecos y a la Resolución 2797, ¿Cuándo piensa el Perú convertir esa voluntad política en una posición oficial y plenamente desarrollada de su política exterior?
La pregunta cobra mayor relevancia precisamente ahora, cuando la diplomacia marroquí está trabajando intensamente en Nueva York y otros países latinoamericanos y centroamericanos han venido definiendo sus respectivas posiciones.
No se trata de seguir automáticamente a Marruecos ni a ningún otro país. Se trata de determinar cuál es la posición que el Perú considera coherente con sus principios de política exterior, sus intereses nacionales y su relación bilateral con Rabat, y comunicarla con claridad.
Además, existen intereses concretos detrás de la relación.
Marruecos y Perú mantienen relaciones diplomáticas desde 1964 y en los últimos años han buscado ampliar la cooperación comercial, económica, agrícola, educativa y de inversiones. La propia comunicación de 2022 planteó una hoja de ruta multisectorial para profundizar esos vínculos.
¿Por qué esperar?
La diplomacia también consiste en saber aprovechar los momentos.
Si la presidenta Fujimori ya expresó una voluntad política sobre el asunto, corresponde conocer si esa posición será incorporada formalmente a la política exterior del Estado peruano y cuáles serán sus alcances.
Y hay otra consideración: la política exterior no debería limitarse a reaccionar ante los acontecimientos. También debe anticiparse a ellos.
Marruecos está haciendo precisamente eso. Mientras su cancillería multiplica reuniones en Nueva York, Rabat procura consolidar relaciones políticas, económicas y estratégicas con América Latina, África, Europa y el mundo árabe.
El Perú tiene una oportunidad para definir qué papel quiere desempeñar en esa nueva dinámica.
La pregunta, entonces, queda abierta para Torre Tagle: ¿por qué el Perú no avanza en la misma dirección que la voluntad política expresada por su propia presidenta?
Keiko Fujimori ya manifestó públicamente su posición cuando era presidenta electa. Ahora corresponde saber si aquella declaración se convertirá en política de Estado, acción diplomática y resultados concretos.
Porque en diplomacia, como en tantas cosas, las palabras abren las puertas. Son los actos los que demuestran hasta dónde existe realmente una voluntad política.