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OPINIÓN/ Talento ausente

NO ATRACO

Por: Elmer Barrio de Mendoza

Sincerar la propia postura debe ser una obligación de la hora actual. Los que quieren vivir en democracia que lo dejen claro y los que quieren hacerla estallar, también. No nos dejemos engatusar.

La situación política del país continúa enrarecida. La precaria victoria del gobierno en la Comisión de Constitución del Senado en la obtención de siete facultades adicionales a las veinte que, a duras penas, le otorgó la Cámara de Diputados, se confirmó largamente en el pleno de la Cámara de Senadores (35-18-6).

La oposición muestra fisuras e inconductas frente al Ejecutivo y el gobierno inhabilidad en el trato con el Parlamento.

La percepción social, según las últimas encuestas, parece favorecer al oficialismo y sancionar a la oposición, pero eso puede cambiar en algún momento, sobre todo si los movadefos logran aprovechar las calles para generar algún espacio de violencia. Ante esa eventual contingencia, la sociedad debería tener una actitud clara: toda discrepancia, toda protesta legítima debe ser tolerada e incluso alentada y resuelta por las vías democráticas, lo que no se puede permitir es la violencia y mucho menos la violencia sistemática.

Un tema importante es la coherencia. En un notable y oportuno artículo, “La seguridad ciudadana no tiene ideología” (https://www.puntodeencuentro.pe/columna.html?id=7652), Fernando Rodríguez Patrón demuestra la total inconsistencia de Juntos por el Perú al rechazar en bloque todas las facultades legislativas solicitadas por el gobierno, cuando hay doce potenciales coincidencias en el tema de seguridad en los Planes de Gobierno de Juntos por el Perú y Fuerza Popular para el período 2026-2031. Incluso en ambos planes hay tres puntos de indiscutible similitud referidos a:

1. Un Sistema Nacional Integrado de Investigación Criminal, literalmente con el mismo nombre y cuyo contenido es casi idéntico.

2. El seguimiento de los recursos económicos de la criminalidad, cuyos mecanismos son brevemente diferentes pero convergentes en el propósito y métodos.

3. La intervención de las telecomunicaciones de las organizaciones criminales y la geolocalización de sus integrantes. El objetivo es indudablemente el mismo y sus instrumentos operativos, por lo menos complementarios.

La pregunta que se hace Rodríguez cae por su propio peso: ¿Cómo Juntos por el Perú pudo oponerse en bloque a otorgar facultades al Ejecutivo si existen al menos estas tres claras coincidencias, con las que JxP dice estar de acuerdo?

Curiosamente el punto del Sistema Nacional Integrado de Investigación Criminal, que debió haber sido materia de unanimidad, fue desechado en Diputados.

Obviamente, la contradicción golpea el ojo menos avisado y nos permite volver a nuestro tema. ¿Hay interés en alcanzar consenso en algo y facilitar la acción conjunta del Estado de aquí a 2031 o no? Descartemos a la bancada del Movadef porque ellos sólo tienen interés en destruir el Estado Democrático y continuar con su estrategia de toma del poder, para la que el escenario parlamentario sólo es un espacio de acumulación de fuerzas y de agudización de las contradicciones sociales (un recodo en el camino, lo llamó Abimael), que no es el más importante para ellos porque están en otra lógica: la guerra popular prolongada.

Tal parece que el resto de parlamentarios de Juntos por el Perú está jugando el papel de perrito faldero del Movadef e igualmente algunos congresistas del Buen Gobierno y de Ahora Nación. Esto ha motivado ya rebeldías puntuales y no es absurdo prever que serán cada vez más. Esto demuestra la carencia de talento en la oposición que, habiendo alcanzado la unidad circunstancial hace tres meses, no tiene la capacidad de conservarla, ni la dotación argumental para irla extendiendo.

En el otro plato de la balanza, está el gobierno y su lentísimo aprendizaje. Cuesta sin duda adaptarse a ser gobierno tras veinte años de ser únicamente oposición. Las competencias necesarias son otras y más finas. Y tampoco las hay.

Pero no hay tiempo. La delincuencia desbordada está jugando su sobrevivencia y peleando con uñas y dientes, con pistolas y fusiles, extorsionando, robando y matando. Necesita establecer control territorial en detrimento del Estado y el Estado, impedirlo a toda costa. La inminencia de El Niño, sea cual fuera su magnitud, es demasiado obvia para tener que ser demostrada. “Malos tiempos corren -decía Brecht- cuando hay que demostrar lo evidente”.

La ausencia de talento es, por tanto, un problema gravísimo y va más allá de la simple confrontación porque es evidente que en muchos casos ese aparente enfrentamiento oculta intereses tenebrosos. ¿Quiénes quieren que la criminalidad persista y se acreciente? ¿Quiénes quieren que El Niño asole inevitablemente el territorio nacional? Probablemente muy pocos, probablemente sólo los movadefos y afines. Lo demás es pura incompetencia, que comparten gobierno y oposición.

El gobierno no debe llorar, debe gobernar con los instrumentos que tiene, así sean pocos, así sean insuficientes. La oposición debe confrontar en aquello que es desacuerdo real pero debe también encontrar espacios de consenso (y de acción común) allí donde la intersección es posible. No es tan difícil de entender.

Invocar tolerancia y modales democráticos ya parece un saludo a la bandera. Porque el perfil de los actores está claro. Sincerar la propia postura debe ser una obligación de la hora actual. Los que quieren vivir en democracia que lo dejen claro y los que quieren hacerla estallar, también. No nos dejemos engatusar.

A partir de esto, discrepemos… pero no nos suicidemos.

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