Vale la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿qué está debilitando nuestros valores? ¿o será que vivimos a mil por hora en modo automático, dejando de lado la amabilidad y el carisma que también nos caracterizan?
Desde mi ventana llamada “Servicio al Cliente”, me gustaría tender un puente que genere confianza, respeto y sentido de comunidad. Lo siento necesario, porque la falta de conexión humana se está respirando en el ambiente.
Como sociedad estamos más distantes y muchas veces también más agresivos. Se nota en como escribimos, como hablamos, como caminamos, como manejamos…incluso en cómo juzgamos.
Vale la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿Qué está debilitando nuestros valores? ¿o será que vivimos a mil por hora en modo automático, dejando de lado la amabilidad y el carisma que también nos caracterizan?
El cansancio emocional, mental e incluso económico puede tenernos saturados, nos cuesta ser pacientes, comprensivos, cercanos. Es válido practicar el autocuidado, es sano decir «yo primero» siempre que ese «yo primero» no ignore ni dañe al otro.
Hoy estamos hiperconectados- gracias a eso estás leyendo este artículo- pero poco vinculados. Y aquí es donde quiero relacionarlo directamente al
SERVICIO AL CLIENTE.
El servicio al cliente no es solo un área, no es solo una transacción, en realidad es uno de los espacios donde practicamos ser humanos sencillos. Las personas que atienden personas también están viviendo su propia historia, tienen preocupaciones, están cansadas, y en la mayoría de los casos, están haciendo lo mejor que pueden con lo que tienen.
¿Qué pasaría si apostáramos por recuperar nuestra conexión humana?siento que la vida se nos facilitaría en todo sentido. De esto conversé esta mañana con mi amiga Isabel y hace poco compartía con mis alumnos un ejemplo que muestra esto claramente.
Se trata de una ambulancia intentando avanzar en medio del tráfico caótico, su urgencia es evidente (la circulina no deja de sonar) y aun así no todos reaccionan para darle el paso, aunque podrían hacerlo. Si estoy en su camino tengan por seguro que me detendré para ayudarlos.
Ese pequeño gesto puede marcar una diferencia enorme, lo mismo ocurre en cada interacción cotidiana. Podemos elegir pensar en el prójimo, podemos elegir dar el ejemplo, podemos elegir ser buenas personas, incluso en medio del cansancio.