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OPINIÓN/ ¿Sos un loco bueno?

Escribe: Ricardo Vásquez Kunze

Ricardo Vásquez Kunze (@rvasquezkunze) • Facebook

Si un líder no tiene control sobre sí mismo, menos va a tener control sobre los demás a no ser que vaya por el camino de la aplanadora del despotismo que es lo único que puede sostener a un loco como Calígula o Nerón.

Según las últimas encuestas el candidato puntero Rafael López Aliaga ha bajado sustantivamente en su intención de voto. Esto justo después de que promoviera la salida del expresidente Jerì por convicciones morales dice, sin medir las nefastas consecuencias políticas que ello ha traído consigo con un comunista octogenario en la presidencia a escasas semanas de los comicios. Porky, como se hace llamar cariñosamente RLA, empieza a despertar suspicacias entre su propio electorado, pues no sólo no asume ninguna responsabilidad sobre sus actos, sino que, además, se le ve desvariar desorbitadamente dando una imagen de poca cordura emocional y racional.

Su equipo de campaña ha avisado el golpe y en las redes sociales veo cómo se quiere vender su alterado estado de ánimo como un compromiso indignado contra la corrupción, comparándolo en sus maneras con Milei y Trump. Pero hay una diferencia. Tanto Milei como Trump guardan, más allá de las formas destempladas, coherencia en sus discursos. Trump con la inmigración ilegal, Milei sobre la economía; pero Porky no tiene norte, ni un tema concreto que vender. Últimamente su electorado se queda cada vez más perplejo porque nota que dice literalmente lo que se le pasa por la cabeza y un líder cucú e impredecible es lo que menos necesitamos para los próximos cinco años.

Sobre todo, si a esto hay que añadir un entorno de fanatismo religioso que no atempera para nada los ímpetus desenfrenados de RLA y su entorno. Eso asusta. No da confianza ni al grande ni al pequeño y que su equipo trate de justificar sus exabruptos e insultos con la firmeza de un líder no funciona. Si un líder no tiene control sobre sí mismo, menos va a tener control sobre los demás a no ser que vaya por el camino de la aplanadora del despotismo que es lo único que puede sostener a un loco como Calígula o Nerón. Por supuesto nada de esto servirá si el candidato es ajeno a los consejos y se cree predestinado a gobernar el país por una revelación divina. Si esto es así, estamos en presencia de un loco, y en política no hay, como en la canción, loco bueno.


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